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La increíble historia de Gennet, la primera persona sordociega que logró un título universitario en Europa

Abandonada por sus padres en Etiopía, la pequeña vivió una odisea hasta que llegó a España y aprendió a comunicarse. La película «Me llamo Gennet», dirigida por Miguel Ángel Tobías, relata su emotiva historia

Gennet y Ángela Molina
Gennet y Ángela Molina - Jon Ander Santamaría
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Gennet Corcuera no se da nunca por vencida. No se detiene a pensar lo que no puede hacer, se centra en lo que sí está en su mano. Como reír, aprender y, ahora, también enseñar. No puede oír ni ver, pero sí sentir lo que otros le transmiten. También es capaz de recordar su vida antes de que una infección le privara de ambos sentidos. Fue en Etiopía, antes de que sus padres la abandonaran en un orfanato, donde la encontró Carmen Corcuera, que la adoptó y la trajo a España. A ella le debe su nueva vida, la que ahora vive, y a ella le dedica su primera película, porque a pesar de no haber visto nunca una, ahora es la protagonista. Todo por su madre, «para que todo el mundo supiera el sacrificio que esa mujer había hecho para que ella se hubiera convertido en la persona que era».

Gennet aprendió el alfabeto dactilológico, la lengua de signos y a escribir y leer en braille en una escuela de la ONCE. Sacó un notable en selectividad, y se convirtió en la primera persona sordociega en lograr el título universitario en Europa. «Ella es el gran ejemplo del éxito de la educación especial, en la que estuvo once años, que le permitió después entrar en educación inclusiva y terminar siendo profesora en un centro de educación especial», explica a ABC Miguel Ángel Tobías, que dirige a la joven de 38 años en «Me llamo Gennet», un relato en primera persona de su vida mientras «trata de dar forma escrita a sus recuerdos tras la muerte de su madre».

La película, cuya recaudación será destinada a fines benéficos –el 100% de los ingresos el día del estreno y el 10% del resto de días será para FASOCIDE–, «es un canto a la vida» que reproduce la odisea de Gennet, «que es el paradigma de vivir una vida saltando una y otra vez al otro lado del miedo». Aunque el filme, que cuenta con la propia Gennet interpretando a la versión adulta de sí misma, se basa en su historia real, el director se vale de la ficción para que los espectadores puedan «sumergirse en el universo emocional de una historia tan compleja y con tanta belleza dentro de su dureza». Así, Míriam Díaz-Aroca hace de su madre en la ficción, que se estrena el 4 de abril en cines, mientras que Ángela Molina interpreta a Pilar Gómez, la profesora que la enseñó a ver en la oscuridad cuando llegó a España.

Muchos se habrían rendido ante las dificultades del proyecto. Gennet no ve ni oye y padece la «discapacidad más desconocida». Pero no capitula. «Es como vivir encerrados dentro de una cápsula negra, opaca e insonorizada: el aislamiento absoluto», define Miguel Ángel Tobías en una entrevista con ABC. Pero ella quería participar en la película para demostrar que si todos los sordociegos del planeta tuvieran sus mismas oportunidades, «serían millones los que podrían estar integrados en la sociedad en vez de abandonados en ese infierno de soledad y aislamiento», cuenta el cineasta.

A través de su intérprete, se le comunicaban los textos como a cualquier otro actor. Para mostrarle qué posición debía tomar frente a las cámaras, Miguel Ángel Tobías se colocaba detrás de ella y ponía sus manos sobre las suyas, de forma que ella pudiera imitar los movimientos que él reproducía. Explica el realizador, comprometido con proyectos audiovisuales sociales, solidarios y benéficos cada año y creador del formato «Españoles por el mundo», que al principio le costó entender por qué debía actuar de forma diferente a como lo hacía en su día a día. «Yo le explicaba que, por razones de cámara o iluminación, necesitaba que fuera como le había indicado. Entonces me hacía el gesto de ok en lengua de signos y lo rodábamos. La que está en pantalla es la Gennet actriz, que ha hecho todo lo que le he pedido a nivel cinematográfico». Como cuando actuaba en la compañía de teatro de la escuela. Como cuando aprendió a comunicarse, porque Gennet «no considera su sordoceguera una discapacidad» y, motivada por esa «capacidad infinita para sobreponerse», ha hecho de su interés por estar conectada al mundo, por saber lo que pasa a su alrededor, su principal objetivo.

Para el director, el caso de Gennet, «que es una persona autónoma», demuestra que si se facilitasen las oportunidades y recursos necesarios, no sería noticia que personas como ella lograsen una carrera. O que protagonizaran una película, a pesar de no haber visto nunca una.