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Jon Hamm: «Somos víctimas del cinismo porque nadie escucha»

El célebre protagonista de «Mad Men» regresa con «El rehén», que recupera el espíritu del mejor cine de espías

Jon Hamm da vida a un agente melancólico y depresivo
Jon Hamm da vida a un agente melancólico y depresivo - ABC
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Tres años después de la desaparición de Don Draper, el protagonista de la icónica serie «Mad Men», el actor Jon Hamm, ha hecho lo imposible por aceptar papeles que no tuvieran nada que ver con aquel personaje, hasta el estreno de «El rehén». Dirigida por Brad Anderson («La última llamada», «El maquinista»), el héroe es un diplomático destinado al Líbano en los años 80 con la misión de espiar a unos y a otros. Un trabajo sucio que parece ideal para el cinismo brutal y la inteligencia desbordante del hombre que dio vida a Don Draper. Una historia de intriga y corrupción que se sostiene en los hombros de Jon Hamm, con quien hablamos en Los Ángeles.

P - Su personaje siempre se sale con la suya, recuerda en su actitud a Don Draper. ¿Es así?

R - Son dos tipos de héroes diferentes. Mason es un diplomático que se gana la vida convenciendo a los demás gracias a sus buenos modales. Es cierto que ambos cuentan con mujeres hermosas a su lado, casas de diseño y viven rodeados de lujos. Sin embargo, Mason pierde el rumbo muy pronto y su cinismo le pone en un compromiso. Resulta curioso cómo el conflicto le estalla en la cara. En nuestra cultura, acabamos siendo víctimas del cinismo porque nadie escucha y leemos nuestra versión de la verdad sin pensar en la existencia de otra perspectiva. No soy muy devoto de las redes sociales, considero la conversación cara a cara mucho más productiva.

P - Usted necesitó apartarse por un tiempo de los focos y recuperarse después de aquel papel...

R - Sí. Necesité atención médica. Es importante, cuando atravesamos lagunas personales, buscar ayuda, admitir que te has cargado de negatividad y estás en peligro de autodestruirte. No soy un hombre perfecto.

P - Tony Gilroy escribió el primer borrador de este guion hace casi treinta años. Sin embargo, la película parece más actual ahora que nunca...

R - El gran regalo de Tony como escritor es su energía e inteligencia. Este guion lo escribió en 1991, cuando estaba en la Universidad, antes de internet, de los atentados de las Torres Gemelas, de los Clinton... Los años 80 ni siquiera eran geniales para mirar hacia atrás; al contrario, todos querían olvidarse de los años 80. Pero Gilroy entendió lo que sucedía. El alboroto, el ruido a su alrededor. Mi personaje, en estos años, se lo ofrecieron a Brad Pitt, Johnny Depp, incluso se habló de John Frankenheimer para dirigirla. No se hizo antes por alguna razón...

P - «El rehén» sugiere que las soluciones pasan por el diálogo...

R - Sí, cara a cara. Las llamadas no van a arreglar nada. Cartas, télex, lo que sea, no ayudan. Llévame a una habitación para estar en frente del tipo, necesito ver su rostro. Puedes fanfarronear y tuitear mierda estúpida, pero si realmente quieres arreglar algo, te metes en una habitación a dialogar.

P - ¿Habló con el director de los conflictos en Oriente Medio?

R - Sí, es un error tratar de buscar una solución fácil. No la hay. Estamos hablando de cientos de años de conflicto de religiones. Recuerdo los bombardeos del 83 o el 82. No sabía lo que estaba pasando, era un niño, pero oí hablar de ello. Al conocer la historia, descubres que los problemas latentes nunca se resolvieron. El terrorismo internacional se financió hace treinta años. Ese es el inicio del fuego que nos rodea.

P - ¿Cómo estimula su vida más allá del trabajo artístico?

R - Me encantan los deportes, perderme de acampada en la montaña... En el mundo real formo parte de un equipo de béisbol con amigos que nos reunimos a jugar todas las semanas desde hace una década. Ganamos y perdemos, no importa, pero lo pasamos bien. Es una excusa para juntarnos y conectar con mi pasión por la competitividad.

P - Estamos en verano, época de vacaciones... ¿Le gusta viajar?

R - Me voy a pasar todo el verano trabajando. Pero sí, me encanta viajar. Italia y España son mis países favoritos porque saben vivir la vida. Vosotros disfrutáis en la calle, habláis con la gente, conectáis en bares y cafés, no tenéis miedo de conversar con desconocidos. Es maravilloso. Los Ángeles es lo más parecido a España o a Italia que puedo encontrar en Estados Unidos.