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La decisión del rey

El rey que plantó cara a Adolf Hitler

«La decisión del rey» cuenta cómo el Rey de Noruega tuvo que enfrentarse a un dilema que cambiaría para siempre la historia de su país

Jesper Christensen, en «La decisión del rey» - ABC
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El 9 de abril de 1940, los soldados alemanes llegaron a la ciudad de Oslo, pese a las pretensiones de Noruega por seguir siendo un terreno neutral en la II Guerra Mundial. El país escandinavo había conseguido quedarse el margen durante la Gran Guerra y quería mantenerse igual en este segundo gran conflicto. Pese a la presión de Reino Unido, que quería bloquear económicamente al Imperio alemán, consiguió firmar un pacto comercial con estas dos potencias para evitar que hiciesen del país un objetivo estratégico, algo que pareció funcionar hasta abril de 1940. «La decisión del Rey», de Erik Poppe, cuenta cómo el Rey de Noruega tuvo que enfrentarse a un dilema que cambiaría para siempre la historia de su país.

El buque de transporte Altmark
El buque de transporte Altmark- ABC

Noruega generaba un gran interés por su situación geográfica ya que desde allí podrían controlar el Atlántico Norte. Pero no era el único motivo. A través de Noruega y sus puertos, salía el hierro que se obtenía de las minas suecas. Ya existían planes, por parte de ambos bandos, para hacerse con el país escandinavo. Sin embargo, fue el 16 de febrero de 1940, con el «incidente de Altmark», cuando empezó esta contienda.

El buque alemán de transporte Altmark fue detectado el día anterior. Casi de inmediato, se avisó a la Royal Navy británica de dicha presencia. Tras ser interceptado por el crucero británico HMS Cossack, el Altmark buscó refugio en el fiordo de Jøssingfjord, pero no podía quedarse allí para siempre. Quería escapar sin ser visto. Para ello, intentó huir por el fiordo, pero el HMS Cossack era más veloz por lo que consiguió abordar al buque alemán sin demasiado esfuerzo. Los oficiales noruegos del Skarv y del Kjell protestaron ante el capitán Phillip Vian del Cossack, pero no intervinieron para impedir el abordaje del Altmark. En su momento, el Gobierno de Noruega alegó que, conforme a los acuerdos internacionales, los buques de un Estado neutral no estaban obligados a intervenir en defensa de un navío beligerante que está siendo atacado. Sin embargo, sí que consideró este hecho como una violación de su neutralidad, declarada en septiembre de 1939.

Este «incidente» derivó en uno mucho mayor: la Operación Weserübung, que terminaría con el asalto alemán sobre las neutrales Dinamarca y Noruega. Comenzó a las 4.15 de la madrugada del 9 de abril de 1940. La kriegsmarine –la marina de guerra alemana– y la luftwaffe –la fuerza aérea– llegaban a las costas negras ante unas fuerzas británicas atónitas, que no reaccionaron hasta que las Wehrmacht (Fuerzas Armadas Alemanas) atacaron Oslo y Trondheim con la excusa de evitar una invasión francobritánica. Ante la mirada incrédula de los británicos, los alemanes utilizaron su táctica maestra: la guerra relámpago o Blitzkrieg. Este ataque implica un bombardeo inicial, seguido del uso de fuerzas móviles atacando con velocidad y sorpresa para impedir que un enemigo pueda llevar a cabo una defensa coherente. Justo lo que le ocurrió también a las fuerzas noruegas, que sufrieron la inmovilización de sus fuerzas aéreas en las primeras 48 horas.

Ante la inminente ocupación alemana de Oslo, la Familia Real y el gobierno noruego se vieron obligadas a escapar de la capital. La princesa heredera Marta regresó con sus hijos a Suecia, su país natal. Mientras, el rey Haakon VII y el príncipe heredero decidieron permanecer en Noruega. El parlamento (Storting) acordó establecerse en Hamar inicialmente, pero el rápido avance de las fuerzas germanas hizo que se moviera hacia Elverum. Tras varias reuniones, los miembros del parlamento pactaron por unanimidad una resolución, llamada la Autorización de Elverum. Por esto, el poder legislativo le otorgaba al ejecutivo plenos poderes para encabezar la defensa del país, al menos hasta que el parlamento pudiese reunirse otra vez.

Haakon VII, junto a la Reina Maud
Haakon VII, junto a la Reina Maud- ABC

El día después de la invasión, el embajador alemán Curt Bräuer solicitó una reunión con el Rey. Exigía parar cualquier tipo de resistencia noruega. Pero esto no fue todo. Además, anunció que Adolf Hitler había solicitado que Haakon VII nombrase al nacionalista noruego Vidkun Quisling como de primer ministro. Para que el Rey se hiciese una idea de las consecuencias que podría sufrir el país, Bräuer le puso como ejemplo al gobierno de Dinamarca, que se había rendido un día después de la invasión alemana sin haber sufrido demasiados desperfectos. En ese momento, el Rey de Noruega se enfrentó a un dilema que podría cambiar para siempre la historia de su país. «No quedan muchos líderes como él. Defendió la democracia sobre todo», asegura Erik Poppe, director de «La decisión del Rey». Ante el ultimátum de los alemanes en 1940, Haakon VII trató de encaminar a su país hacia la libertad.

«No es una película bélica»

El Rey de Noruega era «muy peculiar como rey», motivo por el que se ganó la confianza de los ciudadanos. «Era muy cercano, tanto con el país como con su familia. No era ese tipo de rey que mira a sus nietos desde lejos. Él jugaba con ellos», añadía. Tanto que, mientras que el resto de monarquías de Europa se situaban en la cúspide de la sociedad, Haakon VII aseguraba que el pueblo debía estar por encima del parlamento y del propio rey, quien él definía como «el siervo de su país y su gente». Por este motivo, Haakon, en una reunión con su gabinete en Nybergsund, mostró su intención de rechazar los términos del ultimátum nazi. Sin embargo, dejó su decisión final a su gabinete. Eso sí, si ellos aceptaban la rendición, él abdicaría al trono. Finalmente, el gobierno respaldó por unanimidad al rey Haakon. La decisión fue transmitida al emisario alemán por vía telefónica así como a la población –a través de los informativos–.

Poppe quiso rescatar esta historia del olvido, una historia que ni siquiera se enseña en los colegios de su país. «Tengo la posibilidad de transmitir grandes historias al público y, tras conocer esta, me sentía en deuda con la Historia. Tenía que contarla», aseguraba el también director de «Mil veces buenas noches». Pese a lo que pueda parecer, no se trata ni de un biopic sobre el Rey de Noruega ni de un filme bélico, «es la historia de un líder que tomó decisiones por su gente, incluso poniéndose a sí mismo y a su familia en gran peligro». Para dotar de realismo a la historia, Erik Poppe seleccionó una serie de imágenes reales de Haakon VII y su familia así como una mimadísima banda sonora de Johan Söderqvist que ayuda a trasladar al espectador al Oslo de abril de 1940.