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Festival de Cannes Un thriller neoyorquino y delirante en una competición anodina y preocupante

«Good Time», de los hermanos Safdie, llega a tumba abierta, a todo trapo y con la sirena encendida

El director Josh Safdie y el actor Robert Pattinson, durante la presentación de «Good Time»
El director Josh Safdie y el actor Robert Pattinson, durante la presentación de «Good Time» - AFP
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La lista de películas que ya han salido a la competición y que no deberían ganar la Palma de Oro empieza a ser enorme, preocupante y augura un Palmarés que solo hará feliz a los que consigan subirse a él aunque sea reptando. Esta falta de calidad y grandeza «made in Cannes» en el programa oficial de su 70 edición permitía un cierto entusiasmo con el «thriller» rabioso de los hermanos Safdie, Benny y Joshua, dos jóvenes neoyorquinos que presentaban «Good Time», una paletada de tensión, ritmo, acción y delirio en esta sepultura a punto de cerrarse. Antes se proyectaba «Una mujer dulce», del ucraniano Sergei Loznitsa, película insufrible y larguísima a la que no había modo de verle la conexión con el relato corto de Dostoievsky («La sumisa») ni, por supuesto, con la excelente adaptación que hizo de él Robert Bresson.

«Good Time» está protagonizada por Robert Pattinson y por Benny Safdie, dos hermanos que ya los pilla la cámara en agitada huida hacia ningún sitio, y ya no los soltará hasta que lleguen exactamente a ese lugar. En la primera secuencia vemos que uno de ellos (Safdie) es incapaz de colocar dos frases ante el psiquiatra sin que se note la enorme distancia que lo separa de la «normalidad», y el otro (Pattinson) es su amado refugio pero también la brújula que los conduce de fracaso en fracaso. Con ella, atracan un banco, y con ella viajan durante una noche dantesca por un Nueva York que no viene en las guías. Momentos de cárcel, persecuciones, meteduras brutales de pata, personajes que no pasan la ITV… Pattinson está magnifico y es desde luego el imán de la cámara y consigue transmitir, a la vez, esa fatalidad casi ridícula del perdedor contumaz y un amor angustioso por cumplir su papel en la vida, «cuidar» de su hermano mentalmente desvalido.

Es, por lo tanto, una película fraternal y que susurra sentimientos delicados, mientras que lo que muestra es todo lo contrario, ruido, violencia, infierno…, justo el tipo de obra que no suele entrar en la competición por la Palma de Oro, y que curiosamente, a estas alturas ya de Festival, es la que con más honradez y decisión alarga la mano para cogerla. Y no ha transcurrido un segundo y ya veo lo absurdo de lo que acabo de escribir: «Good Time» tiene tantas posibilidades de llevarse la Palma de Oro como el malo de la película a la chica en la escena final.

Muchísimas más opciones tiene la rusa de Loznitsa, «Una mujer dulce», con un personaje femenino devastado y a la búsqueda de su marido preso nadie sabe dónde ni por qué. Tan larga, tan llena de circunloquio y digresión, tan realista y feísta, tan compleja de cámara, puesta en escena y narración, que provoca inmediatamente esa atracción por lo desconocido, lo no inteligible o digerible, lo rarote que tanto cotiza en el parqué de un festival.