ES NOTICIA EN ABC

Misión imposible: Fallout Tom Cruise, la última estrella

El intérprete vuelve a ponerse en la piel del espía Ethan Hunt en «Misión imposible: Fallout»

Tom Cruise, en «Misión imposible: Fallout»
Tom Cruise, en «Misión imposible: Fallout» - ABC
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Ni siquiera una grave lesión ha podido frenar el entusiasmo de Tom Cruise, actor todoterreno que cada vez corre más riesgos. Resucitado gracias a la franquicia de «Misión imposible», el intérprete vuelve a enfundarse el traje del espía Ethan Hunt y reclama su trono: el de la última estrella de la meca del cine.

Porque no hay ningún actor que trabaje tan duro y se entregue tanto al cine que protagoniza como Cruise. Su última hazaña fue saltar desde un avión a otro en «Misión imposible: Fallout», una escena que grabó 106 veces. Fue él quien pidió hacer un truco de paracaidismo para lanzarse a 7.500 metros de altura a 354 kilómetros por hora y, al hacerlo, agarrar en el aire a August Walker, el personaje de Henry Cavill en el filme. Durante la secuencia, ambos son atacados por un rayo, aunque Cruise consigue llegar a Cavill.

El empeño de Cruise en la escena desquició al equipo de producción, obligado a construir durante un año el túnel de viento más grande del mundo. Filmaron durante tres minutos, tres días seguidos. A la misma hora. «Para mí es excitante rodar escenas arriesgadas sin tener ningún tipo de presión. Me enseñó mucho trabajar con alguien tan experimentado como Tom, un tipo capaz de rodar sus propias escenas de acción», explica a ABC el propio Cavill, que en la película se quita el traje de Superman para meterse en el de un agente de la CIA. El intérprete se deshace en elogios hacia Cruise: «Es un gran profesional. Su habilidad para motivar a una habitación llena de gente es increíble, jamás decae su entusiasmo, es capaz de terminar con cualquier atisbo de cansancio y siempre está preparado para trabajar. Es sorprendente», expresa Cavill, que va más allá. «Es un hombre que puede leer el pensamiento y las emociones de los demás mientras produce la película y eso se traduce en un entusiasmo colectivo. Su pasión por el proyecto es contagiosa. Me he dado cuenta de que la audiencia también se contagia de sus emociones porque es capaz de dotar a sus personajes de la pasión que él siente. Las habilidades de este hombre no tienen límite», añade Cavill, fascinado también por la maestría con la que Cruise pilota helicópteros: «¡Sentí que estaba en Top Gun!».

Viejos conocidos

Pero ni el cotizado estatus de Tom Cruise le libra de tener un director de orquesta. Tras las cámaras de la sexta entrega de «Misión imposible» está de nuevo Christopher McQuarrie, que ya le tiene cogido el pulso al inquieto actor, tras haberle dirigido en la anterior película de la franquicia. «Hay secuencias en este filme que muestran que es casi imposible matar a Tom Cruise. Descubrí que puede hacer más que cualquier otro ser humano y contagiar a su equipo para que también lo logren», explica al respecto McQuarrie, que reconoce al actor como la última estrella de Hollywood. «He trabajado con muchos actores a lo largo de mi carrera y ninguno tiene la amplitud de conocimiento que él en cuanto a narración cinematográfica. Cruise se arriesga físicamente, pero también se muestra vulnerable en pantalla. Cuenta con el equipo que le acompaña delante y detrás de las cámaras. Su físico le acompaña y es capaz de mantener ese aura de estrellas como Gregory Peck o Charlton Heston».

Tanto le ha convencido Cruise que McQuarrie es el único director que ha regresado a la saga: «Estoy encantado de volver, porque es algo especial. El nivel de expectación de la audiencia es tan alto que es un gran reto». Eso y las cifras, un éxito de taquilla. «Misión imposible: Nación secreta» recaudó más de 680 millones de dólares en todo el mundo y se espera que esta película supere esa recaudación. Esa es la magia de Tom Cruise, que persiste en el trono a pesar del tiempo. A sus 56 años, sigue siendo el principal héroe de acción de la industria, que se niega a jubilarle. Es, como escribe Anthony Lane en «The New Yorker», «el Dorian Gray de las películas de acción».

Y también su artífice, sumando a su faceta interpretativa su labor como productor. Él selecciona a los directores, aprueba el elenco y establece los términos de su participación en la acción. Eso, en su caso, significa involucrarse en tantas acrobacias como sea posible. «Tom quería algo más oscuro aquí, por eso tomamos ese camino. Me vi obligado a forzar la narración hacia donde quería el protagonista. Ha sido una lucha, porque se lesionó en una escena y se rompió el tobillo. Tuvimos que cancelar la producción y revisar el material porque había algo que no funcionaba», reconoce McQuarrie. Nada nuevo en la franquicia, repleta de ejercicios de equilibrismo entre cables. Las cinco entregas anteriores de la serie han sido una oda a los malabares, trepando acantilados o conduciendo motocicletas a 200 kilómetros por hora. Como dijo un coordinador de dobles profesional al «New York Times», «Tom Cruise tiene pelotas de acero y el coraje de un actor de doblaje».