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La farsa de documental que casi vuelve loco a Armstrong

Todos coincidían en cómo se habían utilizado los escenarios de «2001. Una odisea del espacio» para componer los primeros pasos del hombre sobre la corteza lunar

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Fue en el cine «El primer hombre», una película dirigida por Damien Chazelle en 2018, en llegar a la Luna. Pero, ¿qué ocurrió cuando «el primer hombre», según la película, por fin, regresó entero y en pie a la Tierra? Porque fue ahí cuando comenzó su calvario. Más allá de la cuarentena, de sus míticas palabras que ilustrarían los libros de Historia de cualquier continente, de la semejanza apresurada que se le concedió con Cristóbal Colón, de los ágapes y las celebraciones, las medallas y los aplausos, las conferencias y encuentros, la historia comenzaba con el regreso. Se había jugado, junto a sus compañeros de hazaña, literalmente el pescuezo, la vibración de la nave al despegar había sido insoportable, los nervios se habían roto y vuelto a formar más de cien veces, pero nada era comparable a lo que vendría a su regreso. Pasados los años, y pasados los diez minutos de gloria que Warhol había bendecido para cualquier ciudadano del siglo XX, «el primer hombre» sentía que algo no iba bien. ¿Había estado, había pisado o no había pisado el suelo lunar el 20 de julio de 1969?

Convencido de que no había misterio, dejó pasar el tiempo, hasta que en 2002, una tarde de un viernes, alguien imagina, como otro, se sentó con una Budweiser en la mano izquierda, a contemplar un documental que había sido producido por la muy seria y responsable cadena francesa Arte. Le sorprendió el título, «Dark Side of the Moon», se interesó por el director, William Karel. Las imágenes comenzaron a fluir en la pantalla y las entrevistas a gentes notables de la época, del 69. Por allí aparecían Donald Rumsfeld, Kissinger, Richard Helms, incluso Christiane Kubrick, viuda del director Stanley Kubrick, corroboraban la historia. Todos coincidían en cómo se habían utilizado los escenarios de «2001. Una odisea del espacio» para componer los primeros pasos del hombre sobre la corteza lunar. «El primer hombre» entre trago y trago de cerveza, no podía creerlo. La pesadilla que le atormentaba en los últimos meses ¿sería cierta? ¿Qué siniestra broma era ésta? Pero Arte emitía siempre formidables documentales, contrastados, rigurosos, polémicos, siempre ejemplarmente ejecutados. Ni un ápice de sensacionalismo, ni populismo «prime time».

Ahora resulta que un secretario de Defensa, un secretario de Estado, el jefe de la CIA y la viuda de uno de los más grandes directores de cine coincidían en que todo había sido un trampantojo con el solo objetivo de llegar antes que los soviéticos a la Luna, aunque no hubieran llegado. Para eso estaba el cine y un director aclamado, bendecido y admirado, nada complaciente con los poderes. Si el mismo Kubrick se había prestado a ello, la cosa adquiría una dimensión escalofriante.

La pesadilla que le perseguía de tanto en tanto se hacía realidad. Nunca había llegado a la Luna. Ni «primer hombre», ni nada. Según avanzaba el documental, de poco menos de una hora de duración, su rostro se fue ensombreciendo. Atormentado, engañado, el hundimiento fue absoluto. Apagó el televisor, no quería ver más. Cuando días después, nada había comentado con nadie, y nadie le había comentado a él el documental, descubrió que todo era una farsa, un «fake» de notable proyección en todo el mundo, pidió una copia y contempló las risas finales de Rumsfeld, Kissinger, Christiane, reconociendo la inmensa broma, el daño ya estaba hecho, porque lo primero que le vino a la cabeza fue obvio: «Se ríen para ocultar la verdad, nunca estuvimos en la Luna», y se preguntó: «¿Y los que vinieron después?».