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Jaime Rosales, tras la huella de la tragedia griega en «Petra»

El ganador del Goya por «La soledad» regresa con un drama familiar liderado por Bárbara Lennie y Marisa Paredes

Jaime Rosales, al fondo, vigilia a Bárbara Lennie y Marisa Paredes antes de rodar una secuencia de «Petra»
Jaime Rosales, al fondo, vigilia a Bárbara Lennie y Marisa Paredes antes de rodar una secuencia de «Petra»
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No hay nada sencillo en el universo de Jaime Rosales, un creador tan admirado como complejo, y viceversa. En «Petra», dice, quería acercarse a la tragedia griega según las pautas que dejó marcadas Aristóteles hace 24 siglos tirando de un hilo tan «simple» como el de una hija que quiere descubrir quién es su verdadero padre. Casi nada. «A Jaime no le gusta hacer nada fácil. Entrar en su mundo es imposible. No quiere que sepas el guion, quiere que improvises pero adaptándote a él», revela Marisa Paredes, la mujer del artista que acoge en su casa a Petra, a la que se entrega Bárbara Lennie, que refuta las palabras de su compañera: «Mi estado en el rodaje era de incomodidad, vivía en contradicción permanente. Jaime demanda mucho pero con mucha precisión. Y es muy cabezota», confiesa.

«Yo soy muy sufridor, no disfruto nada al hacer una película», termina por reconocer Jaime Rosales, que no permite que las actrices se acerquen a ver lo que han grabado. «Necesito un grado de tensión para llegar a la calidad. Si se está relajado, no se alcanza», dice como un acto de constricción.

En busca del público

Ese mundo propio tan claustrofóbico que se filtraba en sus anteriores películas se disipa en «Petra», donde entra la luz de la costa catalana. «La obsesión [de ser más accesible] viene de la necesidad de llegar a más público, porque los cineastas que me sirven de faro tienen muchos espectadores, y porque hay que hacer afición por el cine, interesar a la gente. Si nos contentamos con hacer obras, por muy cuidadas que estén, que generan un abandono de las salas, el medio morirá», desgrana, y la pregunta a esa reflexión viene sola. «¿Qué le diría el Jaime Rosales de hace veinte al de hoy si le escuchara decir eso?». «Las personas cambiamos, mutamos. Cuando empecé quería hacer películas clásicas de Hollywood, pero la vida me llevó a descubrir el cine moderno como quien descubre la Piedra Rosetta. Ahora me interesan ambos, y “Petra” hibrida la tradición del cine clásico con el cine moderno sin ser ortodoxa en ninguno de los dos», defiende sobre el filme.

Una maldad latente

Entre los personajes de Marisa Paredes y Bárbara Lennie se cuela un debutante, Joan Botey, que da forma a un villano terrenal inolvidable, un compendio de maldad absoluta bajo la piel de un artista cínico pero directo que controla todo lo que ocurre en la masía donde vive y crea. En la realidad, Joan Botey es el dueño de la finca donde Rosales filmó «Petra», y al que convenció para ponerse en la piel del tirano que vertebra esta tragedia griega de la que es mejor no dar pistas para que el espectador se sorprenda mientras avanzan los capítulos desordenados.

Desde ese hilo que Rosales dijo tirar en la escritura, el de una hija en busca de su padre, hasta todo lo que se cuela dentro y fuera de plano -desde la maternidad hasta el poder, el dinero o la maldad- «Petra» aspira a dar tantas alegrías a sus actores y director como tragedia vivieron en su concepción.