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Gonzalo Suárez: «Cada vez que aparece el dogma o la moda, yo ya estoy en otro sitio»

El cineasta y escritor presenta «La musa intrusa», un relato acompañado de jugosas anécdotas autobiográficas

Gonzalo Suárez presenta «La musa intrusa»
Gonzalo Suárez presenta «La musa intrusa» - Random House
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Con 84 años, Gonzalo Suárez habla como un joven en busca de una primera oportunidad. «De mayor quiero hacer cine», asegura con menos sorna de la que pudiera parecer. Porque este cineasta -y escritor, periodista, boxeador...- no quiere regocijarse en un pasado donde brillan sus reconocimientos, entre ellos el premio Nacional de Cinematografía, la Medalla de oro de las Bellas Artes, Caballero de las Artes y las Letras, Goya a mejor dirección por «Remando al viento», con Hugh Grant... Suárez prefiere buscar en su hiperactiva mente nuevos retos, como la novela que ahora presenta, «La musa intrusa» (Random House), un relato de ficción al que adorna con pasajes autobiográficos reales por recomendación de su editor, el fallecido Claudio López Lamadrid.

P - Entonces, ¿es una novela o es no ficción?

R - En cualquier caso, se lo debo a Lamadrid, que le gustaba mucho el relato de «La musa intrusa», pero era corto para justificar un libro. Entonces me dediqué a escribir otros relatos, y él tuvo acceso a un prólogo que se pretendía autobiográfico y dijo: «Esto es lo que hay que hacer». Entonces él fue el que tomó la iniciativa de dejar aparte los otros relatos y sustituirlos por estos retazos de vida.

P - En ellos se recrea con las anécdotas...

R - Sí... Eran cosas que por momentos me avergonzaban, tenía cierto pudor por el impudor con el que hablo de mis amigos, o al poner lo que ellos decían de mí. Por otro lado, da un aspecto real de ingenuidad.

P - De ingenuidad y de descreído con el destino...

R - Creo en el destino a posteriori, siempre lo digo. Creo en el sentido de la aventura, de no conocer qué voy a hacer, sobre todo a la hora de escribir. Si lo pudiera aplicar en el cine, como intenté en mis inicios... Pero eso era más difícil. Siempre he tratado de olvidar que existía el guión, en ningún rodaje se me ha visto con el guion en la mano.

P - Suena a escritura automática...

R - No exactamente en el sentido del «cadáver exquisito», porque yo creo que no soy surrealista… Los críticos aluden al surealismo, pero no. Sí existe como si alguien te dictara y tú le dieras forma, como si fueras en realidad un médium, pero siempre buscando una especie de cadencia equivalente al montaje en el cine. Me es difícil autoanalizarme, es preferible que me analicen otros.

P - En su relato, la musa es casi fantasmal, y la define como «sarcástica y estrafalaria». Si eso no es surrealista...

R - Sí, pero el surrealismo se vio avocado al dogma, y cada vez que aparece el dogma, el grupo o cualquier moda, yo estoy en otro sitio. No me gusta la cuestión gregaria ni estar enmarcado en un grupo. ¿Hay aspectos surrealistas? Pues sí, pero la frontera entre la realidad y lo llamado surreal no la conocemos: lo extraordinario es lo normal, lo normal es extraordinario. Y ese estupor un poco infantil no lo he perdido, y cada vez más, con la edad, siento más estupor y asombro por el entorno cotidiano.

P - Habla de la edad. En el libro cuenta una anécdota en la que unos jóvenes seguidores de Jean-Luc Godard atacan a Sam Peckinpah por «viejo»... ¿Siente hoy esa discriminación?

R - No… Esa gente daba al traste con toda una generación de grandes directores por los fanatismos del momento. Por eso nunca me han gustado los grupos, y menos los enfoques dogmáticos. Al parecer he contribuido en los inicios de la escuela de Barcelona, pero siempre me he sentido independiente.

P - ¿Cómo convive el Gonzalo Suárez director con el escritor?

R - El cine es la posibilidad de proyectar fuera de mí casi esquizofrénicamente, de sentirme más liberado por el hecho de que es una proyección, y es una posibilidad de acción que no me da la literatura porque se escribe sentado y eso me frustra (risas). Si pudiera escribir rodando sería lo ideal. Ir imaginando y conforme imaginas, que se vaya creando. Creo que la auténtica realidad virtual son los libros, la lectura. Parece de verdad que vemos con imágenes, pero nos condiciona la imaginación. La realidad que tú creas es extraordinaria.