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José Luis Cuerda: «Con 71 años, si no eres maestro es que has desperdiciado la vida»

El cineasta estrena la «secuela espiritual» del ya clásico «Amanece que no es poco» rodeado de un elenco de 42 actores

José Luis Cuerda, durante el rodaje de «Tiempo después»
José Luis Cuerda, durante el rodaje de «Tiempo después»
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José Luis Cuerda (Albacete, 1947) es hoy un hombre frágil que contrasta con las imágenes de archivo de aquel manchego fortachón que daba órdenes a los mejores actores de su generación en «El bosque animado» (1987) o «La lengua de las mariposas» (1999). De aquel cineasta a este que ahora estrena «Tiempo después», la «secuela espiritual» de su clásico «Amanece que no es poco» (1989), perdura su voz ronca y unos gestos innatos de director que se le escapan cuando organiza, con apenas un gesto, a la gente que entra y sale de la sala. Y su humor, incontrolable incluso cuando pierde el pie de la anécdota que estaba contando de aquel frenético rodaje de 1989. También el talento, el suyo y el de los que le rodean: hasta 42 intérpretes le han arropado para sacar adelante esta historia tan loca y disparatada como lo era su precuela.

¿Cómo explicar el «sudoku» pseudofilosófico y crítico que se resuelve en «Tiempo después»? Difícil, tanto como entrar en su rebufo de chistes sin freno si no se es seguidor de su humor surrealista. Todo es un «gag», hasta el hecho de que se estrene el 28 de diciembre, Día de los Inocentes...

La historia arranca en el año 9177 en un páramo que recuerda al desierto de Monument Valley donde se erige el «edificio-mundo» (inspirado en las Torres Blancas), donde habitan los que se han dotado de ley y orden. Fuera, lejos de los límites de la civilización que representa el edificio de Sáenz de Oiza, un grupo de desarrapados conspira para ver cómo subvertir el orden al ritmo de esa asamblea donde se vota agitando las manos y donde se descuartiza al «aliado» por un matiz insulso. Los de dentro, por cierto, son los «malos»... Desbrozado el árbol de la metáfora más simplista, queda el bosque, es decir, el puro surrealismo que dispara bromas sobre poesía, literatura, política... «La política es uno de los artefactos con los que convivimos, y qué menos que hacer humor con ello de vez en cuando», lanza José Luis Cuerda con un amago de risa para, después, ponerse serio al hablar de lo importante: «Renunciar al arte es de estúpidos. La literatura es el arte más conmovedor. Es divertida, dramática, trágica, mortal...», enfatiza como si fuera un poeta, los únicos por los que, dice, siente algo de interés.

Mentor de una generación

«Todos somos contingentes, pero tú eres necesario». Siguiendo esta frase mítica del labrador de «Amanece que no es poco», los herederos del humor manchego de Cuerda, esto es, los «chanantes» Joaquín Reyes, Raúl Cimas y Carlos Areces, reconocen en el director a un «maestro». Etiqueta que él rechaza «con modestia»: «En determinadas cosas creo que sé bastante, en otras no tanto. Pero con 71 años, si no eres maestro es que has desperdiciado la vida, porque debes haber aprendido lo suficiente como para tener algo que enseñar».

De lo que no quiere saber nada es de Netflix. «No sé manejarme con esos aparatos, tengo una televisión que es de grande como una chimenea», espeta cuando se le pregunta sobre cómo cree que verán las nuevas generaciones su película, sobre todo cuando «Amanece que no es poco» fue ganando nuevos adeptos en cada reposición en La 2. «No sé ni de Netflix ni de karaokes, no lo sé manejar y no encuentro aliciente suficiente como para meterme en ello», sentencia descreído, aunque, eso sí, hace un guiño al público: «Allá ellos cómo la quieran ver, pero si la quieren ver, por algo será. Con el corazón en una mano y la cabeza en la otra, es lo mejor que he hecho, que no es poco».