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Peter Bogdanovich: «El cine lleva tiempo en decadencia»

El mítico cineasta y cinéfilo rinde homenaje a Buster Keaton en un nuevo documental

Peter Bogdanovich
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Estrella invitada en «Los Soprano» y director de obras geniales de los setenta como «¿Qué me pasa, doctor?» o «La última película» pero, sobre todo, cinéfilo. Peter Bogdanovich es un icono de Hollywood que ha dejado de creer en la industria. Descreído de todo, prefiere pasar el tiempo entre colaboraciones con su amigo Wes Anderson y homenajes a viejos vestigios de la meca del cine. En 1967 le dedicó un libro a John Ford, reeditado en España por Hatari Books, en el que combinó entrevistas con el mítico cineasta con sus propias reflexiones. Ahora, el realizador vuelve a mirar al pasado con el documental «El gran Buster», donde rinde pleitesía a Keaton, ese genio mudo injustamente comparado con Charles Chaplin que corrió detrás de un tren y se colgó de las agujas de un reloj.

P - –Buster Keaton era un genio.

R - –Absolutamente. No solo como guionista, también como productor y director. Sabía exactamente dónde poner la cámara y cómo trabajar con ella para sacarle el mayor provecho posible. Si hoy hubiera tenido la posibilidad de trabajar con los avances tecnológicos, estaríamos ante un portento que no nos aburriría nunca. Estoy seguro de que nos mostraría películas originales. Buster era un gran director, sabía aprovechar todos los elementos que aparecían sobre el escenario. Era divertido pero nada sentimental, por eso le llamaban «cara de piedra»; Chaplin era mucho más sentimental.

P - –¿Hay espacio en el Hollywood actual para grupos de artistas como los de la Nouvelle Vague?

R - –Hoy en día todo el mundo destaca por su individualidad. No hay grupos, no hay movimientos; la realidad de Hollywood es que la industria la dirigen los ejecutivos y los productos que venden.

P - –¿Por qué eligió hacer un documental sobre Buster Keaton?

R - Fue Charles Cohen, gran amigo mío y el hombre a cargo de las películas de Buster durante los años veinte, quien me ofreció esta oportunidad. Me llamó y me preguntó si quería hacer un documental sobre Buster Keaton y le dije que sí. A mí me encanta la comedia, es mi género favorito, y volver a ver sus genialidades en la gran pantalla me pareció una idea muy atractiva. Mi padre solía llevarme al MoMa de Nueva York a ver las películas de Keaton y Chaplin. Él era mucho mayor que mi madre y había crecido viendo cintas mudas, le encantaba llevarme a la sesión de las seis de las películas del museo que, por cierto, quedaba muy cerca de nuestra casa.

P - –Para usted, las películas que se hicieron entre 1912 y 1965 son las mejores.

R - –Sí, porque no se buscaba vender productos. Ahora se trata de colocar productos para vender y no de hacer una buena película. El cine lleva tiempo en decadencia. No se hacen filmes originales, son todo precuelas, repeticiones y esa obsesión por los superhéroes. A mí no me gusta ese cine.

P - –¿Hay algún director de la actualidad que le guste?

R - –Me encanta Wes Anderson, con quien he trabajado en varias ocasiones. Creo que tiene talento y es muy original, a veces nos sentamos a comentar ideas o viene a casa y conversamos de cine. También me gusta Bill Hader, que aparece en el documental, me encanta su serie, «Barry».

P - –¿Qué necesita una buena comedia?

R - –Que se cuide. Hay que construirla con mimo. Antes, los directores se tomaban tiempo para escribir buenos guiones. Lo importante para hacer reír es construir la historia con tiempo y que las interpretaciones tengan ritmo. Buster Keaton era un genio en ese aspecto, tenía un método para rodar cada escena y utilizaba cada elemento en su beneficio. Construía cada secuencia y mostraba las herramientas del escenario para que el público se familiarizase antes de empezar a trabajar con ellas. Las escenas de persecución de sus películas fueron las primeras escenas de acción del cine.

P - –Fue íntimo amigo de Orson Welles, un enamorado de España. ¿Estuvo alguna vez con él en nuestro país?

R - Sí. A Orson le encantaba quedarse en el Hotel Ritz, pero durante un tiempo se hicieron muchos rodajes en España y todo Hollywood se quedaba en el Ritz de Madrid, lo que le molestaba muchísimo. Estuve con él en un viaje y me llevó al Prado, al museo del Greco, que me encantó, y a un restaurante pequeño y maravilloso donde me dieron sesos sin que yo lo supiera. En ese momento lo disfruté mucho, pero cuando me reveló Orson lo que había comido casi enfermo. Jamás he vuelto a probar los sesos.

P - –Estamos viviendo la época de oro de la televisión.

R - –Yo participé en «Los Soprano», la mejor serie que se ha hecho de la televisión. Esa fue la edad de oro. Ahora ya no veo la televisión