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«Objetivo: Washington DC» Hollywood hace estallar de nuevo Washington

Las grandes productoras llevan casi un siglo ensañándose con los monumentos de la capital norteamericana, aun a pesar del 11-S

Detalle del cartel de «Objetivo: Washington DC»
Detalle del cartel de «Objetivo: Washington DC» - ABC
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De entre los muchos pasatiempos favoritos que tiene Hollywood, el de hacer saltar la Casa Blanca por los aires parece ser uno de los más gratificantes, pues lleva repitiéndose casi un siglo. Da igual el método –maremotos, bombardeos, explosiones– o el motivo –invasión alienígena, complot comunista, golpe de estado–, ver cómo la presidencia y la capital de la primera potencia mundial quedan reducidas a escombros ha excitado las mentes de los guionistas más exitosos de la meca del cine. Se estrena hoy en España la enésima entrega de este sádico serial, un largometraje que, a pesar de haber sido denostado por la crítica, se elevó con facilidad al primer puesto de la taquilla norteamericana el fin de semana pasado. «Objetivo: Washington DC», dirigido por Ric Roman Waugh, es la tercera entrega de una serie que comenzó en 2013 con «Objetivo: La Casa Blanca». Como entonces, Gerard Butler interpreta a un agente secreto de cuya audacia y fortaleza depende la vida del presidente del país, en este caso Morgan Freeman.

En la primera entrega de esta serie los guionistas y el director se entretuvieron derrumbando con un avión el obelisco que sirve de homenaje a George Washington –169 metros de altura– y haciendo saltar por los aires la residencia de la Casa Blanca. (Afortunadamente salvaron el ala oeste del edificio, desde donde trabajamos los periodistas). En la continuación, que se estrena hoy, el presidente es víctima de un gran complot y queda en coma tras un sofisticado ataque con un escuadrón de «drones», aviones no tripulados.

Resulta todavía traumático para los residentes en Washington ver películas como estas, dado que el 11 de septiembre de 2001 uno de los cuatro aviones secuestrados por Al Qaeda intentó reproducir una escena similar en la vida real, bien estrellándose contra el Capitolio o contra la Casa Blanca, el objetivo no está claro. Finalmente cayó sobre una de las fachadas del Pentágono, donde murieron 184 personas.

El 11-S

Según dejó escrito el crítico de cine más venerado en EE.UU., Roger Ebert, «los hechos del 11-S empequeñecieron cualquier película similar». «No hay obra de ficción que pueda representar fielmente tal horror, como no hay películas que reflejen fidedignamente la guerra o el genocidio», dijo antes de morir en 2013. En 2001 el mundo ya había visto la Casa Blanca saltar por los aires varias veces. La más impactante fue «Independence Day», una megaproducción dirigida por Roland Emmerich en 1996 en la que una nave extraterrestre reventaba el edificio con un potente rayo de color azulado. Aquello no era nada comparado con los estragos que provocaron en Washington los platillos volantes de «Los visitantes del espacio», un largometraje de serie B dirigido por Fred Sears y Ray Harryhausen en 1953 en que los marcianos derribaban no solo el monolito a Washington sino también la cúpula del Capitolio y la columnata del Tribunal Supremo. Fue, según los registros históricos, el primer ataque indiscriminado en la historia del cine a la capital de EE.UU. El genio de Tim Burton le rindió un homenaje a aquel rudimentario filme con «Mars attacks», sátira de 1996 donde unos graciosos marcianos verdes no derrumban la Casa Blanca pero sí matan al presidente (Jack Nicholson).

Explosiones aparte, el primer secuestro cinematográfico de la presidencia de EE.UU. es un extraño largometraje de 1933 distribuido por la Metro-Goldwyn Mayer y coproducido por el magnate William Randolph Hearst (luego él mismo inmortalizado por Orson Welles en «Ciudadano Kane».) En «Gabriel sobre la Casa Blanca» no son los extraterrestres sino un arcángel quien se aparece en la mansión del presidente de EE.UU. para convencerle de que es un pusilánime y está llevando al país al desastre en plena Gran Depresión. Eran los años previos al ascenso del totalitarismo en Europa, y en el estreno no chirrió demasiado que el protagonista disolviera el parlamento, asumiera poderes plenipotenciarios y revocara la Constitución. Hoy, el archivo nacional de EE.UU. describe con ironía el filme: «La buena noticia es que el presidente reduce el paro, saca al país de la crisis, se enfrenta a la mafia y al congreso y logra imponer la paz; la mala noticia es que es Mussolini».

Desde aquel experimento de 1933, infinidad de películas y series han retratado al presidente en su residencia oficial, sea en polémicos biopics como los de Oliver Stone JFK: Caso abierto», «Nixon», «W.») o comedias románticas como «El presidente y miss Wade», de Rob Reiner. La Casa Blanca es, oficialmente, uno de los escenarios más reproducidos por las grandes productoras de cine y televisión, que a veces emplean copias de cartón piedra y a veces usan una réplica casi idéntica que un millonario vietnamita construyó en Virginia en 1995 y que en 2016 se puso a la venta por 3,2 millones de dólares.

Y, aunque el Despacho Oval del presidente ha sido empleado como decorado en éxitos de taquilla como «Superman II» (Richard Lester, 1980) o «X-Men II» (Bryan Singer, 2003), siempre ha sido como réplica. La Casa Blanca se construyó en 1792, ha sido reformada varias veces y es un edificio delicado que aparte de una residencia es un museo. El presidente no da permiso para filmar películas, aunque sea en el jardín. El único metraje que sale de allí es el de las cámaras de la prensa, y en este no suele haber, que se sepa, extraterrestres.