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John August

El guionista de Tim Burton: un experto en arreglar los desastres de Hollywood

Además de guionista, John August es, como lo fue Carrie Fisher, un doctor de guiones y ha reescrito los libretos de «Minority Report» o «Iron Man», como la Princesa Leia hizo en su día con el «Hook» de Spielberg

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«Coge tu corazón roto y conviértelo en arte». A pesar de que la frase de Carrie Fisher, que Meryl Streep reprodujo durante su discurso en los Globos de Oro, no era tanto un consejo como su propio modo de vida, John August la siguió al pie de la letra con el libreto de «Big Fish», como si las sugerencias entre colegas guionistas se convirtiesen en útiles arengas motivacionales. Como si la vida de ambos escritores guardase, de alguna forma, cierto paralelismo.

August escribió su primera historia a los siete años en la máquina de escribir de su madre. No fue solo una vocación temprana, quería aprender a utilizar el aparato porque «era de mayores». Pero se dio cuenta de que al equivocarse, no podía simplemente borrar, o no sabía cómo hacerlo, así que simplemente desarrolló la capacidad para «hacer que esa palabra encajase en una frase que tenía que crear». Y de ahí a colaborar con Tim Burton solo hay un paso para uno de los guionistas más demandados de Hollywood.

Su «sociedad» con el director comenzó con «Big Fish», una de las películas más aclamadas de Burton y también la menos vinculada a su particular estilo. Ahí hizo suya la frase de Fisher, porque para escribir una historia hay que sentirla. «Es necesario buscar las emociones antes de ponerse a redactar», cuenta August en una entrevista a ABC en la Academia de Cine. «Para Big Fish tuve que buscar esa conexión emocional, porque el final de la película es muy lacrimógeno. Tuve que traer hacia mí esas emociones y, como un actor, sentirlas. Lloraba y después escribía las escenas», reconoce. Fueron varios días ante un espejo, llorando. Conseguirlo le permitió que otras personas sintiesen al ver la cinta lo mismo que él al escribirla. «Fue la película emocionalmente más intensa en la que he trabajo, pero mereció la pena. Fue como una agradable catarsis», explica.

«Escribir un guión es a veces como un deporte de contacto»John August, guionista

Entender lo que se quiere contar no siempre es sencillo. A veces hay que ponerse en la piel de los personajes, utilizar su sufrimiento como si fuese el propio, aunque sea a través de un método tan atípico como el utilizado por August. Pero hacerlo le permitió ganarse la confianza de Burton, para quien, a partir de esa primera colaboración que le valió una nominación al BAFTA, ha escrito los libretos de «Charlie y la fábrica de chocolate», «La novia cadáver» o «Frankenweenie». «Como guionista siempre buscas un director que sepa ver la idea que tú expresas para plasmarla en el filme. Aunque no siempre se encuentra. Por eso, dar con un director que tiene esa visión tan singular es toda una experiencia. Disfrutaba al entrar en la oficina de Tim Burton y ver toda la pared cubierta de dibujos de la película, porque era entonces cuando yo sabía que él me había entendido, era cuando veía cómo él entendía mi historia», asegura.

August no solo vive de sus estrechas colaboraciones con Burton. El oficio de guionista es como una montaña rusa: un día tienes que emocionarte para que el público sienta lo que tú cuando escribes y al siguiente entretener con una película tan comercial como «Los Ángeles de Charlie», cuyo libreto también firma. «Escribir un guión es a veces como un deporte de contacto». A veces duele, porque no sale. «Mi reto en esta cinta era encontrar un argumento para que la historia funcionase. Así que profundicé en el vínculo entre esas mujeres, que son como princesas, y su trabajo para el que es "su rey". Es como un cuento de hadas», reflexiona con una amplia sonrisa.

Doctor de guiones

Pero fue mucho antes de las Drew Barrymore, Lucy Liu y Cameron Díaz embutidas en cuero cuando la Princesa Leia se cruzó en su camino. Fue en sus inicios cuando descubrió que Fisher era más «guionista que actriz» pero, sobre todo, cuando vio su «excepcional talento», que de algún modo terminó guiando su propio camino. «La primera vez que la conocí fue en una proyección de Big Fish. Las luces se apagaron y ella llegó, levantó el reposabrazos y se puso cómoda en la silla para ver la película. La segunda ocasión fue en una fiesta en su casa de Beverly Hills y puedo decir que era tan encantadora y generosa como cualquiera esperaría que fuese», recuerda. Pero fue antes cuando la actriz se cruzó en su camino. «Cuando yo era becario en Universal recuerdo que estaban discutiendo si llamarla como asesora. Abrí mucho los ojos porque fue justo en ese momento cuando comprendí que el trabajo que tenía era simplemente ayudar a alguien en una película y eso fue una gran inspiración para mí como guionista», cuenta August.

«Carrie Fisher fue una gran inspiración para mí como guionista»John August, guionista

Y es que a veces el trabajo no consiste en escribir la historia, sino en escuchar e identificar el problema del que adolece, para ayudar a solucionarlo. A veces se reescriben historias de otros, otras simplemente se escucha lo que intentan contar. Es lo que se conoce como «doctor de guiones» o «arregla guiones». Lo que hizo Carrie Fisher con el «Hook» de Steven Spielberg y lo que más tarde haría John August con «Minority Report» o «Iron Man». Cuando se «arregla» un guión no se figura en los créditos, no se lleva uno méritos, aunque los tenga, pero gracias a sus aportaciones, son muchas las películas que funcionan. «A veces mi trabajo consiste en conseguir que todo el mundo entienda la intención de esa escena concreta que se atranca», explica el guionista. Y aunque le «encanta» asesorar y participar en estos proyectos, no termina de convencerle el mote que recibe el oficio. Por eso, como metódico escritor, lo aclara con una metáfora médica, no sin cierta ironía: «Sí que es cierto que nuestro trabajo es a veces desconocido y no se valora lo suficiente pero no me gusta utilizar la palabra de doctor de guiones porque da la sensación de que tu trabajo lo está haciendo la ambulancia en lugar del médico, y en realidad es el sanitario el que tiene el trabajo duro e importante, el conductor solo lidia con la situación». Para él, el doctor es el guionista, el que lo arregla es un altruista.

Hollywood, sin ideas originales

Pese a la cantidad de películas que se escriben y filman cada año, John August reconoce, como buen cirujano, el principal problema del que adolece la meca del cine. «Creo que es un momento muy difícil para hacer películas originales en Hollywood. Hay escasez de ideas, pero hay que tomárselo como lo que es, un reto. Se siguen haciendo buenas películas pero a una escala menor», comenta el guionista, que compara el poco recorrido de algunos filmes que se proyectan en Sundance con las películas de superhéroes que parecen copar cada día más las salas de cine. «Lo único que puedo decir al respecto es que para televisión sí se están haciendo grandes cosas», asegura. Y aunque afirma que escribir un guión para uno u otro formato es lo mismo, sí cambia la experiencia con la que se acomete la tarea. «Lo que es diferente es escribir para Juego de tronos, la producción es muchísimo más compleja, necesitas tener en la cabeza los diez episodios, saber lo que va a pasar, y todo eso con antelación. Pero las palabras son lo mismo».

Tampoco rehúye ante la evidencia del éxodo de colegas de la gran a la pequeña pantalla. Pero sí tiene una explicación. «Creo que las expectativas de calidad en televisión han subido enormemente. Y cada año hay series de mayor calidad gracias a que han surgido plataformas como HBO, Netflix y Amazon, las producciones están siendo mejores y todo el mundo está deseoso de escribir buenas historias para buenas series. Pero también es cierto que estas excelentes series están haciendo el dinero que tienen que hacer», concluye.