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Campeones Javier Fesser: «Los discapacitados deben perder las etiquetas, hay que tratarlos como a cualquier persona»

El director estrena «Campeones», una comedia sobre las «supercapacidades» de un equipo de discapacitados intelectuales que debutan en el mundo de la actuación

Javier Fesser dirige Campeones
Javier Fesser dirige Campeones
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Hay historias que atrapan por el ritmo o por su impecable guión; a otras, en cambio, no les hacen falta artificios, solo la verdad. Historias a las que, a veces, se cierran los ojos y también las puertas y, aún así, se abren camino por sí solas hasta que llegan. Esta, la de «Campeones», encontró a Javier Fesser y lo despertó del letargo de los cortos, a los que se dedicó desde su última película, «Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo». El director de «El milagro de P. Tinto», con su particular sentido del humor, impone al personaje de Javier Gutiérrez, frustrado por su baja estatura, una paradógica redención: entrenar un equipo de baloncesto formado por nueve actores noveles, debutantes con discapacidad intelectual pero con una «supercapacidad» para «emocionar a través de la risa».

P - -¿Cómo surgió esta historia?

R - -En lugar de buscarla, parece que me buscó a mí. Leí el guión original y me enamoré de los personajes. Quise dirigir esta película, ponerla en escena pero, sobre todo, quería verla. Son unos personajes con una capacidad tan bestial de emocionar a través de la risa que no se me ocurre mayor regalo para un espectador que reír y llorar emocionado. Y si encima te vas a casa con el corazoncito tocado... Cada vez creo más en la fuerza de los personajes en comparación con la historia, por eso me fascina profundizar en cada uno y encontrar sus diferencias y peculiaridades.

P - -¿Fue un reto dirigir a tantos debutantes?

R - -El mayor reto para mí fue sacar la verdad de nueve personas que no son actores, por lo demás todo fueron ventajas. Asociada a su discapacidad intelectual venía una dosis de ilusión, de entusiasmo y de ganas de hacerlo todo lo mejor posible que para cualquier equipo es un lujo. Es un trabajo duro y no encontramos en ningún momento el más mínimo síntoma de debilidad o impaciencia.

P - -¿Era necesaria una película así para romper los prejuicios?

R - -Puede ayudar a que el colectivo de personas con discapacidad intelectual empiece a perder etiquetas y sea mirado con la normalidad con la que hay que tratar a cualquier persona.

P - -Los actores dicen de usted que una vez vestido y maquillado nunca se sabe cuándo está rodando.

R - -(Risas) Siempre utilizo a favor de la historia la realidad en lugar de disimularla; cualquier acento de serie de un actor, cualquier peculiaridad. Confío en las cosas que ocurren sin que se lleguen a manipular del todo. Desde que das motor hasta que dices “¡Acción!” hay unos segundos en los que ocurren cosas que no estoy dispuesto a perderme. Es buscar la verdad en esos momentos de chispa, irrepetibles, que de pronto suceden delante de una cámara y que por muy buen director que seas, no se pueden provocar, salen solos.

P - -Otros hubiesen huido del humor, en cambio usted decide explotarlo. ¿Le hizo falta medirse?

R - -He rodado cada plano boquiabierto, con una admiración brutal hacia personas capaces de provocar tanta emoción, de proyectar tanta sinceridad y de ser tan auténticos. A todos nos apetecería ser así, pero no sé qué hacemos que nos empeñamos en disimular lo que somos. Desde ese cariño al ser humano con el que trabajé, me resulta imposible meter la pata.

P - -Hablaba de la importancia de concienciar, y que ojalá sirva para ello esta película. ¿Aprendió algo usted?

R - La empecé pensando demostrar que todos somos iguales, y no, todos somos maravillosamente diferentes, acojonantemente distintos. Encontrar la supercapacidades de todos en las diferencias es lo más hermoso que nos puede pasar. Nos empeñamos en destacar lo que no sabemos o lo que hacemos mal más que en lo que sí sabemos hacer.