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Un paseo por el Museo del Prado y la Historia de España de la mano de Jeremy Irons

El ganador del Oscar pone voz y alma al documental «Pintores y reyes del Prado»

Jeremy Irons observa una obra antes de rodar el documental «Pintores y reyes del Prado»
Jeremy Irons observa una obra antes de rodar el documental «Pintores y reyes del Prado» - AGUSTIN ESCAMEZ
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Una bocanada del aire contenido en «Las meninas», una alucinación al perderse en la perspectiva de «El lavatorio» de Tintoretto, una lágrima frente a «El descendimiento» de Rogier van der Weyden... Son algunas de las experiencias que el actor británico Jeremy Irons (Reino Unido, 1948) vivió al recorrer los pasillos vacíos del Museo del Prado y que narra en el documental «Pintores y reyes del Prado».

Con un espíritu a medio camino entre lo didáctico y el entretenimiento, el oscarizado actor comienza el viaje en el siglo XVI, en los inicios de las colecciones reales de Felipe II y Carlos I, y se fija en la pintura de Tiziano y los venecianos, con los que empezó todo. Como si declamara un texto de Shakespeare, Irons inocula la pasión por el arte en cada frase mientras la cámara fluye por el interior de los cuadros mostrando cada detalle de cinco siglos de Historia. A donde no llega el intérprete, acuden al rescate restauradores y jefes de departamentos de la pinacoteca, además de su director, Miguel Falomir, que completan la parte más especializada. También los herederos de nombres ligados al Museo, como Marina Saura, hija de Antonio Saura, que recuerda cuando su padre le llevó a ver «Las tres Gracias» de Rubens, y cómo se horrorizó al descubrir que «esas tres señoras orondas» eran la inspiración del mote que su padre había elegido para sus hermanas. O Laura García-Lorca, sobrina del poeta, que narra su gusto por los bodegones. Incluso el arquitecto Norman Foster, encargado de la restauración del Salón de Reinos, habla de su admiración por Goya.

Pero el único protagonista, a excepción de las obras, es Jeremy Irons. El actor que dio vida a hombres tan solitarios como el Padre Gabriel en «La misión», el doctor Stephen en «Herida» o Humbert en «Lolita» se desvanece ante maestros como Velázquez, el Greco o Brueghel el Viejo. «Disfruto perdiéndome en las cosas que hago. Por eso sé que es un privilegio estar a solas en El Prado, y he descubierto que una de las cosas más valiosas es tener paz y tiempo. Nunca hay demasiado tiempo, y siempre hay demasiada gente», contó ayer el cineasta en el BCN Film Fest.

Del Imperio a nuestros días

Bajo la dirección de la italiana Valeria Parisi, y con la colaboración de Patrimonio Nacional dentro de las celebraciones del 200 aniversario del Prado, el documental recorre los días del Imperio, la guerra contra Napoleón, la pérdida de las colonias, la Guerra Civil... Hasta llegar a nuestros días, donde todo tiene lectura política. Más cuando la primera proyección coincidió en Barcelona con la jornada de reflexión, y entre el público había más de un lazo amarillo y alguna camiseta de «independencia». Mientras Irons alababa con pasión la Historia de España y en su guion colaba palabras como hidalgos o Imperio, varias toses incómodas se escapaban entre el público, con alguna huida incluida. Ya en rueda de prensa, el británico se desató: «Me encanta el flamenco porque creo que representa el alma de España: la belleza, su locura, la fuerza… Y eso lo encuentro en todas las personas de aquí». Al finalizar la proyección, eso sí, llegaron los aplausos tras aparecer una cita de Picasso: «El objeto del arte es quitar el polvo a la vida diaria de nuestras alma».