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Isaki Lacuesta: «No concibo hacer cine desde el odio... Qué pereza, sería como vivir en Twitter»

El cineasta retoma la historia de los niños de «La leyenda del tiempo» doce años después en «Entre dos aguas», con la que ganó la Concha de Oro de San Sebastián

Isaki Lacuesta, con «Isra» y «Cheíto», director y protagonistas de «Entre dos aguas»
Isaki Lacuesta, con «Isra» y «Cheíto», director y protagonistas de «Entre dos aguas»
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Entre las aguas que rodean San Fernando (Cádiz) se ahogan los sueños de los hermanos Gómez Romero, unos «cualquiera» más en una de las ciudades con más paro de España. Pero el «Isra» y el «Cheíto», como se hacen llamar, son también viejos conocidos para el público. Hace doce años, el cineasta Isaki Lacuesta los presentó en «La leyenda del tiempo», una mezcla de documental y ficción donde los dos niños agitanados debían sobreponerse a la muerte del padre. Ahora retoma su historia en «Entre dos aguas» con la misma evocación musical y vocación documental. «La película ha salido más dramática de lo que esperábamos», cuenta el cineasta, que triunfó en San Sebastián gracias a este estilo que llama «ficción hiperrealista».

«En “La leyenda del tiempo” eran niños con un futuro donde todo era posible. Ahora esas posibilidades se han perdido por el camino y no han conseguido sus sueños. Eso es lo que lleva al drama, ver que muchachos que tienen todo están marcados por un destino que termina por cumplirse», lamenta Lacuesta, que viajó a San Fernando enamorado de la ciudad y sus gentes.

Un retrato de vida

«La primera película nació desde el amor a un sitio que me encantaba. Ahora es un retrato más crudo porque es lo que ves, no puedes evitarlo. Tenemos situaciones al lado que sin embargo vemos tan lejanas... Cuesta reconocer que en España hay analfabetismo en gente joven», cuenta con pesar sobre el entorno de «Isra» y «Cheíto». Eso sí, repite que no es la vida de ambos, sino situaciones que conocen de primera mano. La trama que vertebra el relato de más de dos horas es ficción. Ninguno de los hermanos ha pasado por la cárcel por narcotráfico ni malvive en la zona de pescadores después de que lo abandone su mujer. Son actores, que es lo que quieren ser, y es lo que reclamó el «Isra» cuando recibió la Concha de Plata a mejor intérprete.

Lo que sí es real es ese acento cerrado, tanto que a veces parece otro idioma. «Pensamos en subtitularlo», reconoce Lacuesta, «¿pero con qué criterio? Lo probamos para América Latina y en lugar de “carajote” escribíamos “boludo”», recuerda entre risas.

Con «Entre dos aguas», Lacuesta atrapa el tiempo de dos personajes encerrados en su circunstancia. En cierta manera, es lo que hizo Linklater en «Boyhood». Ambas surgen desde el mismo lugar: «No concibo hacer cine desde el odio o desde la crítica... Qué pereza. Estás cinco años en un proyecto, no puedes dedicarlo a pensar en clave de odio. Sería como vivir en Twitter».