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Nadine Labaki, directora de Cafarnaúm: «Ser cínico está de moda»

La cineasta libanesa filma un áspero retrato sobre la infancia que desborda humanidad (y muchas lágrimas)

Una parte de la crítica la acusa de «porno miseria», la otra mitad se ha rendido a la historia de los pequeños protagonistas

Escena de Cafarnaúm, la película de Nadine Labaki
Escena de Cafarnaúm, la película de Nadine Labaki
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Hace escasos meses, la argentina Mayra Arena, una joven que había logrado salir de una de las villas miseria que rodean las ciudades de su país, tituló una charla TED con una de esas preguntas que te golpean durante días:«¿Qué tienen los pobres en la cabeza?». Y trató de dar explicación, desde la experiencia de su infancia en la extrema pobreza, a cuestiones como por qué la gente que no tiene nada tiene tantos hijos. Es inevitable que la pregunta de Mayra Arena te asalte de nuevo cuando, en el arranque de «Cafarnaúm», la película ganadora del Gran Premio del Jurado de Cannes que llega hoy a los cines, el niño protagonista explique al juez que ha demandado a sus propios padres por haberle traído a este mundo.

La escena del juicio no es más que un recurso de la cineasta libanesa Nadine Labaki, multipremiada en todos los festivales del mundo y nominada al Oscar, para iniciar el relato por el infierno de Cafarnaúm, un lugar que está en Líbano pero que podría estar en cualquier «villa miseria» del planeta. La cámara sigue a dos niños con la mirada cargada de tristeza y que logran, con sus interpretaciones (no es un documental) llenar de lágrimas la mirada del espectador que se quiera empapar.

¿«Pornomiseria» o bondad?

Precisamente, esa emoción que sacude hizo que cierta parte de la crítica impermeable de Cannes acusara a la cineasta de hacer «pornomiseria». El término, que instruyó Luis Ospina en los ochenta con el auge del cine social que arrasaba en festivales, estuvo a punto de arruinar a Nadine Labaki: «Me dolió porque mi idea era inocente.Vale, soy parte del sistema, no he vivido el infierno... Pero, ¿he hecho algo mal? Igual debería hacer caso a los críticos y ser más cínica, pero creo que ser cínico es una moda. Contener tus emociones significa ir contra tu naturaleza. ¿Por qué está mal tener sentimientos y empatizar con los demás? Me acusan de sensiblería, de pornomiseria, pero el objetivo del filme era que te pusieras en la piel del otro. No puedo hacer nada con esos cínicos que tienen sus propios problemas mentales», responde con dureza la libanesa, que invita a los periodistas que la critican «desde una cafetería de Cannes» a ir a su país natal. «Que vengan a Líbano para que vean que la realidad es mucho más dura de lo que cuento».

Más allá de la polémica, Nadine Labaki asegura que todo empezó con una palabra en su pizarra:«Cafarnaúm». El infierno en la tierra. «Escribí en mi pizarra las cosas que me preocupan y que veo: esclavitud infantil, tráfico de niños, el absurdo de tener que mostrar un papel para demostrar que tú existes, la idea de que pese a que tienes son invisibles para la gente... Miré a la pizarra y dije: en qué clase de mundo vivimos, esto es el infierno, vivimos en el infierno. Y eso es Cafarnaúm: el desorden, el caos... Así es cómo empezó. Escribí el título antes de tener una línea de guion», sentencia.

Por cierto, la respuesta de la argentina Mayra Arena la podría haber dado el joven protagonista del «Cafarnaúm»: «Los pobres tenemos muchos hijos porque es lo único que podemos tener y son la única razón para seguir levantándonos cada día».

Los que no han pasado hambre

Sin embargo, el público al que se dirige, no ha vivido ninguno de esos pesares. Quizá por eso, en Cannes, cuando parte de la crítica le atacó con desprecio, ella les respondió que la pobreza que ella muestra en pantalla está en la lujosa avenida de la Croisette, solo que la gente aparta la mirada a esos pobres que mendigan una moneda. «Cuando los vemos, giramos la cabeza. No queremos ayudarlos porque si no pensamos que estamos perpetuando el sistema o que yudamos a las mafias... Pero nos olvidamos de mirar a esos niños, de ponernos en su piel para imaginar qué estarán pensando cuando ven que les apartamos la mirada... Así que hablé con ellos y estuve con ellos, porque no quería escribir esto desde mi imaginación: quería que me lo dijeran porque nunca he pasado por su situación. Nunca he tenido hambre, nunca he tenido que dar a mis hijos agua porque no tenía comida... Nunca he sido invisble, al revés, siempre he estado demasiado expuesta», completó la cineasta.

«Cómo podemos vivir nuestras vidas con tantas contradicciones, con toda esa gente viviendo marginada. Esta película fue mi trabajo para entender el por qué. Hablé con las familias de estos niños, con la gente que vive en los barrios marginales, para entender por qué los marginamos, por qué los deshumanizamos, por qué los apartamos», sentenció sin dejar de mirar a todos aquellos que la critican por haber mirado con demasiada compasión.