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La niebla y la doncella Los detectives de novela reivindican el thriller español

Andrés Koppel dirige la adaptación de la novela de Lorenzo Silva sobre la famosa pareja de agentes

Verónica Echegui y Quim Gutiérrez, protagonistas de «La niebla y la doncella»
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La Gomera, la Guardia Civil, un crimen sin resolver y una pregunta que se mantiene hasta el desenlace: ¿Quién mató a Iván? «La ambigüedad y amoralidad del final, de la forma en la que se contesta esa pregunta, construye un thriller muy de personajes, muy de mirada», explica a ABC Andrés Koppel, director y guionista de «La niebla y la doncella». La singular pareja formada por el sargento Bevilacqua (Quim Gutiérrez) y la cabo Chamorro (Aura Garrido) salta a la pantalla en esta adaptación de la novela homónima de Lorenzo Silva para investigar un asesinato y su relación con el narcotráfico. Hasta que irrumpe la cabo Anglada (Verónica Echegui) y vuelve todo patas arriba, incluida la relación de una de las parejas de detectives más famosas de la literatura española. «He desatado mi energía sexual en ella porque entendí que era muy salvaje y animal, más visceral que mental, y que primero hacía y luego pensaba», cuenta Echegui sobre su personaje, el más oscuro y complejo del filme, al que define como «una víctima de sí misma». Su estilo pasional la lleva a intimar con tres personajes, siendo el nexo imprescindible para entender qué ha pasado en una trama incierta, propensa a plantear más preguntas que a satisfacer con respuestas.

Precisamente respuestas es lo que busca el protagonista, que prefirió obviar «la socarronería más machista» de su personaje en la novela y «hacerlo más contemporáneo», inspirándose en los «brainstorming» de la cinta «Spotlight» y en la relación entre compañeros de Emily Blunt y Daniel Kaluuya en «Sicario». «Ahora es un tío cínico, pero menos», destaca Gutiérrez, que reconoce sentirse en estos momentos de su carrera más cómodo con el tono naturalista, con la improvisación, «aunque eso implique largas discusiones con el director».

«Todo lo que el Bevilacqua de Lorenzo piensa, el construido por Quim lo mira. Toma muchas decisiones cuestionables, le mienten y a veces incluso hace unos razonamientos que están mal planteados. Pero es lo que me interesa, porque la verdad al final se planta delante sin nececesidad del proceso de investigación», sugiere Koppel, que afirma haber tenido «libertad absoluta para hacer lo que quisiera».

Los referidos al papel del actor no son los únicos cambios respecto a la novela, aunque todos contaron con la comprensión del autor. «Nunca exijo fidelidad absoluta. Tan solo que se respete la esencia de los personajes, de su relación, de la historia, de cómo se plantea la mirada sobre la Guardia Civil...», señala Silva, que sí reconoce haber intervenido en algún punto porque, «sin resquemor ni oposición», le pareció que «algunas decisiones no eran coherentes con el esqueleto de la película».

Tanto Chamorro, con un papel circunstancial, como Bevilacqua, «dos policías más de investigación que de acción», pierden fuerza respecto a la novela con la «irrupción sexual de Anglada». El sargento, desprotegido al no ser el narrador y sin el contrapeso de «su compañera de vida», está vendido a las pasiones mundanas y a las vueltas de tuerca del guión. Hasta que Chamorro vuelve y le rescata: «Son colegas, más que hermanos. Puede haber tensión sexual, pero su relación va más allá que eso», aclara Gutiérrez.