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Nico, la vida después de los quince minutos de fama

Una película repasa la vida de la artista, convertida en icono de los 60 y 70 gracias a Andy Warhol

Los integrantes de The Velvet Underground, con la modelo Nico y Andy Warhol a la izquierda
Los integrantes de The Velvet Underground, con la modelo Nico y Andy Warhol a la izquierda - EFE
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Cuando Andy Warhol pronosticó los quince minutos de fama para todo el mundo, se olvidó de mencionar lo que ocurría después de los focos. En el caso de Nico, que en realidad se llamaba Christa Päffgen y que se convirtió en un icono de los sesenta y los setenta gracias al genio de la Factory, la resaca de la celebridad se convirtió en una dolorosa oscuridad en la que, a tientas y puesta de heroína, ya sin la belleza salvaje de su juventud, buscó su propia identidad como artista en solitario. Es en esa época, olvidada por los mismos que la habían encumbrado cuando cantaba con The Velvet Underground, en la que se centra «Nico, 1988», la última película de Susanna Nicchiarelli, que se estrena hoy.

El biopic se construye hacia atrás, a través de flashbacks, y arranca justamente en los últimos momentos de su vida, que pasó en Ibiza, donde murió al caer de su bicicleta después de sufrir un derrame cerebral, en 1988. Tenía 49 años. Antes de todo eso, había sido la protegida de Warhol, que encontró en ella la extraña virtud del encanto, fácil de sentir pero imposible de analizar. Fue el mismo encanto que encandiló a Fellini, que la incluyó en una escena de «La Dolce Vita» después de verla paseando por Roma, o a Bob Dylan, su amante durante un breve lapso de tiempo y autor de la letra de una de las canciones de su primer disco en solitario, «Chelsea Girl», de 1967.

Ese mismo año dejó de colaborar con The Velvet Underground, pero su carrera musical en solitario se estancó con «The End», de 1973, y no volvería a arrancar hasta la década siguiente. Por aquel entonces estaba enamorada del cineasta Philippe Garrel, que la incluyó en varias de sus películas, y también continuó con su carrera de modelo.

Poco a poco, su estrella se fue apagando, y en los ochenta ya había perdido la fama. Sin embargo, no miraba al pasado con nostalgia, ni pensaba que su mejor momento había sido su paso por la banda de Lou Reed. «¿Fueron los mejores años de tu vida?», le pregunta un periodista en una escena memorable de la película. «Bueno, tomábamos mucho LSD. Eso era lo que hacíamos», le espeta Nico.

Rechazando la melancolía de los tiempos pasados, Nico se nos muestra en la cinta buscando su identidad, tratando de demostrar que podía crear por sí misma. Lo hizo con dos discos publicados en esta época, pero perdió la vida al poco. El colectivo Soundwalk, en el que se incluía Patti Smith, le compuso una preciosa despedida en «Killer Road», en el que musicó los últimos instantes de su vida en Ibiza antes de caerse de la maldita bicicleta. Fue mucho después de aquellos quince minutos de Warhol.