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Hasta el último hombre

Mel Gibson: «Los héroes reales no visten con máscaras ni capas ni llevan mallas»

Gibson expresa su revulsión por la guerra y su admiración por el héroe en «Hasta el último hombre»

Mel Gibson da indicaciones a Vince Vaughn en el rodaje de «Hasta el último hombre»
Mel Gibson da indicaciones a Vince Vaughn en el rodaje de «Hasta el último hombre» - LIONSGATE
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Una década después de su último filme como cineasta, Mel Gibson regresa tras las cámaras con «Hasta el último hombre». A través de grotescas imágenes bélicas, el personaje de Desmond Doss demuestra su fe. Gibson expresa su revulsión por la guerra y su admiración por el héroe en «Hasta el último hombre» al elegir la historia de Desmond Doss, el primer objetor de conciencia, que fue condecorado con la Medalla de Honor del Congreso por su valentía en la batalla de Okinawa en 1945. Desmond, interpretado por Andrew Garfield, miembro de la Iglesia Adventista de Virginia, se alistó al ejercito como médico, sin embargo se negó a pelear por la interpretación literal del mandamiento: no matarás. Mel Gibson retrata con inteligencia la historia de un hombre que, según él, le cambió para mejor.

[Lee nuestra crítica de «Hasta el último hombre»]

De acuerdo a su fe, Desmont Doss es un santo a sus ojos por negarse a matar, en su historia no esconde la crueldad y la violencia que le rodea.

Lo primero que quería al retratar la guerra era ser realista, la pérdida de vidas humanas es la primera consecuencia de este evento. Los japoneses describen esa batalla como una lluvia de balas y metralla. Al mismo tiempo, subrayar lo que significa para un hombre de convicciones y fe ir a una situación que es el infierno sobre la tierra, una situación que reduce a los hombres a comportarse como animales y cómo, en mitad de aquella barbarie, mantiene su espiritualidad. ¿Quien es éste hombre? Está por encima de la religión, por encima de todo, él va a la guerra a representar actos de amor salvando soldados en ambos bandos. Esa es la belleza de la narración, el pináculo del heroísmo.

-Se podría hacer un paralelismo entre su personaje y lo que representa Jesús.

Hay paralelismos, para este hombre Cristo era el héroe. Él vive a través del acto más grande de amor que se ha realizado que es morir por el resto de los hombres, algo que hace Desmond Doss constantemente, batalla tras batalla. Por eso creo que mi película es una historia de amor, no una película bélica.

-¿Cómo influye la religión, su fe, en su día a día?

Soy un pobre practicante, me gustaría tener mejor fe. Por eso busco historias como ésta, con protagonistas como Desmond con una fe que es inamovible. Me gusta inspirarme con hombres de fe, actos de fe de otros. Cuando leí el libro de Desmond no lo hice por su religión, sino por su fe. Me estimularon sus convicciones, la pureza de su amor, su corazón pleno de Dios incluso en los momentos de más duda. En cuanto a mí, sé que soy imperfecto y trato de mejorar pero lo hago en privado.

-¿Por qué no aparece en el filme?

Yo no estoy pero sí mi sombra.

-El elenco de la película es fabuloso.

La contribución de los actores es increíble, creo que es el mejor trabajo que han hecho en su carrera. Tuve la suerte de admirarles desde mi posición, ser testigo de lo que ocurría. Vince (Vaughn) y Andrew (Garfield) han creado personajes, no necesariamente simpáticos al público, pero testimonio de lo que fueron. Les aplaudo por conseguir hacerme quedar bien a mí. Su trabajo es realmente fantástico.

-Las escenas de guerra de «Braveheart» son icónicas en el cine, ¿le prepararon para crear «Hasta el último hombre»?

Son diferentes, aunque el proceso de rodaje sea el mismo. El conflicto medieval tiene poco que ver con la guerra del siglo XX. Es muy distinto pelear con objetos pesados a disparar bombas y balas, el nivel de dificultad se multiplica, además tenía un veinticinco por ciento menos de presupuesto y la mitad del tiempo para rodar. «Hasta el último hombre» es un filme independiente.

-Ha merecido la pena esperar diez años por su película.

Muchas gracias, me siento muy orgulloso del resultado. El mejor cumplido me lo dio el hijo de Desmond cuando me dijo: «Ese que está en pantalla es mi padre». Creo que le debo a Andrew el éxito del filme, ha representado su papel con criterio, con una veracidad que es muy difícil de encontrar en el cine de hoy entre los actores.

-¿Su película devuelve la fe en la humanidad?

Los héroes reales no visten con máscaras ni capas ni llevan mallas. Lo que Desmond demuestra es lo que más me ha inspirado en mi vida, un hombre que es capaz de transcender y superar lo que significa la guerra. Un hombre así es necesario y siempre ha habido uno en mitad del terror. Es un mensaje vital porque nos encontramos en un periodo muy oscuro de nuestra historia, ha sido oscuro antes y volverá a serlo, no aprendemos. Nos comportamos bien durante veinte o treinta años y volvemos a lo mismo. Este filme es un recuerdo de la guerra, de su brutalidad y quiero que el público se sienta abrumado por las imágenes, acentuando lo bueno y lo malo. Desmond representa una idea de masculinidad, especialmente en los tiempos de Trump, que es muy necesaria. No se trata de agredir, ni de dominar, ni de ser egoísta. Es la antítesis, es un hombre sensible, valiente, que se sacrifica por los demás.