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La Mostra se despide con Johnny Depp dentro del uniforme del poder

El actor protagoniza «Waiting for the barbarians», adaptación de la novela de J. M. Coetzee

Johnny Depp, ayer en Venecia
Johnny Depp, ayer en Venecia
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Cuando la academia sueca concedió el Nobel de Literatura a J. M. Coetzee en 2003 dijo que «Esperando a los bárbaros» era «un thriller político en la estela de Joseph Conrad, en el que la ingenuidad de un idealista abre las puertas al horror». El escritor sudafricano escribió la novela en 1980. Casi 40 años después, un director colombiano [Ciro Guerra] se ha encargado de llevarla al cine mediante un guión escrito por el propio Coetzee. «Waiting for the barbarians» concursó ayer en la última jornada de competición de la Mostra de Venecia 2019, y levantó el ánimo de la prensa y del público del Lido, que andaba algo apesadumbrado después de varios días sin películas de primer nivel.

La historia de «Waiting…» nos transporta hasta una ciudad desértica y fronteriza, el último confín de un imperio que se parece mucho al inglés, en un punto del pasado que no podríamos determinar con certeza. Allí gobierna un hombre algo ingenuo, bueno con matices, que ejerce el cargo de magistrado, y a quien interpreta Mark Rylance [el protagonista de «El puente de los espías», de Steven Spielberg, y a quien hemos podido ver recientemente en «Dunkerque» o «Ready Player One»]. La vida transcurre monótona, entre excavaciones arqueológicas y escapadas sexuales esporádicas del magistrado, cuando aparece una expedición militar enviada desde la capital del imperio, desde la urbe. Tiene como misión averiguar si es cierto un rumor que pilla por sorpresa a la ciudad: que los bárbaros se disponen a atacar territorio imperial.

Al frente de ese convoy viaja el Coronel Joll, un Johnny Depp muy silencioso, con un impoluto uniforme azul marino y ataviado con unas extrañas gafas de sol que no dejan adivinar sus intenciones. Depp es la civilización, pero también es la generalización y el estereotipo sobre el otro: el bárbaro. Un moderno propagador de «fake news», podríamos decir. En la rueda de prensa del Palazzo del Casinò, el director Ciro Guerra contaba cómo se acercó al texto: «Cuando leí la novela del señor Coetzee encontré una alegoría muy poderosa sobre cómo el mundo se ha construido en torno al poder, y sobre lo que el poder necesita hacer para controlar a la gente. Cómo de fácil es para nosotros caer en ese sistema. Y cuando leí la adaptación del propio Coetzee, me sorprendió lo profunda que era».

El director de «El abrazo de la serpiente» y «Pájaros de verano» añadía que aunque la trama parece situada en un país y un tiempo lejanos, durante el rodaje empezó a parecerle más cercana, menos alegórica. «Esto que empezó como una alegoría parece una historia del hoy y del aquí», remataba. «Estoy de acuerdo con Ciro. Ese era mi faro durante la película», intervenía Johnny Depp, sentado a su lado. «Que la trama sigue siendo relevante hoy, de muchas formas y en muchos lugares del mundo. Quién decide», enumeraba pausadamente el actor de «Piratas del Caribe» ante la prensa, «cómo el poder se convierte en poder. Quién sigue esas órdenes o quién es prescindible, innecesario. ¿Toman las decisiones aquellos que están en la cima?».

La construcción de un villano

El villano que compone Depp, que termina deponiendo al magistrado e imponiendo su ley en esa ciudad fronteriza, no le parece al intérprete un villano sin aristas. «Lo más interesante de “los malos” es que no se levantan por la mañana… y, mientras se afeitan, juran que van a ser el peor ser del mundo y que van a ser los más malvados. Como actor piensas en cómo está construido ese hombre, cómo llega a ese lugar… ¿Realmente carece de emociones? ¿Es psicópata, es sociópata? ¿Hay un niño roto ahí dentro? Para mí, el Coronel Joll era alguien que decide destruir a todo el que penetre su armadura», explicaba sobre el proceso de creación de su personaje.