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«Loving Pablo» Fernando León de Aranoa: «La historia de Escobar merecía la pantalla grande»

El cineasta español adapta el libro «Amando a Pablo, odiando a Escobar», con Javier Bardem y Penélope Cruz como protagonistas

El director de «Loving Pablo», Fernando León de Aranoa
El director de «Loving Pablo», Fernando León de Aranoa - AFP
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Lejos del icono pop en el que se ha convertido Pablo Escobar a través de las muchas series que lo glosan, Fernando León de Aranoa (Madrid, 1968) quiso desgranar el universo que él generaba y a la sociedad que lo vio nacer y lo alimentó. No obstante es una característica, la de contar cómo respira una sociedad, que ha marcado su cine desde que ganara el Goya a dirección novel por «Familia» y al año siguiente, ya sin novel, por «Barrio», algo que nadie ha repetido hasta hoy. Es un día lluvioso y Aranoa habla con ABC en un coqueto bar antes de que llegue la vorágine que supone una promoción de la mano de Javier Bardem y Penélope Cruz.

P - En los «Diálogos ABC» mencionó que una de las dificultades del cineasta es elegir una historia de la que hablará cinco años. ¿Si volviera atrás, volvería a elegir a Escobar?

R - Sí, porque para tener esa larga conversación con el público, con el equipo y con los medios te tiene que interesar mucho el tema. Empecé hace muchos años a documentarme sobre lo que pasó en Colombia en los años 80 y sobre Pablo Escobar. Desde el principio me pareció que la dimensión desproporcionada de la historia y lo que pasó, tan terrible, me interesaba como narrador. De hecho pensaba, ¿cómo es posilble que no se haya contado…? (Risas) Y ahora veo que algo de razón tenía porque se está contando mucho.

P - ¿Qué tiene de diferente este Escobar que no se haya contado antes?

R - Hay tres cosas. Una es la posibilidad de que sea Javier Bardem quien lo interprete. Para mí, él ha sido la mitad del trabajo. Lo segundo es que desde que empecé a leer la historia siempre imaginé una película de cine, sentí que esa desmesura de todo lo que pasaba en aquellos años merecía la pantalla grande. Eso está en la película con ese mundo desproporcionado del lujo y del narco que luego se va diluyendo. Y, por último, el punto de vista, haber encontrado la voz de Virginia Vallejo y su libro «Amando a Pablo, odiando a Escobar», porque es un personaje muy fuerte y es poco habitual encontrar una voz femenina en las historias de narcos.

P - ¿Por qué menciona lo de «pantalla grande»?

R - No es por sentimentalismo. Creo que hay historias que aguantan perfectamente en los dos soportes, pero creo que esta historia merecía la pantalla grande, ésta más que muchas otras.

P - Cuando empezaba su carrera, las críticas se publicaban los viernes en el periódico y ya. Ahora, la exposición es constante en redes. ¿Sigue preocupado por las críticas o ha cambiado su forma de enfrentarlas?

R - Como leí hace poco en una entrevista, solo me siento responsable cuando voy al volante de un coche (risas). Al principio, de joven, haces películas como un inconsciente, no tienes miedo. Conforme pasa el tiempo, te haces más consciente, pero también se compensa con una mayor tranquilidad. Siempre está ahí la curiosidad de saber qué va a pasar, qué van a decir de ti, y no creo que uno sea inmune a las críticas, pero creo que hay que entender lo que son y no hacer de eso el eje de tu trabajo.

P - El hijo de Escobar decía hace unos días en ABC que no había que humanizar a su padre...

R - Cuando haces una película intentas hacer un retrato lo más realista y cercano a lo que has destilado de todo lo que has leído, en mi caso más de 18 libros y mucha hemeroteca de la época. Te construyes tu propia imagen a partir de tantos puntos de vista diferentes. La película no pretende humanizar a nadie, pero creo que tampoco hay que olvidar que, cuando decimos de alguien que es un monstruo, ese «monstruo» es una etiqueta que va en contra de lo que hay que hacer, que es intentar comprender, no justificar, pero sí entender lo que hay dentro de una cabeza como esa. Decir que es un monstruo es muy poco útil porque lleva a que uno piense que es algo ajeno, cuando en realidad conviene explorar que en todos nosotros hay algo bueno y algo malo.

P - ¿Qué ha aprendido del personaje?

R - En el caso de Pablo Escobar, como en el de cualquier psicópata, hay un rasgo que es la ausencia de empatía. Ha de ser así para ordenar tantos asesinatos. Pero en su casa tiene mucha empatía con su familia, y seguramente sea más habitual de lo que creemos mezclar esos dos sentimientos. Para mí, una de las cosas más interesantes de Pablo Escobar es la búsqueda desesperada por el reconocimiento, y esa necesidad es un rasgo de muchas personas.

P - El cine de Aranoa se ha caracterizado siempre por su esfera social. ¿Temió que esta historia fuera demasiado «hollywoodiense»?

R - Creo que el gusto por desarrollar personajes, en este caso reales, sigue aquí y, junto con eso, la historia es más ambiciosa porque todo lo que hacía Pablo Escobar impregnaba todos los niveles de la sociedad. Esto me permite contar ese universo que él genera y que no se ha repetido, y también lo que pasaba en la sociedad y en la clase política, que permitió que algo así sucediera.

P - «Barrio», «Los lunes al sol», «Princesas»… Son películas que se mantienen actuales en su temática. ¿Teme que cuando acabe todo el fenómeno Escobar esta historia decaiga?

R - Cuando empecé en este oficio, siempre decía que las películas buenas son las que aguantan en el tiempo. El afán no solo de un cineasta, de cualquier artista, es eso que llaman el clasicismo y que las historias no envejezcan. No solo hablas al espectador de hoy, también al del futuro. Y eso no tiene que ver tanto con los temas que eliges como con cómo los abordas. Espero que cuando vean «Loving Pablo» en unos años, esta aproximación a la mente criminal de Escobar siga resultando interesante.

P - Hablábamos de cine social, de autor. ¿Es una etiqueta que le persigue?

R - Al fin y al cabo es una etiqueta y lo natural es que uno se resista a que le pongan etiquetas, aunque solo sea porque restringen tu capacidad de movimiento. Es verdad que me he resistido siempre. Sé que está muy presente en mis películas la capacidad de asomarse a situaciones de injusticia social. El cine tiene que ser lo que su autor quiera que sea, aunque también tiene que entretener. Nunca he querido que la realidad se imponga como una losa en mis películas. De hecho, como espectador no es el cine que más me gusta.