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Jota Linares, la voz de la generación perdida

El realizador gaditano acaba de estrenar su segunda película, «¿A quién te llevarías a una isla desierta?», en 190 países gracias a Netflix

Jota Linares, junto al reparto de su segunda película «¿A quién te llevarías a una isla desierta?»
Jota Linares, junto al reparto de su segunda película «¿A quién te llevarías a una isla desierta?» - Netflix
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«Es más fácil plantearte abandonarlos cuando ves que el tiempo pasa y no llegan que seguir peleando por ellos». Jota Linares (Cádiz, 1982), como otros muchos soñadores, sabe lo difícil que es perseguir sus propios sueños. El director y guionista gaditano confiesa vivir atormentado por el síndrome del impostor: «Enfrentarte a la duda de si vales o no es de lo más doloroso que he hecho. Y la sigo teniendo, sigo teniendo miedo a ser del montón». Su carrera, actualmente, no es muy extensa. Linares cuenta con dos filmes, pero ya se ha convertido en la voz de una generación atormentada de jóvenes sobrecualificados que han visto cómo la crisis les robaba su oportunidad para demostrar su valía.

En menos de un año, Jota Linares ha dejado claro que no nos podemos olvidar de su nombre (y el apoyo que le han dado la productora Bea Bodegas y Netflix lo corrobora). Después de pasar años dirigiendo publicidad de la mano de Brothers Films para marcas como Carrefour, Fairy o El Corte Inglés, llegó su oportunidad en la gran pantalla. Su golpe en el tablero del cine patrio, como explicó en ABC Fernando Muñoz, no pudo ser más ambicioso. «Animales sin collar» llegó como una versión libre de «Casa de muñecas», de Henrik Ibsen, una historia que estuvo flotando en su cabeza durante años hasta que la consiguió atrapar en un guion cuando se la trajo a su Andalucía natal y con unos animales políticos que hoy resultan familiares.

«Debuté con una película complicada y en cierto modo espero que, como dice la gente, ‘Animales sin collar’ se reivindique con el paso del tiempo. Es un filme que hicimos desde el amor y no fue un proyecto fácil», confiesa. Ni siquiera para Natalia de Molina. «Cada trabajo nuevo lo enfrentas con un vacío, y eso me lo decía mucho Natalia, que estaba muerta de miedo antes de comenzar el rodaje. Al principio yo no entendía cómo podía ser así si ella ya tiene dos Goyas, ¡si es la Meryl Streep de España! Al final nos pasa a todos lo mismo. Yo convivo la sensación de que no voy a dar la talla, de que voy a decepcionar y eso es lo que peor llevo», añade.

Jota Linares presentó su ópera prima hace menos de un año
Jota Linares presentó su ópera prima hace menos de un año-EFE

Ese temor lo refleja en su segunda película, «¿A quién te llevarías a una isla desierta?» (disponible en Netflix), a través de un grupo de cuatro amigos que hacen frente a la realidad después de vivir en su propio universo durante los ocho años que compartieron piso en Madrid. «Tienen que encararse a un futuro incierto el día que tienen que abandonar el piso en el que se han sentido seguros durante ocho años», matiza. Entre ellos, destaca, como Jota, una soñadora: Celeste.

«Es la más sincera», contesta Andrea Ros, para quien Jota Linares escribió el personaje tras ver el éxito que tuvo el cortometraje que propició todo. «Es la única que se plantea si es o no lo suficientemente buena para cumplir su sueño. Profesiones como la de actor son tan vocacionales que te definen como persona. Cuestionarte si realmente eres eso o no es muy doloroso porque te pone en duda como ser humano».

Pero también hay mucho de Jota en la cobardía de Marcos «por no enfrentarse a las cosas como son» o en la de Marta «por no querer ver la realidad». «Hicimos un ejercicio de honestidad muy fuerte para plasmar las cosas buenas de mi generación y las cosas malas. No somos santos ni lo seremos, pero lo que cuento es extensible a cualquier otra. Todos hemos tenido miedo al fracaso, a ver cómo maduramos y adaptamos esos sueños... porque hacerse mayor implica descubrir las decepciones adultas, y son una mierda. Todos vamos a pasar por ello, y si no, mala señal», asegura el director, que escribió el guion junto con su amigo Paco Anaya.

Algo que también tienen en común sus dos películas, además de haber pasado demasiado tiempo en la cabeza de Jota Linares, es que sus principales voces son femeninas. El gaditano también trabaja para dejar claro que la mujer no es el sexo débil. «Soy hijo de madre soltera y me han criado mujeres solas. Desgraciadamente, las mujeres muchas veces tienen que renunciar a sus sueños para criar a sus hijos, y por eso decidí que mi primera película tenía que ser de una mujer fuerte que aprende a serlo», dijo a Fernando Muñoz con una mezcla de orgullo y timidez.

Era un niño raro en un pueblo muy pequeño y el cine me ayudó a entender muchas cosas, como que puedo vivir la vida que yo quiero vivir
Jota Linares, director de cine

El poder curativo del cine

«Era un niño raro en un pueblo muy pequeño y el cine me ayudó a entender muchas cosas, como que puedo vivir la vida que yo quiero vivir». Jota Linares tiene claro que el cine tiene un poder curativo del que no nos podemos olvidar en plena crisis de plataformas. «Las cosas están cambiando. Al igual que hace décadas decían que la televisión acabaría con el cine porque se iba a instalar en todas las casas y no fue así. Tenemos que aprender a que hay que convivir, remar todos en la misma dirección y no a tirarnos piedras entre los trabajadores del sector. No somos enemigos unos de otros, somos compañeros. Se trata de hacer películas y que la gente las vea», reflexiona.

No era tarea sencilla disfrutar del cine desde Algodonales. Su primera película la vio en Sevilla junto a su madre. «Me llevó a ver ‘El Rey León’ y mi cabeza voló», ha recordado en diferentes ocasiones. Por eso, Jota Linares tiene claro que no puede posicionarse a favor ni en contra de las plataformas ni de las salas de cine. «Una catarsis (como la que él experimentó al ver 'Moulin Rouge' con sus compañeros de facultad) en el cine la recuerdas toda la vida, pero hay algunas localidades que su opción es en cuál de las ocho pantallas que hay veo la nueva de los Vengadores, ahí es donde está el quid de la cuestión. Yo vivo en Madrid y tengo dos cines en versión original donde puedo ver lo que me gusta. Si yo viviera en Cádiz, ¿qué hago?».

—¿Te va a dar datos Netflix?

—Ríe.