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Netflix recupera (una vez más) a Ted Bundy, el macabro asesino que conmocionó a EE. UU

Tres meses después de estrenar una serie documental sobre Ted Bundy, ahora Netflix presenta un biopic sobre el psicópata

A la izquiera, Zac Efron en su papel de Ted Bundy y, a la derecha, una foto del propio Bundy
A la izquiera, Zac Efron en su papel de Ted Bundy y, a la derecha, una foto del propio Bundy - ABC
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Netflix siempre está al tanto de los aniversarios. El pasado 24 de enero se cumplieron treinta años de la ejecución en la silla eléctrica de Ted Bundy, uno de los criminales más macabros de la historia de Estados Unidos, y ese mismo día la plataforma estrenó la serie documental «Conversaciones con asesinos: Las cintas de Ted Bundy». El documentalista Joe Berlinger, ganador de dos Premios Emmy, compone en esta serie un retrato del asesino a través de imágenes de archivos, grabaciones de audio hechas en el corredor de la muerte y entrevistas con personas relacionadas con la investigación.

Parece que la figura del psicópata Bundy interesa a los usuarios de la plataforma, que en febrero anunció que había adquirido por nueve millones de dólares los derechos de «Extremely Wicked, Shockingly Evil and Vile». Netflix ha elegido el viernes 3 de mayo para estrenar esta película que se centra en una etapa controvertida en la vida de Ted Bundy, que será interpretado por Zac Efron: su relación con Elizabeth Kloepfer, la que fue su pareja desde 1969. Interpretada por Lily Collins, veremos una nueva cara del mítico psicópata, el que cuidaba de su pareja y la hija de ella, y que desaparecía por las noches para asesinar mujeres y practicar necrofilia.

Ted Bundy fue condenado a la pena capital tras quedar probado que asesinó a 36 mujeres entre 1974 y 1977, pero los investigadores creen que la cifra pudo llegar a la centena. ¿Cómo es posible que un ser humano alcance cotas tan altas de sadismo y maldad? El caso de Ted Bundy conmocionó a la sociedad estadounidense, y su juicio y posterior condena fue uno de los más mediáticos de la historia del país. De hecho, las aproximaciones cinematográficas a su figura que este año ha presentado Netflix no son las primeras: en 1986 se contó la historia de Bundy en la película «Deliberadamente extraño», en 2002 salió a la luz «Ted Bundy» y un año después «Un extraño a mi lado», basada esta en el libro de una conocida del asesino.

Un estudiante brillante

Nacido el 24 de noviembre de 1946 en Burlington (Vermont, Estados Unidos), Ted Bundy nunca tuvo una vida normal. Su padre era un veterano de la fuerza aérea estadounidense que abandonó a su madre antes de que él naciese. Louise, la madre del pequeño, le hizo creer que ella era su hermana mayor y que sus abuelos maternos eran en realidad sus padres. Hasta la adolescencia no descubrió el engaño de su madre, y en ese momento empezó a incubar un germen de odio contra el mundo.

Bundy se matriculó en Derecho en la Universidad de Washington, donde era tenido por un estudiante brillante y apreciado por sus profesores. En 1967, durante su época universitaria, conoció a Stephanie Brooks, una estudiante de psicología proveniente de una familia rica de San Francisco. El futuro asesino se enamoró perdidamente de ella e iniciaron una relación que duraría dos años. Transcurrido ese tiempo, ella decidió romper el romance debido a la oscura personalidad de su pareja. Bundy pasó una temporada destrozado, pero al cabo de unos meses conoció a Meg Anders y empezó a salir con ella.

Un tiempo más tarde, en 1973, se reencontró con Stephanie y mantuvo con ella un fugaz romance que duró hasta que Bundy la abandonó en invierno de ese mismo año. Poco después cometería su primer crimen. La víctima fue Joni Lenz, de 18 años, una estudiante a la que asaltó en la habitación de su residencia. Bundy la golpeó con un objeto contundente y la violó con la pata de la cama. Lenz logró sobrevivir, pero con daños neurológicos irreversibles.

Una gira macabra

Y una vez que probó a dar rienda suelta a su furia asesina ya no pudo dejar de hacerlo. Menos de un mes después de intentarlo con Joni Lenz otra chica, Lynda Ann Healy, desaparece en el mismo campus. Su cadáver descuartizado aparece un año más tarde en un bosque cercano a la residencia. El primer crimen le dejó con ganas de más, y elegía siempre víctimas muy similares: jóvenes estudiantes, blancas, guapas y de pelo negro…Todas parecidas a Stephanie Brooks.

Su modus operandi era muy sencillo, y supo aprovechar su atractivo físico y su carisma para sus malvados propósitos. Bundy simulaba tener el brazo roto y le pedía ayuda a alguna chica para que le ayudase a meter unos libros en su coche, siempre un Volkswagen de color blanco. Luego las golpeaba, las metía en el coche y se iba con ellas a algún lugar apartado, donde las violaba, torturaba y asesinaba. Así murieron, entre otras, Carol Valenzuela, Nancy Wilcox, Susan Rancourt, Donna Mason, Laura Aimee, Brenda Ball, Georgann Hawkins, Melissa Smith o Caryn Campbell.

Para no llamar la atención de la policía, Bundy decidió cambiar el escenario de sus crímenes e inició una macabra gira por Estados Unidos que le llevó a Idaho, Utah, Colorado y Florida, dejando tras de sí un rastro de asesinatos. En 1975 fue detenido por conducción temeraria y los policías que registraron su vehículo encontraron esposas, pasamontañas y barras de hierro en el maletero. Se le empezó a relacionar con los crímenes y fue encarcelado, pero en 1976 consiguió huir saltando al vacío desde la biblioteca de la cárcel. A los seis días fue capturado, pero la víspera de la Nochevieja de ese mismo año volvió a fugarse de prisión.

Antes de que la policía diese con él le dio tiempo a asesinar a dos jóvenes y a dejar a otras dos malheridas. Bundy ya no volvería a estar nunca en libertad, y le quedaban por delante once años de juicios y apelaciones. El 31 de julio de 1979, tras siete horas deliberando, el jurado declaró a Bundy culpable de los asesinatos cometidos durante su fuga y fue condenado a morir en la silla eléctrica. Bundy, que ejerció como abogado de sí mismo durante el juicio, logro postergar en tres ocasiones la aplicación de la pena. En un intento desesperado por salvar la vida confesó dónde había ocultado los cuerpos de varias de sus víctimas, pero nada le libró de morir electrocutado el 24 de enero de 1989.