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La leyenda de Walt Disney, el hombre que convirtió un ratón en un imperio

Walt Disney tuvo una dura infancia antes de convertirse en la leyenda de la animación que logró ser

Walt Disney posando con una animación de Mickey Mouse en un estudio de doblaje
Walt Disney posando con una animación de Mickey Mouse en un estudio de doblaje - ABC
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Elias Disney, de antepasados irlandeses, llegó a Estados Unidos desde Canadá y se instaló en Chicago en 1888. Allí contrajo matrimonio con Flora Call, de Ohio y antepasados alemanes. El cuarto de los hijos se llamó Walt Disney y nació en Chicago el 5 de septiembre de 1901. Nadie se podía imaginar que aquél niño llegara a construir uno de los imperios más importantes del mundo moderno.

En 1906, la familia se tuvo que trasladar a Maceline (Misouri), viviendo el joven Walt los años más felices de su vida. Demasiado joven como para trabajar, Walt Disney se empezó a interesar por el dibujo, una de sus aficiones. Tres años después, el padre Elias Disney cayó enfermo por una fiebre tifoidea, y tuvieron que trasladarse a Kansas City. Mientras su padre trabajaba como repartidor de periódicos, los jovenes de la familia le ayudaban por la noche mientras estudiaban por la mañana.

Un golpe de suerte llevó a Elias a convertirse en propietario de una empresa de refrescos, O-Zell Company, trasladándose de nuevo la familia a Chicago. Allí, Walt Disney ayudaba a su padre, mientras estudiaba en el instituto y acudía a clases de pintura por las tardes. Con 15 años, el joven consiguió un trabajo como vendedor de periódicos y golosinas, pero al robarle los vándalos la mercancía con frecuencia, fue rápidamente despedido. Intentó seguir los pasos de su hermano enrolándose en el ejército, pero era demasiado joven.

Por ello, y con el estallido de la Primera Guerra Mundial, Walt Disney continuó con su afán de enrolarse en el mundo bélico. A pesar de tener 16 años, falsificó su certificado de nacimiento para formar parte de la Cruz Roja, que le mandó por Europa cuando la guerra había terminado, llegando a Francia como conductor de ambulancias. Fue en el país galo donde comenzó a fumar, un hábito que mantuvo hasta su muerte. En 1919, regresó a Estados Unidos.

La llegada de Walt Disney a la animación

Ya de vuelta a su tierra, se trasladó a Kansas, donde su hermano le colocó en un estudio donde dibujó anuncios para periódicos, revistas y cines. Allí conoció a Ubbe Iwerks, con el que trabó amistad y montó su propio estudio. Bajo el nombre de «Iwerks-Disney Commercial Artists», en 1920. Pero no tuvo demasiado éxito, y fueron contratados de nuevo por Kansas City Film Ad. Allí es donde descubrió el mundo de la animación, que le fascinó, y en donde aprendió mucho, además de interesarse por bibliografía especializada.

Walt Disney posando con una pila de las 10.000 cartas que recibía Mickey Mouse a diario
Walt Disney posando con una pila de las 10.000 cartas que recibía Mickey Mouse a diario - ABC

Tras dos años trabajando para la compañía, Walt Disney creía haber adquirido el conocimiento suficiente como para embarcarse en una aventura por su cuenta. Creó en 1922 la empresa Laugh-O-Gram Films Inc., con la que crear cortometrajes animados basados en cuentos de hadas populares, como Cenicienta o El gato con botas. Entre sus empleados, se encontraba su amigo Iwerks. Los cortos se hicieron populares en Kansas City, pero los gastos eran desproporcionados.

Tras el último corto que creó, «Alicia en el país de las maravillas», el estudio se declaró en bancarrota. Fue entonces cuando Disney vendió todas sus pertenencias para poderse mudar a Hollywood, donde la industria del cine estaba bullendo, llevándose consigo la película de «Alicia».

Con 40 dólares en el bolsillo y el corto que mezclaba animación con acción real, llegó a Los Ángeles con la intención de convertirse en director de cine. Sin embargo, como no lo consiguió decidió probar suerte con su oficio. Envió la película a una distribuidora de Nueva York, que le compró la idea y le encomendó producir más cintas que combinaran acción real y animación. Con la ayuda de su hermano —enfermo de tuberculosis—, fundó la empresa Disney Brother's Studio, el germen de la futura The Walt Disney Company.

«Comedias de Alicia» fueron las películas que resultaron de dicho acuerdo y tuvieron bastante éxito. Sin embargo, tras varios problemas internos, en 1927 concluyó la serie, pero por entonces los personajes de animación estaban interesando más que los de carne y hueso, y en especial el gato llamado Julius.

«Oswald, el conejo afortunado» y Mickey Mouse

En 1927, recibieron el encargo de crear una nueva serie de películas, que serían distribuídas por Universal Pictures. Del lápiz de Iwerks nació «Oswald el conejo afortunado», que se convirtió en un éxito instantáneo. Al año siguiente, Walt Disney viajó a Nueva York para renegociar el contrato, y al no llegar a un acuerdo, decidió romper la unión. El personaje de Oswald pasó a ser propiedad de Universal —hasta 2006, cuando lo recuperó Disney— y se llevó a gran parte de los animadores de la compañía.

Fue entonces cuando Disney tenía que dar un golpe en la mesa. Sin los derechos de su personaje con mayor éxito, Disney e Iwerks creraron a un ratón cuyo origen definitivo está en duda: no se sabe exactamente quién de los dos fue su creador, pero el éxito perdura a día de hoy. Su nombre era Mickey Mouse. Aunque en un primer momento su nombre iba a ser Mortimer, dicho nombre fue descartado en el último momento por Lillian Disney.

Walt Disney dibujando a Mickey Mouse
Walt Disney dibujando a Mickey Mouse - ABC

Su aparición tuvo lugar el 15 de mayo de 1928, en «Plane crazy», un cortometraje mudo. al no interesar a las distribuidoras, Disney decidió crear una película sonora, llamada «Steamboat willie», que contó con banda sonora. Se convirtió en un gran éxito, y desde entonces todas las obras de la factoría contaron con sonido. Fue el mismo Walt Disney el que ofrecía con su voz los efectos sonoros y el que hacía hablar a Mickey Mouse hasta 1947.

Desde entonces, el éxito del ratón catapultó a la fama a Walt Disney. La Sociedad de Naciones premió a Disney con su medalla de oro, declarando al ratón como un «símbolo internacional de buena voluntad». En 1930 se trasladó al cómic, en una década en la que el mercado se inundó de productos con la cara del dibujo animado. Relojes, juguetes e incluso joyas de Cartier contaron con la cara de Mickey entre su catálogo. Públicamente se mostraron fans del ratón personajes de la sociedad como el presidente Roosbelt, Mussolini e incluso el rey Jorge V de Inglaterra.

En 1929, Disney también comenzó otra serie de películas tituladas «Silly symphonies», que eran enteramente dibujadas y animadas por Iwerks. Llegado un momento, Iwerks se cansó de que su trabajo no fuera lo suficientemente valorado por su amigo y jefe, por lo que decidió abandonar la posición que tenía en Disney y se fundó su propia compañía. Walt Disney, desesperado, tuvo que contratar a varias personas para desempeñar el papel que realizaba solamente Iwerks.

Este nuevo equipo consiguió sustituir el trabajo del anterior animador, lanzando, en 1932, la primera película de la compañía en color: «Flowers and trees», que logró el Óscar al mejor cortometraje de animación ese mismo año. Además, también en 1932, Walt Disney recibió el Óscar honorífico por la creación de Mickey Mouse. Pocos años después, empezaron a aparecer nuevos personajes junto al ratón, como Donald, Pluto o Goofy.

«La locura de Disney»

Sin embargo, uno de los proyectos más ambiciosos de Disney llegó cuando quiso realizar la primera película íntegramente de animación. Conocido como «la locura de Disney», nació

Walt Disney junto a dibujos originales de «Blancanieves y los siete enanitos»
Walt Disney junto a dibujos originales de «Blancanieves y los siete enanitos» - ABC

«Blancanieves y los siete enanitos». En 1934 comenzó el planteamiento de la producción, y hasta 1937 no se concluyó con este proyecto, que dejó a la compañía en bancarrota y con una gran deuda al Bank of America, que había prestado los fondos necesarios para terminar el proyecto, presupuestado en un inicio en 250.000 dólares y que finalmente requirió de 1.488.000 dólares.

Sin embargo, «Blancanieves», el primer largometraje animado en lengua inglesa, fue todo un éxito. Era el primero en utilizar el Technicolor, y consiguió recaudar unos 8 millones de dólares, salvando a la compañía de Walt Disney, y dándole la financiación suficiente como para abordar «Pinocho» y «Fantasía». Además, continuaban saliendo al mercado diferentes cortos de Mickey y sus amigos... la maquinaria había comenzado y nada hacía presagiar que se pudiera parar ya.

Pero no todo iban a ser caminos de rosas en la vida de Walt Disney. En el año 1941 el animador tuvo que hacer frente a una huelga de los trabajadores de sus estudios. Lo que llevó a los empleados al parón fue el hecho de que consideraban que, a pesar de ser los trabajadores mejor pagados de la profesión, reclamaban que algunas condiciones acordadas no se habían cumplido y que no aparecían en los créditos de las producciones de la factoría.

Tras el éxito sin precedentes de «Blancanieves», los empleados reclamaban sus derechos, pero Disney no podía asumirlos al haberse endeudado para asumir «Pinocho» y «Fantasía». Además, los estudios no reconocían al principal sindicato de los empleados de la animación, por lo que la tensión fue en aumento. Al término de la huelga, que se saldó con el reconocimiento del sindicato, mejoras salariales y un sistema para reconocer a los empleados en los títulos de créditos, la empresa perdió parte de la imagen de factoría paternalista que había ganado con los años.

Tras la huelga, ni «Fantasía» ni «Pinocho» obtuvieron la acogida esperada, pero se estrenó después «Dumbo», que volvió a convertirse en un taquillazo. Pero, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, Disney decidió aprovechar la coyuntura política para crear cintas educativas y de formación militar, como «El rostro del Führer», «Educación para la muerte», «Razón y emoción» o «Victoria a través de la fuerza aérea», en donde se transmitía la idea de que eran necesarios más bombarderos para la guerra.

Estos filmes propagandísticos no conseguían aumentar los beneficios de la empresa, por lo que era necesario que «Bambi», el siguiente largometraje de la compañía, fuera un éxito, pero no fue así en su estreno en 1942. Por ello, durante el resto de la década, Walt Disney se dedicó a producir únicamente cortos animados, más baratos y con mejores resultados económicos. Además, en 1944 decidieron volver a reestrenar en cines «Blancanieves», generando la tradición de llevar de nuevo sus cintas cada siete años a la gran pantalla. Además, se inició a finales de los cuarenta una serie de documentales que tampoco tuvieron una enorme repercusión.

A finales de la década, comenzaron de nuevo con la producción de largometrajes, con «La cenicienta» como la gran apuesta del momento. Le siguieron «Alicia en el país de las maravillas» y «Peter Pan», muy criticados por edulcorar las historias originales de Lewis Carrol y James M. Barrie.

Disneyland, el lugar más feliz del mundo

Walt Disney junto al castillo de Disneyland
Walt Disney junto al castillo de Disneyland - AP

Su proyecto más ambicioso, sin duda, era convertir el imperio de la cinematografía en un parque temático. De su cabeza surgió también, en los años 40, la idea de crear Disneyland. Originalmente, quería crear un parque de atracciones en el que sus empleados y los hijos de estos pudieran divertirse en sus descansos. Pero el proyecto fue haciéndose cada vez más ambicioso hasta convertirse en lo que es hoy en día.

Para crear Disneyland, el productor se inspiró en dos parques temáticos ya existentes en la época: Children's Faryland, en Oakland, California, y Jardines de Tivoli, en Dinamarca. Además, para ir creando en su mente el parque de sus sueños, se dedicó a visitar muchos de ellos por todo el mundo, pero siempre le parecían sucios y mal gestionados, algo que no podía suceder en su Disneyland.

Aunque en un primer momento quería crear el parque cerca de los estudios de animación, los permisos de construcción se lo impidieron, así que adquirió un terreno de más de 700.000 metros cuadrados con naranjos y nogales en la localidad de Anaheim, junto a Los Ángeles, en donde crear su primer parque temático.

Para ello, en 1952, creó una empresa adyacente en su grupo empresarial para construir el parque, que abrió sus puertas el 18de julio de 1955 después apenas un año de trabajos de construcción, y a día de hoy continúa abierto. 10 años después, en 1965, anunció la construcción de un segundo parque temático, llamado Disneyworld, que se levantaría en Orlando, cuya construcción comenzó poco tiempo después del fallecimiento del creador.

Walt Disney mostrando la ubicación de Disneyworld, en Orlando
Walt Disney mostrando la ubicación de Disneyworld, en Orlando - ABC

Sus últimos años de vida

Antes de morir, en la década de los 50, Disney descubrió la importancia de la televisión, comenzando también una carrera por la producción en la pequeña pantalla, creando el mítico «Mickey Mouse club», un formato que se internacionalizó con enorme éxito y estuvo en emisión hasta mediados de los 90. Además, Disney también presenció los éxitos de «La dama y el vagabundo», «La bella durmiente», «101 dálmatas» y «Merlín el encantador», todos ellos obra de sus estudios de animación.

En los años 60, Walt Disney Productions era ya la empresa más importante a nivel mundial en la producción de cintas de animación y al entretenimiento familiar. Sin embargo, había una espina clavada en el corazón del productor, y era poder llevar a la gran pantalla la historia de «Mary Poppins». Por ello, tras décadas intentando lograr los derechos de los libros de P.L. Travers, consiguió hacer realidad su proyecto en 1964, siendo nominada al Óscar a mejor película.

Disney dejó su puesto de trabajo a finales de 1966 cuando le fue diagnosticado un cáncer de pulmón como consecuencia de su adicción al tabaco. El 15 de diciembre de ese año sufrió un paro cardiorespiratorio del que no se recuperó, falleciendo en un hospital junto a los estudios de animación que él mismo fundó. A los dos días, y desmintiendo el mito popular, fue incinerado y trasladado al panteón familiar situado en el Forest Lawn Memorial Park, en Glendale, California.