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Muere el actor Albert Finney, el «pez gordo» británico

Albert Finney, actor británico nominado al Oscar en cinco ocasiones, ha muerto a los 82 años tras sufrir una corta enfermedad

Albert Finney y Audrey Hepburn
Albert Finney y Audrey Hepburn
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No acudió al college de Eton ni estudió en Oxford. No tenía tampoco el icónico acento cockney de Michael Caine ni arrastraba el aura maldita de Peter O’Toole, dos de los grandes de esa generación de humildes actores británicos que dejaron el frío de Inglaterra para conquistar Hollywood. Era uno entre un millón, y como tal consiguió sacar brillo a una aguja que, por lo demás, permanecía inadvertida en el pajar.

Albert Finney impuso su gracia natural en un mundo, el de la interpretación en Reino Unido, prácticamente exclusivo a la élite social y económica. Hizo de sus orígenes un sello de calidad y demostró estar a la altura con una de sus primeras grandes oportunidades en la profesión. Después de «Sábado noche, domingo mañana», dirigida por Karel Reisz en 1960, el actor se convirtió en el «héroe de la clase obrera»; tanto, que incluso llegó a renunciar al título de sir cuando se le distinguió.

Sin embargo, cuando se cruzó con la ocasión de su vida, la ahogó en un vaso de alcohol. Su adicción, así como su mala relación con David Lean, motivaron su despido de «Lawrence de Arabia», en cuyo papel protagonista le sucedió O’Toole, con quien coincidió en la Academia Real de Arte Dramático en la década de los cincuenta, constituyendo, en sus palabras, la «clase más sobresaliente que la Academia haya tenido, aun cuando no fuéramos reconocidos sino mucho tiempo después».

Su salida de la película que terminó ganando siete premios Oscar en 1962 no dejó de ser un ligero contratiempo en una trayectoria repleta de notables títulos y memorables personajes.

Para la historia queda su insolente «Tom Jones», que le valió un año después los primeros grandes reconocimientos de su carrera en forma de Copa Volpi en Venecia, de BAFTA en su tierra, del Globo de Oro al mejor actor revelación y la primera de sus cinco nominaciones al Oscar.

Nunca lograría levantar la estatuilla dorada, ni siquiera por la versión de Hércules Poirot que creó junto a Sidney Lumet, relegado, como tantos otros, al olvido de la Academia. Una omisión irrelevante al echar un vistazo a su filmografía, en la que fue el guardia de la finca de James Bond («Skyfall»), un alcoholizado excónsul británico («Bajo el volcán») y el marido de Audrey Hepburn en «Dos en la carretera», gracias a la que además de otro Globo de Oro se ganó el cariño de la actriz, con quien tuvo un romance tras el rodaje.

Pero, más que sus galardonados perfiles, fueron sus papeles en películas populares los que le brindaron un estatus digno del «héroe de la clase obrera» que siempre ha sido. Así, su fantasioso y demediado Edward Bloom en «Big Fish», uno de los títulos más accesibles de Tim Burton, o el gángster irlandés Leo O’Bannon en «Muerte entre las flores» –dirigida por Joel pero con guión de los dos hermanos Coen– le han valido el Oscar más preciado, el de los cinéfilos.