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Navidad Las películas que demuestran que cenar con tu cuñado en Nochebuena no es tan horrible

«Pulp Fiction», «Ocho apellidos vascos», «Titanic», «Malditos bastardos» o «Scream» recuerdan que los eventos navideños, después de todo, tienen su lado bueno

Momento en que Vincent Vega trata de reanimar a Mia Wallace en «Pulp Fiction»
Momento en que Vincent Vega trata de reanimar a Mia Wallace en «Pulp Fiction» - ABC
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La Navidad ya ha llegado y con ella, las tradicionales cenas con toda la familia reunida a la mesa. Tíos, primos, abuelos, padres, sobrinos, hijos, suegros, nietos, cuñados… todos juntos compartiendo mantel e historias en los que, para muchas familias, son los únicos momentos de unidad en todo el año.

Sin embargo, estos encuentros, a menudo, suponen toda una prueba de supervivencia. Soportar los interrogatorios del suegro, los berrinches del sobrino de turno o los chistes, chascarrillos y demás historias del cuñado que está deseando que llegue la medianoche para salir a la calle a poner a prueba sus dotes pirotécnicas no es plato de buen gusto; pero como suele decirse, siempre podría ser peor. Así lo demuestran estas diez cenas vistas en películas, que evidencian que, por extraño que parezca, la ficción continúa estando, en ocasiones, por encima de la realidad.

Pulp Fiction (1994)

En el año 1994, John Travolta y Uma Thurman protagonizaron en «Pulp Fiction» una de las cenas más famosas de la historia del cine. Vincent Vega, el sicario drogadicto interpretado por Travolta, recibió el encargo de su jefe, Marsellus Wallace (Ving Rhames), de satisfacer durante un tiempo todas las necesidades de su mujer, la excéntrica y guapa joven Mia Wallace, a la que dio vida Uma Thurman.

Vincent cumplió. Llevó a cenar a Mia a un restaurante exclusivo. Cenaron una hamburguesa y batidos sobre un Cadillac y participaron en un concurso donde interpretaron un baile que ya es inmortal. Pero también, se drogaron, y fruto de ello la cena no acabó como parecía que iba a terminar. Y menos mal, pensará Vincent, que pasó de martirizarse por estar a punto de intimar con la mujer de su jefe a terminar resucitándola por medio de su camello gracias a una inyección de adrenalina.

Titanic (1997)

Pocas suegras tan malévolas pueden existir como Ruth DeWitt Bukater (Frances Fisher), la madre de Rose (Kate Winslet) en «Titanic», de eso no hay duda. A ella y su mirada asesina tuvo que enfrentarse el valiente Jack Dawson (Leonardo Di Caprio) la noche en que fue invitado a cenar en Primera Clase a bordo del «buque de los sueños». Pero también al prometido de Rose, el vanidoso Caledon Hockley (Billy Zane) y a todos sus arrogantes compañeros de mesa.

Sin embargo, ello no supuso ningún problema para Jack, que supo encandilar a todos los comensales desde el primer momento y esquivar uno por uno los embates de Ruth y Hockley. Con la ayuda de la entrañable e «insumergible» Molly Brown (Kathy Bates), el hombre que solo 24 horas más tarde se convertiría en el ahogado más famoso de la historia del cine supo salir airoso de la cena de una manera extraordinaria. Se permitió, incluso, recitar un monólogo que muchos hoy recuerdan con los ojos cerrados. «¡Por que cuente!».

Annie Hall (1977)

Las películas de Woody Allen están repletas de escenas gastronómicas y la oscarizada «Annie Hall» es un claro ejemplo de ello. La película se centra en la neurótica historia de amor que el comediante Alvy Singer (interpretado por Allen) vive con la joven Annie Hall (Diane Keaton). Para que esta triunfe, Alvy debe superar un duro escollo: su primera cena con los padres y familia de Annie, la noche de Pascua.

La velada arranca mal desde el primer momento, cuando a los comensales se les sirve jamón, alimento prohibido para un judío como Alvy, que comienza así la confrontación con la familia de Annie, generando diferencias irreconciliables.

Perfectos desconocidos (2017)

La última película de Álex de la Iglesia es todo un ejemplo de cena cuyos participantes hubieran deseado que no se hubiera producido nunca. Los comensales son los integrantes de cuatro parejas, que se conocen de toda la vida y proponen un juego: dejar los móviles sobre la mesa y leer en voz alta los mensajes (y atender de manera pública las llamadas) que entren a los teléfonos.

El resultado, una sucesión de situaciones surrealistas y tragicómicas, interpretadas por un reparto sobresaliente, con Belén Rueda y Eduard Fernández a la cabeza. Con ello, De la Iglesia consigue poner de manifiesto, de manera masiva, la influencia que los secretos que esconden las nuevas tecnologías han ejercido en el devenir de las relaciones personales. Un filme no del todo recomendado para ver en pareja, en especial para aquellos que tengan algo que ocultar.

Malditos bastardos (2009)

Al igual que Woody Allen, Quentin Tarantino es muy dado a rodar en sus películas escenas en las que sus personajes aparezcan comiendo, cenando o desayunando. Así sucede también en su sexta película, «Malditos bastardos», ambientada en la Segunda Guerra Mundial y en las que se viven dos cenas de alto voltaje.

La primera ocurre en una taberna, en el momento en que la actriz alemana que trabaja para las tropas de los Aliados, Bridget von Hammersmark (Diane Kruger) se pretende reunir con varios de los «Bastardos» y el teniente británico Archie Hicox (Michael Fassbender) para pasarles información sobre las intenciones nazis. Sin embargo, en la taberna se encuentra un grupo de militares de las SS, que han acabado ahí de manera totalmente fortuita. No hace falta ser un lince para averiguar que todo termina saltando por los aires.

La segunda se produce en una cena entre Shosanna Dreyfus (Mélanie Laurent) y el coronel Hans Landa (Christoph Waltz), mientras toman el postre. Shosanna sabe lo que Landa le hizo a su familia en el pasado, antes de que ella tomase otra vida distinta, pero el oficial no conoce prácticamente nada sobre su interlocutora, que sin embargo le detesta. La tensión en la escena es tan mítica sobre su memorable conversación sobre el «strudel de manzana». Con nata o sin ella.

Los padres de ella (2000)

Esta divertida comedia protagonizada por Ben Stiller, Teri Polo y Robert De Niro en el año 2000 también esconde una cena cargada de tensión: Gay Lo Follen (Stiller) quiere proponerle matrimonio a su novia Pam (Polo), pero antes debe visitar a sus suegros, Jack (De Niro) y Dina (Blythe Danner). La primera cena en conjunto, como no podía ser de otro modo, deriva en una caza de brujas por parte del primero.

Exagente de la CIA, Jack trata de desgranar el caparazón que su yerno le ha puesto a su vida, para lo que utilizará una amplia retahíla de artimañas, como juegos mentales o detectores de mentiras. Para más inri para Stiller, en el filme no tendrá de aliado a su mejor socio en la gran pantalla y gran amigo suyo en la vida real: Owen Wilson. Es más, en el largometraje, Wilson interpreta a Kevin, el exnovio de Pam.

Viridiana (1961)

La única película española en la historia en ganar la Palma de Oro en Cannes también esconde otra cena de lo más reconocible. Con Luis Buñuel a los mandos, «Viridiana» recrea la famosa última cena de Jesucristo, en un gesto que muchos interpretaron como la manera que tuvo el cineasta de reírse del franquismo.

El filme fue presentado directamente en Cannes, con una escena final, la de la cena, totalmente distinta a la que se había enseñado a los censores españoles para evitar su reprobación. A Buñuel le salió bien la jugada, pudo presentarla en Francia como quiso y además, el director general de Cinematografía de la España del momento, José Muñoz Fontán, fue el encargado de recoger la Palma de Oro. Franco lo interpretó como una burla hacia su persona y, cuando Fontán regresó de Barajas, se encontró con su destitución. El filme no fue estrenado en España hasta 1977, después de la muerte del dirigente.

Ocho apellidos vascos (2014)

Durante la exitosa comedia española de Emilio Martínez-Lázaro se vive otra situación de lo más tensa en el momento en que Rafa (Dani Rovira) se lanza a conocer en profundidad a Koldo (Karra Elejalde), el padre de Amaia (Clara Lago), la mujer que ha conquistado su corazón.

Para ello, organizan una cena en un restaurante vasco, en la que Rafa no puede reprimir su asombro ante las peculiaridades (y topicazos) regionales que esconde el País Vasco. De hecho, le resulta tan complicado como tratar de esconderse del que terminará siendo su suegro.

La cena de los idiotas (1998)

Esta divertida película francesa, dirigida por Francis Veber, se centra en sí misma en una cena: la que reúne cada miércoles al petulante Pierre Brochant y a sus amigos, en la que se disputan el dudoso honor de llevar al evento al invitado más idiota.

Aconsejado por un amigo, Brochant decide llevar al excéntrico François Pignon, un funcionario de Hacienda que se divierte llevando a cabo esculturas hechas con cerillas, pero al que todavía no conoce en persona. A Brochant le parece algo de lo más divertido: todo un idiota integral del que poder reírse sin parar. Pero ya se sabe que las cosas normalmente no son como parecen. Y en este caso, mucho menos.

Scream (1996)

A pesar de que otros filmes como «Seven» (también de 1996), «Django desencadenado» (2013; otra de Tarantino, todo un experto en cenas) o la española «El laberinto del fauno» (2006) también tienen impactantes escenas que se desarrollan durante una cena, solo el maestro del terror Wes Craven podía cenar esta lista con una de sus grandes películas de culto: «Scream».

En concreto, con su primera escena, en la que la joven estudiante Casey (Drew Barrymore) se está haciendo unas palomitas para cenar mientras espera a su novio Steve. Está sola en casa y se dispone a ver una película de terror junto a su pareja mientras cenan. Pero entonces recibe una llamada telefónica a la que responde, que cambiará su vida para siempre y que pondrá de manifiesto lo que todos los nutricionistas recomiendan: que cenar palomitas de maíz no es buena idea.