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«Una íntima convicción» El proceso judicial que tuvo en vilo a Francia durante casi una década

El thriller judicial «Una íntima convicción», dirigido por Antoine Raimbault, se inspira en la inquietante historia real del caso Viguier

Laurent Lucas protagoniza la película de Antoine Raimbault
Laurent Lucas protagoniza la película de Antoine Raimbault - ABC
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Jacques Viguier sufrió uno de los procedimientos judiciales más complejos que Francia ha visto, el cual recoge la película «Una íntima convicción». Este padre de familia fue acusado del asesinato de su propia mujer tras la desaparición de esta, un proceso que no terminó hasta casi una década después. Mientras, sus hijos convivieron con una terrible ecuación: «Mamá ha desaparecido y papá está acusado de matarla».

El 27 de febrero de 2000 desapareció Suzanne Viguier, mientras el resto de su familia almorzaba en casa de los abuelos paternos. Su marido y sus tres hijos habían ido a almorzar, mientras ella descansaba. Esa noche había regresado tarde y no había programado su despertador hasta las 13.45, hora en la que llamó a Olivier Durandet, su amante. Tras la comida, Jacques Viguier y sus tres hijos regresaron a casa. Encontraron la puerta cerrada, detalle que hizo que no se extrañaran al ver que Suzanne no estaba en casa.

No fue hasta el día siguiente, el lunes, cuando Jacques inspeccionó la casa en busca de una pequeña pista del paradero de Suzanne. Lo hizo junto a Olivier. Encontraron sus gafas de ver junto al líquido de las lentillas, pero las lentillas no estaban. Pese a que sabía que algo estaba ocurriendo, no informó de su desaparición hasta el 1 de marzo. Horas más tarde, Olivier haría lo mismo. Unos pocos días después, el 8 de marzo, Jacques acudió a la estación central de policía de Toulouse para denunciar que el caso de su mujer había sido «secuestro y confinamiento forzoso».

Viguier tenía que haber viajado a Vietnam por motivos de trabajo, era profesor de derecho en la Universidad de Toulouse, pero, tras todo lo ocurrido, decide cancelar el viaje. A la espera de nuevas noticias de la investigación, el marido de Suzanne decidió deshacerse del colchón donde esta solía dormir sin ningún motivo aparente. ¿Por qué? Nunca se llegó a esclarecer esta incógnita. Las cosas no encajan, y la Policía comenzó a sospechar de Jacques. El 11 de marzo fue acusado del asesinato de su esposa, cargo por el que pasó en prisión preventiva hasta febrero de 2001.

Pero la historia no terminó ahí. Seis años después, el 22 de febrero de 2007, Jacques Viguier fue enviado al tribunal acusado de asesinato. Por suerte, durante el juicio encontró a alguien que creyó firmemente en su condición de inocente: en la película es Nora; en la realidad, podría haber sido el director del filme Antoine Raimbault: «Fui a Toulouse para asistir al juicio y allí descubrí a un hombre acusado sin pruebas», explica.

Poco a poco, fue construyendo una relación de confianza con la familia. «Probablemente como no era periodista, comenzaron a hablarme». Para construir el personaje de Nora, además de añadir algún detalle personal, se nutrió de Emilie. «No aparece en la película pero ha nutrido enormemente al personaje de Nora. Ella fue la compañera de Jacques Viguier tras la desaparición de su esposa. Tenía veinte años y soñaba con ser juez, cuando se conocieron en los bancos de la escuela de derecho. Luego lo visitará en la cárcel, entrará en la vida de esta familia, permanecerá con ellos durante nueve años y hará de esta lucha contra la injusticia un verdadero sacerdocio. La indignación de Emilie en los bancos del juzgado encaja con lo que descubro acerca de la justicia», añade.

Tras el primer juicio en el Tribunal de Haute-Garonne, Jacques Viguier es absuelto, pero el fiscal apela: «Para la familia Viguier, el respiro fue de corta duración. Cinco días después del primer juicio, apeló la fiscalía. Porque en Francia la fiscalía puede apelar una absolución para volver a empezar. Y si es posible, se condenaba a Jacques Viguier, ya que la opinión pública parecía convencida de su culpabilidad. Después, fui a Toulouse para proponer a los niños un documental sobre su punto de vista durante el segundo juicio. El documental nunca se emitirá, pero las imágenes alimentarán enormemente nuestra ficción. Y luego, cuando la familia pensó en cambiar de abogado para afrontar esta nueva prueba, hice de emisario y encontré al abogado Dupond-Moretti. Y pude asistir al juicio en Albi de primera mano, observando muy de cerca la gran máquina de juzgar y, especialmente, el trabajo de la defensa».

Plagada de realidad

Los detalles del caso son tan extraordinarios que uno no se atrevería a inventarlos. «Lo real se convierte rápidamente en el ADN del proyecto. Los nombres, la escucha, los interrogatorios en la vista, el dibujo de los niños... Todo es verdad. Pero tienes que encontrar un personaje, porque sin personaje no hay punto de vista. De mi obsesión con este asunto, ha surgido una obsesión cinematográfica que ha creado un personaje obsesivo. Círculo completo», explica. «Una íntima convicción» cuenta la historia de alguien que termina convirtiéndose en aquello contra lo que creía pelear. Alguien que, portando la antorcha de la presunción de inocencia, terminará pisoteándola, acusando a otro hombre sin más pruebas que las que llevaron al primero al tribunal.