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Las plataformas revolucionan la industria del cine

La irrupción de Netflix, Movistar o HBO en la producción y distribución genera nuevos retos para el sector

Escena de «Elisa y Marcela», la película de Isabel Coixet para Netflix
Escena de «Elisa y Marcela», la película de Isabel Coixet para Netflix - ABC
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Todo empezó hace dos años, el 13 de abril de 2017, y fue una pequeña ola que derivó en tsunami: el festival de Cannes anunciaba con orgullo que incluía dos películas de Netflix en su sección oficial por primera vez en su historia. Aquella tarde, la decisión del certamen no pasaba de la categoría de anécdota para la prensa, hasta que a la mañana siguiente la federación de cines de Francia publicó una dura carta contra una novedad que ponía en riesgo la forma tradicional de consumir cine.

Y como nada gusta más a los medios que una polémica, durante estos años la discusión entre dos formas de entender el negocio encontró un altavoz sin parangón. Pero bajo el ruido de sables, la realidad es que la industria ya ha cambiado para siempre. El debate no está en si se ven las películas en una pantalla u otra, sino en quién y cómo se hacen. La irrupción de Netflix, Movistar y HBO en el audiovisual español, o lo que es lo mismo, la llegada de nuevo capital privado, ha transformado el mercado de trabajo de uno de los sectores más inestables.

«Las plataformas y las televisiones están transformando, han transformado ya, la forma de ver cine. Y también están transformando nuestro mercado laboral». La frase del presidente de la Academia de Cine, Mariano Barroso, es tan clarividente como potente era el contexto en el que la dijo, los premios Goya. «Hay mucho más movimiento que hace dos años y mucho dinero, mucho capital privado que se está invirtiendo. No solo las producciones nacionales, sino las que vienen a rodarse aquí, y esto genera trabajo, que es lo más importante para el sector”» ratifica veinte días después de aquel discurso en una conversación con ABC, al teléfono, mientras trabaja en su nueva serie para Movistar, «La línea invisible», y cuenta que hace unas horas hizo una videoconferencia con un productor de Netflix para preparar el rodaje de «Criminal», una nueva serie internacional en la que Barroso dirigirá tres episodios. «Toda esta inversión nunca es suficiente porque sigue habiendo inseguridad, que es algo inherente a nuestro trabajo», apostilla, restando algo de entusiasmo.

«Es verdad que hay más trabajo, pero no está repercutiendo en los sueldos», responde Borja Cobeaga, presidente de DAMA, la entidad de gestión de los derechos audiovisuales que los cineastas crearon para escapar de la SGAE. «Se está produciendo mucho, pero ese libre mercado, esa competencia, no está subiendo los salarios. Con la crisis cayeron los precios y no se ha vuelto a lo de antes», ratifica el director y guionista de películas como «No controles» o «Fe de etarras», esta última para Netflix. Hay tanto trabajo que «es difícil encontrar equipos técnicos libres». «Se está trabajando muchísimo en series y en cine, y eso es positivo. No hay muchos sectores ahora mismo donde sea difícil encontrar trabajadores. Es muy positivo», revela José María Morales, presidente y fundador hace casi 30 años de Wanda Films, una productora y distribuidora que llegó a estar nominada para los Oscar con «La teta asustada».

Porque el cine y las series no son solo los actores y los directores. No habría nada sin los técnicos. Cámaras, sonidistas, pertiguistas, equipo de producción, figurinistas, decoradores… Gente que navega entre las películas y las producciones para las pequeñas pantallas sin más pretensiones que hacer el mejor trabajo posible y pagar las facturas. «Es normal diversificar el trabajo, porque hay que vivir de esto, que no es más que un trabajo», relata a ABC el actor y cómico Julián López, que se forjó en la tele antes de dar el paso al cine. «En una industria como la española, que es pequeña, que haya creadores que escriben y dirigen para ambas pantallas, es enriquecedor», asegura el protagonista de «Perdiendo el norte».

Y, aunque ni Dama ni la Academia de cine tienen datos de qué sectores técnicos y artísticos han subido más, lo cierto es que el aumento de producciones rompe con las largas etapas de paro que antes se veían como normales en la industria. «En el sector del cine somos especialmente competitivos, los técnicos son tan buenos que parece que lo que hacen cuesta cuatro veces más de lo que cuesta realmente. Lo hacemos al mejor nivel europeo, pero a precios más bajos, por eso también hay muchas plataformas que están viniendo aquí. Por un sueldo razonable para ellos, tienes técnicos del mejor nivel. Es hándicap y ventaja, si somos realistas», descubre Cobeaga.

Temor a la burbuja

En uno de los sketch más viralizados de la última etapa de «Saturday Night Live», se inventan un anuncio de Netflix en el que la plataforma presume de tener un catálogo tan largo que ningún usuario podría terminar en una vida. «Quizá haya exceso de producciones, pero será el mercado quien lo dirima», cuenta Morales. «En el caso del cine, muchos productores respiran cuando por fin entra Netflix en el proyecto, es como el pico final», apunta el fundador de Wanda, que ha trabajado con ellos en tres situaciones diferentes y en todas han respetado la ventana de exhibición tradicional, aunque ese es otro tema: le han comprado una película ya terminada («100 días de soledad»), en otra entraron al leer el guion («El faro de las Orcas») y en otra al inicio de la producción («4 latas», de Gerardo Olivares con Jean Reno, que se estrenará en unos días).

«Hay una razón por la que se codicia tanto Netflix», apuntan desde Dama. Antes, los productores de cine tenían un sistema muy laborioso y arriesgado en el que tenían que apostar a varias cartas, en el sentido de que debían negociar con una tele en abierto, con otra de pago para su ventana, con administraciones nacionales, autonómicas y hasta locales… «Tenías que hablar con ocho o nueve ventanillas para levantar tu proyecto, y Netflix es un solo interlocutor que te da casi todo». Además, algunos criterios exigidos por el ICAA para conseguir subvenciones -como solvencia de la empresa, la acreditación del 35 por ciento de la financiación o tener cerradas las ventas internacionales- te los asegura la entrada de Netflix en la producción.

Además de para quien se juega el dinero, esta «burbuja» también afecta a los que ponen su creatividad. «Hay una demanda muy fuerte, porque todas las plataformas necesitan contenidos y renovarlos sin parar, y esto es inmejorable para los creadores, los guionistas y directores», defiende Mariano Barroso. Por su parte, Paco Ramos, vicepresidente de contenidos originales internacionales de Netflix, explica que «nunca ha habido un mejor momento para ser un creador ante la oportunidad de contar historias en castellano para el mundo. Nuestro idioma viaja con una contundencia enorme y nuestro entretenimiento audiovisual le ayuda».

Uno de los creadores que surfea esta ola es Diego San José, que en 20 años de carrera ha trabajado en el cine y la televisión escribiendo «Ocho apellidos vascos», «Superlópez», «Vaya semanita» o «Vota Juan», entre otras tantas. «El mercado encontrará su ritmo para ajustar la cantidad de oferta. La burbuja que no puede explotar es la de la forma de trabajar, porque en estos dos o tres años se han hecho algunas de las mejores series». En cualquier caso, como contó Paco León a ABC en la presentación de «La peste», de Movistar (otra serie dirigida por un ganador de un Goya, en este caso Alberto Rodríguez): «Si estamos viviendo una burbuja, que nos quiten lo bailao».

¿Un Goya a la mejor serie?

Horas antes de celebrarse los últimos premios Goya, Mariano Barroso sorprendió con un giro de guion: la Academia de Cine planea incorporar la categoría de mejor serie para 2020. El motivo, explica, además de que la línea que separa unas y otras creaciones es cada vez más fina, está en que cada vez más académicos trabajan en uno y otro formato audiovisual sin importar la pantalla final de exhibición. «No le veo mucho sentido, porque es la Academia de cine, no de cine y de televisión. Es verdad que se ha abierto porque hay mucha gente trabajando en ambos mundos, pero son formatos diferentes que no tienen nada que ver, y encima alargaría la gala, algo que no nos interesa», reflexiona el académico Borja Cobeaga.

Por su parte, su compañero Diego San José apunta a un factor interesante: la «condescendencia» del cine para con las series. «No me parece justo que las series hayan tenido que esperar a ganarse una especie de beneplácito de una disciplina diferente como es el cine. Queda la sensación de que le abres la puerta cuando las series te están adelantando, mientras que cuando tenías posición de fuerza las mirabas de reojo», explica, y recuerda a Javier Olivares, creador de «El ministerio del tiempo», que criticó con dureza el anuncio de Mariano Barroso. «Eso sí, como estoy en los dos sitios y no soy militante, me parecería genial que convivieran en una gala como los Globos de Oro», explica a ABC.

El académico José María Morales es más conservador. «Hay que estar abiertos a los cambios, pero esperemos a ver cómo evoluciona en todo el mundo… Lo que parece claro es que vienen tiempos interesantes con más conexión entre cine y tele porque al final el asunto es contar historias. Creo que se nos van a abrir muchas posibilidades», sentencia.