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Nureyev, el cisne blanco que desertó para volar lejos de la jaula soviética

Ralph Fiennes dirige la apasaionante vida de la leyenda de la danza Rudolf Nureyev, conocido como el cuervo blanco, un hombre curtido bajo el yugo de la URSSque solo voló libre al desertar

Oleg Ivenko encarna a Nureyev en «El bailarín»
Oleg Ivenko encarna a Nureyev en «El bailarín»
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Dirigir se ha convertido en la discreta pasión deRalph Fiennes (protagonista de «El paciente inglés», «El jardinero fiel»...). Pocos le recuerdan tras las cámaras, pero con «El bailarín» firma ya su tercer largometraje como realizador. El mayor de los Fiennes tiene un gran sentido del humor y una manera muy británica de responder a las preguntas porque es él quien acaba siempre preguntando. Así, entre rodeos y repreguntas, descubrimos que es un apasionado de las letras y que su curiosidad por la cultura rusa surge de su profundo conocimiento de la Literatura. «En mi corazón siento cariño hacia un país con escritores tan maravillosos como Turguénev, Chéjov o Dostoievski», desgrana, aunque pronto la conversación se centra en Rudolf Nureyev, protagonista de su película.

Esta leyenda de la danza escapó de la Rusia Soviética en 1961, cuando participaba en una gira con el Ballet Mariinski. Apenas contaba 23 años y ya era reconocido en todo el mundo. «Nureyev era como una estrella de rock que entendía el arte como una religión. Fue uno de los hombres que más ayudaron a promocionar y cambiar la danza. Pero no me interesaba la imagen de Nureyev sino sus primeros años, su vida hasta el momento en que abandona Rusia. Me interesa lo que motiva a cada individuo a cambiar su propia historia», cuenta Fiennes, que se ha reservado para sí mismo el personaje de Pushkin, mentor de Nureyev. «Prefiero no actuar en mis películas, yo no quería aparecer, pero la presión financiera me obligó. Eso sí, tengo buen instinto como actor y este papel me pareció muy atractivo», confiesa Fiennes con el corazón dividido entre la realización y la interpretación. «Dirigir exige más atención. A mí, la actuación me llena exactamente igual que antes. Pero lo que verdaderamente disfruto es aprendiendo de mis compañeros, de mis personajes. Dirigir también me aporta la posibilidad de crear, de construir escenas... Y me fascina alimentar a otros actores», presume el nominado al Oscar por «La lista de Schindler» y «El paciente inglés».

Maestro y debutante

El guionista David Hare adaptó el libro de la escritora Julie Kavanagh, «Rudolf Nureyev: The Life», de la mano de Ralph Fiennes. Para interpretar a la leyenda de la danza, el cineasta eligió al bailarín ucraniano Oleg Ivenko, que debuta como actor con este papel. «El productor me preguntó si quería un actor y un doble para las imágenes de danza, pero le dije que no. Necesitaba un bailarín que pudiera actuar, capaz de enfrentar el reto de poner rostro a un gran personaje. Los bailarines tienen un lenguaje corporal muy particular, no podía contar la historia de Nureyev sin un bailarín», explica con contundencia.

Las secuencias largas, con la cámara viajando al interior de la esencia del ballet, fueron el reto más difícil. «Decidí no cortar mientras rodábamos. Son escenas donde se muestra la ferocidad de Nureyev sobre el escenario. Esta es la historia de un hombre que reta a los dioses con su manera de bailar. El retrato del ballet fue primordial en la película, pero también me dio miedo porque nunca había filmado este tipo de secuencias. Tuve que estudiar en profundidad el mundo de la danza, aunque contaba con la colaboración de nuestro coreógrafo Johann Kobberg, quien me ayudó en mis momentos de ansiedad».

Aclamado como bailarín, Nureyev terminó su vida convertido en un icono para la comunidad homosexual antes de su muerte a causa del sida en 1993. Pero a Fiennes no le interesa ese viaje, prefiere mirar a a través de la ambición de los primeros años del bailarín. «Me enamoró su arrogancia. Supongo que en las distancias cortas era una persona muy difícil, pero desde un punto de vista dramático es un gran protagonista. Estamos hablando de alguien excepcional. Cuando llegó a París era un joven que maravillaba con su danza y sin una gota de educación social. No sabía comportarse entre ese grupo de sibaritas parisinos, y esa idea me pareció muy divertida. Recorrió galerías de arte, se interesó por aprender y cambió. Pero debo confesar que según empiezas a investigar sobre él, descubres lo difícil que era. Un hombre egocéntrico, obsesionado con su importancia y que se creía con derecho a todo por su talento. Eso le convirtió en una persona difícil para los que estaban a su alrededor», desgrana el director, tan enamorado de su personaje en la vida real como muestra en la gran pantalla. Fiennes deja así en «El bailarín» una oda a un icono del pasado, hoy ignorado por las nuevas generaciones. «Esta es la demostración del coraje, un elemento absolutamente necesario en un artista», sentencia.