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La revolución silenciosa

Lars Kraume: «Si no luchas por tus opiniones y sentimientos, estás muerto»

El cineasta italoalemán estrena «La revolución silenciosa», un drama político sobre la Alemania de después de la Segunda Guerra Mundial

El director italoalemán Lars Kraume, en una entrevista con ABC
El director italoalemán Lars Kraume, en una entrevista con ABC - ÁNGEL DE ANTONIO
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En 1956, cinco años antes de que se levantase el Muro de Berlín, el mundo todavía estaba recuperándose de los vestigios de la Segunda Guerra Mundial. Por si fuera poco, a finales de aquel año el pueblo de Hungría se reveló contra el Gobierno del país, por las políticas impuestas en el territorio por el mandato de Nikita Kruschev en la Unión Soviética. Las revueltas, encabezadas por estudiantes y con el objetivo de liberar al país del comunismo soviético, se extendieron durante tres semanas, entre el 23 de octubre y el 10 de noviembre. En ellas, murieron miles de civiles húngaros –entre 2.000 y 5.000, según datos de «BBC»– y más de 700 militares de la URSS.

Consecuencia de ello, un grupo de estudiantes de una escuela de la ciudad alemana de Stalinstadt, la hoy conocida como Eisenhüttenstadt, decidió solidarizarse con los revolucionarios y guardar un minuto de silencio en clase, en protesta por la represión soviética. Un hecho simbólico que recoge en sus memorias el profesor alemán Dietrich Garstka, fallecido el pasado 18 de abril y que fue uno de los jóvenes implicados en la protesta. Hace doce años, el libro cayó en manos del director de cine italoalemán Lars Kraume (Chieti, 1973). Le fascinó, aunque en aquel momento «no pensó en hacer una película sobre ello». Más de una década después, el cineasta estrena en España «La revolución silenciosa», inspirada en aquel minuto de silencio que Garstka plasmó en su obra y que Kraume define a ABC como «una película conmovedora, sobre el poder de la solidaridad y acerca del valor y necesidad de la libertad de expresión, dos valores fundamentales y que nunca pueden olvidarse».

«La Alemania de mitad de siglo era totalmente diferente al país que hoy conocemos. El Este era de una manera y el Oeste, de otra muy distinta. En ambas zonas, eso sí, la gente comenzaba a creer algo nuevo, porque todos se habían dado cuenta de que el fascismo no era la solución», cuenta el cineasta. «El capitalismo y la democracia se impusieron en el Oeste y el socialismo, al Este, en una época en la que la nota dominante era el silencio», agrega el realizador, que cuenta «La revolución silenciosa» como su séptimo largometraje. El quinto, «El caso Fritz Bauer», fue todo un éxito y se coronó en los Deutscher Filmpreis, los premios por excelencia del cine alemán.

Presentada este año en la Berlinale, «La revolución silenciosa» está protagonizada por un elenco de actores que apenas superan los veinte años, como Tom Gramenz, Lena Klenke o Leonard Scheicher, pero que aún así tienen que viajar en el tiempo para ponerse en la piel de ese valiente grupo de jóvenes estudiantes. «Trabajar con ellos ha sido una experiencia fantástica. Tengo dos hijos de edades similares, por lo que estoy acostumbrado a lidiar con chavales», sopesa Kraume, que solo le pone un pero a la inexperiencia de sus protagonistas. «Al ser tan jóvenes, apenas sabían nada sobre las diferencias que había entre el Este y el Oeste de la Alemania de la época. Por ello, tuvimos que ver varias películas que estaban prohibidas en la República Democrática Alemana (la Alemania del Este), para que se metiesen en contexto», confiesa.

Un tiempo «muy difícil»

Tanto «El caso Fritz Bauer» como «La revolución silenciosa» están ambientadas en el mismo lapso de tiempo y espacio: mediados de la década de los cincuenta en Alemania, si bien la primera se ciñe en concreto a 1957 y la segunda, a 1956. «Es una época muy difícil y que apenas ha sido tratada en el cine. Hablar de la Segunda Guerra Mundial, del régimen de Adolf Hitler o incluso de la revolución estudiantil de los setenta es mucho más espectacular. El silencio mandaba en los cincuenta y por eso no se ha contado mucho de lo que allí ocurrió, pero es muy interesante explorar todos los secretos que hay ocultos en esos años y todas las cosas de las que la gente no ha hablado nunca. En ese tiempo, la sociedad alemana se transformó, pero el horror del fascismo todavía seguía vivo en las casas y en las familias», asegura el director, que también se refiere a la relevancia que tomó entonces la libertad de expresión. «La película está rodada en un ambiente optimista. Los niños tienen comida, familias, amigos, educación, sus padres les llevan en moto al colegio... todo es muy romántico, muy bonito. Hasta el momento en que tienen que considerar si les compensa renunciar a todo por poder tener libertad de opinión, que es cunado todo cambia», fundamenta Kraume.

En ese sentido, el cineasta lo tiene claro. «Pocas cosas hay más importantes que creer en la fuerza de la solidaridad y en la libertad de expresión. Si tienes una opinión, tienes que hablar en voz alta. Si no lo haces, estás muerto. Tienes que levantarte, luchar por lo que piensas y tus sentimientos. Ese es el gran mensaje de la película», afirma tajante mientras habla acerca de lo «intoxicada» que estaba la información a mediados de siglo en el país germano. «Alemania fue el lugar más oscuro durante el siglo XX. La propaganda que allí se hacía entonces es lo equivalente a las 'fake news' de hoy en día», recalca. «Muchas veces, la gente lee o escucha algo y ya se cree que es cierto sin pararse a pensar en ello ni a hacerse preguntas. ¿Qué significa? ¿Hay otro punto de vista posible? ¿Qué diría el enemigo ante esto? No se puede confiar en una única fuente de información, hay que unir todas las piezas para constuir el puzzle. No hay más que ver a cualquier niño, al que su padre le dice una cosa, su profesor otra y la televisión otra distinta», concluye el cineasta que espera que, especialmente, «la gente joven» vea su película.