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Paul Schrader, el hombre en la sombra del Nuevo Hollywood que busca inspiración en la Biblia

Entrevistamos al guionista de algunas de las obras maestras de Martin Scorsese o Brian De Palma y director de cintas como «American Gigoló», que estrena ahora «El reverendo»

Paul Schrader, en una imagen de archivo de 2013
Paul Schrader, en una imagen de archivo de 2013 - Fernando Blanco/ABC
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Paul Schrader comenzó su carrera como crítico de cine, pero no pasó mucho tiempo antes de que su educación calvinista y su amor por las películas contemplativas de Yasujirô Ozu, Robert Bresson y Carl Theodor Dreyer lo llevaran a comenzar a trabajar como guionista, principalmente contando historias de hombres solitarios en crisis espiritual o emocional. Se convirtió en uno de los escritores más importantes entre los 70 y los 80 con obras como «Taxi Driver», «Toro salvaje» y «La última tentación de Cristo» firmadas por Martin Scorsese; «Fascinación», de Brian De Palma, así como una serie de películas que él mismo dirigió: «Blue Collar», «American Gigoló», «El beso de la pantera», «Mishima: Una vida en cuatro capítulos» y «Desenfocado».

Su obra como escritor y director continúa hasta hoy y hace unos días estrenó en España «El reverendo», un retrato intimo y metafísico sobre un exmilitar convertido en sacerdote. Un hombre angustiado por la muerte de su hijo e interpretado magistralmente por Ethan Hawke. De hecho, el actor está en las quinielas de los Oscar según la revista especializada «EW» por un personaje que, en su momento más desesperado, se encuentra con una parroquiana (Amanda Seyfried) cuyo marido se suicida. y pone en marcha una serie de eventos en la vida del sacerdote que lo llevaran a convertirse en un radical. En Los Ángeles y en exclusiva para ABC hablamos con esta leyenda de Hollywood.

[Crítica de «El reverendo» (****)]

P - Su película está repleta de referencias bíblicas. ¿Por qué toma esa decisión?

R - Sí. Tengo una educación religiosa y conozco bien la Biblia. Me gusta utilizarla de base para mis textos, porque cada vez se utiliza menos y es uno de esos textos vitales que se puede utilizar para decir cualquier cosa. A mi la Biblia me sirve para manifestar mis argumentos. El reverendo intenta alejarse de ellos y termina abrazándolos.

P - El personaje de Amanda Seyfried es la tentación y, al mismo tiempo, la representación de la naturaleza y el amor...

R - Ella representa la experiencia humana. Yo tengo dos hijos de su edad y ya me han dicho que no quieren tener hijos. Como padre, como abuelo que no voy a ser, me pregunté si era correcto traer hijos a este mundo. Por eso hice este filme. Ellos no quieren hijos, pero yo siento mucho no poder ser abuelo. El personaje de Amanda es un papel bastante nuevo en la literatura y el arte porque representa el fin de la naturaleza.

P - Cuando explora esa idea, ¿qué piensa?

R - Es muy impactante descubrir que está mal traer un hijo a este mundo, simplemente por la situación actual del planeta. Yo tengo un hijo y una hija, de 30 y 33 años, y ninguno de los dos tiene planes para tener hijos y, sin embargo, me gustaría tener nietos.

P - Entonces, el filme es un tema muy personal para usted...

R - Sí. Sí. Quiero tener un nieto. Y la parte inteligente de mí dice que este bebé vivirá en un mundo donde habrá terrorismo a causa del cambio climático. Para mí ha sido muy impactante porque el terrorismo se utilizaba en el nombre de la religión, pero ahora será en nombre de la naturaleza. Es interesante lo que está ocurriendo. El personaje padece la noche oscura del alma, ya sabes, lo que Kierkegaard llamó la enfermedad hasta la muerte, la desesperación y el intento de llegar hasta ella. Él está escribiendo, está bebiendo, está usando la liturgia y vive condenado. Hasta que se encuentra con este chico que tiene este virus del activismo ecológico. Cuando el joven se suicida, le atrapa el virus y su tendencia hacia el pesimismo y el suicidio se transforma en rectitud porque, como sabes, San Agustín dice que el suicidio es un pecado, excepto el suicidio de Sansón, que no es un pecado porque es un asesinato. Así que, de repente, pasa de ser un suicidio a un asesinato.

P - Hablando de los problemas ambientales que surgieron en la película, parece que hay generaciones de jóvenes que viven en constantes estados de desesperación porque temen por su futuro...

R - Es esperanza o desesperación, vivimos en un mundo donde tienes que elegir la esperanza porque la desesperación es demasiado grande. Como dice la película, la humanidad no puede ver más allá de sus necesidades presentes para proteger su futuro, y la única reacción es la desesperación. Así que ahora tienes un mundo que vive en la negación a varios niveles: la negación de los ricos que piensan que no les afectará, y la negación de los pobres que esperan que los ricos encuentren una bola mágica que de repente lo arregle todo.

P - Mueve la cámara de una forma que consigue acercar al espectador. Hablenos de su manejo detrás de la cámara tras trabajar con grandes maestros.

R - Siempre haré cualquier cosa para llamar la atención del espectador. Es una danza romántica entre el espectador y la cámara. Acercándome a la audiencia sin revelar todo el contenido, dejando espacios en la historia según avanza la trama. Las películas de hoy te cuentan todo y te aburren mucho. No hay espacio para la imaginación y el simbolismo.

P - ¿Ha encontrado algún director o alguna película realmente buena que haya visto últimamente?

R - Me gustan muchas. He visto casi todo y siempre hay buenas películas, especialmente ahora que la tecnología permite a muchas gente hacer sus propias historias.

P - Cuando escribió «El reverendo», ¿pensó si la humanidad puede salvarse?

R - Los humanos han estado haciéndose esta pregunta desde hace siglos, ¿cuál es el significado de lo que sucede cuando morimos? ¿Para qué estamos aquí? Y siempre asumimos que nuestros hijos se estarán haciendo la misma pregunta. Antes no había respuesta, pero ahora, por primera vez, los humanos cuestionamos el fin del planeta. De la era humana. Ya no es una pregunta teórica... Quizá, ya sabes, en 50 o 70 años no habrá nadie a quien contestar. Creo que hay que hacerse más esa pregunta.