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Muere Sam Shepard, «cowboy» oscuro de la escena estadounidense

El actor, dramaturgo y director muere a los 73 años y deja un retrato sombrío pero brillante del sueño americano y de las relaciones de familia

Sam Shepard en una fotografía de 2014
Sam Shepard en una fotografía de 2014 - AFP
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El teatro LaMama seguía ayer en pie en el East Village de Nueva York, insolente ante el último musical sacaperras de Broadway y los inquilinos de los edificios del barrio, jóvenes de la Universidad de Nueva York que discuten sobre «Juego de Tronos» y sorben zumos orgánicos. Desde hace unos días, un fantasma levanta las pelusas de su sala de butacas oscura e incómoda. Ayer se conoció que Sam Shepard –dramaturgo, actor, poeta, director, guionista, novelista– falleció en su casa de Kentucky. LaMama fue uno de los teatros en los que Shepard contribuyó a crear la escena «Off Off Broadway» –otro de ellos fue Caffe Cino, que solo sobrevivió hasta 1968– y donde fue aclamado como uno de los dramaturgos más interesantes de mediados de la década de los sesenta. En el resto de sus cincuenta años de carrera, no se desprendería de esa etiqueta, hasta se considerado el dramaturgo vivo más importante de EE.UU. Unas complicaciones derivadas de la esclerosis lateral amitrófica (ELA) que sufría acabaron con su vida el pasado jueves. Tenía 73 años.

Shepard nació por casualidad en Illinois el 5 de noviembre de 1973. Su padre era militar de las Fuerzas Aéreas de EE.UU. y buena parte de su infancia la pasó de destino en destino. Su vida solo encontró cierta estabilidad geográfica –la familiar nunca la encontró, por el alcoholismo de su padre– en la adolescencia, instalado con el resto de su familia en un granja de Duarte, al Este de Los Ángeles (California). Esas experiencias fueron el primer motor de su creación dramática, que arrancó tras instalarse con 19 años en Nueva York: el mito del Oeste americano en desaparición, que era de alguna manera el fin del sueño americano, se instaló en sus primeras obras en los años sesenta. Solo en 1966 obtuvo tres premios Obie por tres obras diferentes: «Chicago», «Icaru’s Mother» y «Red Cross».

No se desprendió del espíritu errante de su familia, y pasó por Minnesota antes de mudarse a Inglaterra en 1971, donde se quedó hasta 1974. Su regreso a EE.UU. fue a la costa Oeste, donde fue fichado como autor residente del Magic Theatre. Acompañó a sus viajes de una creación febril: con 30 años ya había estrenado 30 obras, además de incursiones en la poesía o la dirección.

Su carrera la catapultó «Buried Child», en 1978, una obra que ancló su interés por desentrañar las esquinas emocionales y psicológicas de la familia, sus relaciones con la identidad familiar y su encaje en la América contemporánea. «Buried Child» ganó al año siguiente el premio Pulitzer de teatro, un galardón al que también consiguió nominaciones poco años después con obras de una temática similar con «True West» (1981) y «Fools for Love» (1983).

Shepard el actor

En el imaginario popular, sin embargo, ha quedado también imprimida la faceta de actor de Shepard, con una planta de estrella de la era dorada de Hollywood sacada de contexto. Lacónico, estoico, Shepard fue como un ‘cowboy’ sombrío, dentro y fuera de la pantalla, receloso de una fama inevitable. Consiguió una nominación al Oscar por su papel de actor secundario en «Elegidos para la gloria» (1983) y se convirtió en un rostro habitual de las producciones de los años 70 y 80 con títulos como ‘Days of Heaven’ ((1979) o «Quién llamó a la cigüeña» (1987). Trabajó con Michelangelo Antonioni, Terrence Malick, Robert Altman, Philip Kaufman o Robert Frank.

La etiqueta de dramaturgo y actor, sin embargo, se queda muy corta para Shepard. Escribo novelas y poesías. Ayudó a Wim Wenders con el guión de «Paris, Texas», que ganó la Palma de Oro de Cannes. Se fue de gira con Bob Dylan, con quien también compuso canciones. Hizo lo mismo con Patti Smith, que fue su amante antes de que apareciera Jessica Lange, su segunda mujer, con la que compartió treinta años de su vida y dos hijos (tuvo un matrimonio anterior y otro hijo en los 70).

Shepard fue una esencia americana en sí misma. Así lo describió Patti Smith en un poema: «Era un renegado con malos hábitos / era un búho que chirría / era un hombre que hacía de ‘cowboy’».

Sam Shepard y Barbara Hershey en «Elegidos para la gloria»
Sam Shepard y Barbara Hershey en «Elegidos para la gloria»