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Los nominados a los Premios Goya prometen mucha fiesta y poca reivindicación

La Real Casa de Correos de Madrid acogió el tradicional encuentro entre los candidatos y la prensa que sirvió para dejar claro que este año la política volverá a estar fuera del escenario

Marisa Paredes, Goya de Honor 2018, recibe los aplausos de sus compañeros en la fiesta de nominados celebrada el lunes en la Real Casa de Correos - Ángel de Antonio
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Con el ruido de fondo del «Me too» que tapó todo en los Globos de Oro, los nominados a los premios Goya 2018 se reunieron ayer en la Real Casa de Correos de Madrid para preparar la gala del próximo 3 de febrero. Fue la hora de calibrar el estado de ánimo de los favoritos -sobre sus opciones de ganar- y si la reivindicación hollywoodiense tendrá aquí eco. No lo parece. «Las que se ponen ahora de negro, con un Givenchy de 10.000 euros, son las mismas que hace tres años posaron con el cartel de #BringBackOurGirls y ya se han olvidado. La lucha es cada día, no posar con un cartelito y un pin un día», dijo Isabel Coixet, directora de «La librería», la más directa en sus declaraciones.

Una idea similar destacó Nathalie Poza, protagonista de «No sé decir adiós» y «favorita» tras su triunfo en los Premios Forqué del sábado: «Se trata de reivindicar menos y hermanarnos más. Hay discursos que deberían estar agotados, como decir que está mal que nos metan mano en el metro... Pero se ve que no», expresó la intérprete.

Pese a todo, el gran nombre femenino de la noche fue el de Yvonne Blake. La Presidenta de la Academia sigue ingresada en el hospital tras sufrir un ictus hace diez días y los nominados quisieron enviarle su apoyo con una larga ovación. En su lugar habló Nora Novas, vicepresidenta de la institución, que destacó todos los trabajos porque «son películas que nos permiten soñar». Marisa Paredes, Goya de Honor 2018, acaparó la segunda tanda de aplausos de la noche, aunque nadie le acercó el micrófono para que agradeciera el cariño. Habrá que esperar al discurso del sábado 3.

La Real Casa de Correos de la Puerta del Sol -sede del Gobierno regional madrileño- volvía a acoger la fiesta de nominados tras cinco años de ausencia. Allí, Cristina Cifuentes hizo de maestra de ceremonias institucional con una bienvenida en la que destacó su deseo de que baje el IVA del cine.

Un paseíllo de estrellas

En un ambiente distendido, los aspirantes a uno de los 29 premios desfilaron ante la prensa, comentando sus esperanzas e ilusión por conseguir el premio, momentos antes de sentarse juntos para hacer la tradicional foto de familia.

La única que se atrevió a calibrar sus opciones con una cifra real fue la propia Isabel Coixet: «De las 12 nominaciones, creo que nos vamos a llevar cinco», aseguraba contrariada. Pablo Berger, director de «Abracadabra», película que suma ocho nominaciones aunque ninguna para él, asegura que él sí se toma en serio sus votaciones y su trabajo como académico: «Yo me veo todas las películas y elijo con cuidado qué voto, sobre todo entre los noveles y los cortos». Ese «sí», que parecía inocente, se explicó después cuando uno de los actores nominados contaba que compañeros suyos le habían votado a él aunque no habían visto su película.

Más feliz estaba Sandra Escacena, protagonista revelación de «Verónica» y la más joven, con 16 años, nominada «por los pelos», ya que la Academia no permite competir por debajo de esa edad. Una palabra, «nominación», que en estos tiempos de concursos musicales suena a expulsión. «Cuando le dijimos a mi abuela que me habían nominado, me preguntó que por qué me iban a echar del cine», contaba divertido Andrés Gertrudix, protagonista de «Morir».

Pero la noche fue también de ausencias. Ni Javier Bardem ni Penélope Cruz, ambos nominados por «Loving Pablo», acudieron al acto. Tampoco pudieron asistir, por agenda, los actores Antonio de la Torre o los aspirantes a dirección novel por «La llamada», Javier Ambrossi y Javier Calvo, que tenían gala por la noche de Operación Triunfo.