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«El reino»

El pan nuestro de cada día

Rodrigo Sorogoyen bucea en las alcantarillas de la corrupción con un thriller político frenético

Sorogoyen y parte del elenco de «El reino»
Sorogoyen y parte del elenco de «El reino»
Actualizado
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Si Wim Wenders habla en la página anterior del Reino de Dios, Rodrigo Sorogoyen lo hace en «El reino» del de la tierra. O mejor dicho: del subsuelo, de sus cloacas y alcantarillas por las que se cuelan políticos ansiosos de dinero y poder. Unos corruptos para los que no hay redención, ni divina ni terrenal, y en la que solo queda la huida hacia delante del protagonista, Antonio de la Torre, político de provincias venido a más –y aterrizado en Madrid– a golpe de conseguir financiar ilegalmente al partido. Cuando la cosa se pone fea y la prensa comienza a sacar los trapos sucios de blanquear dinero, los compañeros le abandonan.

Si algo han demostrado Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña, su guionista, es que saben bucear en la oscuridad de los personajes sin perderse en el camino. Ya lo hicieron en «Stockholm», su aplaudido debut, y hace dos años en «Que Dios nos perdone». «Nos interesa esa parte oscura del ser humano. En esta tercera película, al menos, entra algo de luz. Estamos mejorando, debe ser que hemos madurado o somos más felices», cuenta la guionista. «En el caso de »El reino« no es sobre la maldad, sino la naturaleza humana y lo fácil que es corromperse», apunta Rodrigo Sorogoyen. «Hay gente que no es político y es también corrupta. Si tienes un mínimo de poder, ya puedes serlo. No depende de ideología. Puede ser corrupta una persona con poder sobre la caja de un súper», remata el director.

Para ese viaje al corazón del poder en España se han reunido con políticos de todos los colores, jueces, empresarios, periodistas... «Ha sido muy enriquecedor. Nos hemos visto con más de una decena de personalidades políticas de muchos ámbitos y no ha habido nada que nos dijeran que nos haya hecho cambiar el guion para rebajar algunas escenas, pero sí para entender la complejidad detrás del ser humano», remata el director. Entre esos «asesores» está Cristina Cifuentes, que el martes acudió al preestreno en Madrid y se dejaba fotografiar con Antonio de la Torre.

La tercera pata que soporta este banquete de vino y langostas es la prensa. Solo que aquí, encarnada en Bárbara Lennie, parece rechazar la silla vacía en la mesa. Los medios, al menos en la ficción, como salvación: «Para mí, la prensa está bien valorada por la sociedad. Ese personaje, con su posibe suicidio profesional, permite que entre algo de luz en ese mundo de oscuridad», remata Rodrigo Sorogoyen.