ES NOTICIA EN ABC
Festival de San Sebastián 2019

La fábula del pintor, el coleccionista y el crítico de arte

«Una obra maestra» es un perverso, exquisito y erudito juego con Mike Jagger y Sutherland al fondo

Imagen de «Una obra maestra»
Imagen de «Una obra maestra»
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

Gracias a que Donald Sutherland recibía el Premio Donostia se proyectó la última película que ha hecho «Una obra maestra» (en realidad, este año ha hecho varias, entre ellas «Ad Astra», aunque tiene 84 años). Está dirigida por Giuseppe Capotondi y tiene dentro, entre otros alicientes, a Mike Jagger en un papel sibilino, y al cual, por cierto, también se le puede ver con un millón de años menos en otra película que se pasa en San Sebastián, «Amazing Grace», en la que quien realmente canta es Aretha Franklin. Aunque «Una obra maestra» se proyectaba fuera de la Sección Oficial, era la película de la jornada, un peldaño por encima en interés de la que cerró el cupo de los títulos a competición, «Rocks», de Sarah Gavron.

El filme de Capotondi es un interesante juego sobre la pintura, el mercado artístico y la crítica de arte, con un puñadito, cuatro, de personajes con gran encanto personal, un verbo retorcido y brillante y un comportamiento oscurito, tiznadillo, hasta el punto de que son capaces de convertir lo que parece un pulso entre personalidades «cool» e ingeniosas en un relato que derrapa hasta el género negro. Y derrapar creo que es el verbo idóneo, pues es al caerse en él cuando pierde su brillantez e ingenio. Los personajes son un crítico de arte con más ínfulas que una mariposa en mayo, y que interpreta Claes Bang (parecido al que hizo en «The Square»); una turista americana con mucho encanto y ganas de mambo (Elizabeth Debicki); un coleccionista millonario, Mike Jagger, que huele un poquito a azufre, y un viejo artista cotizadísimo cuya obra permanece, como él mismo, oculta y misteriosa. Ni es difícil disfrutar con una primera hora llena de ideas y de encanto visual, filmadas con un leve deje viscontiniano; ni tampoco irse defraudando según avanza hacia su desenlace. «Una obra maestra» puede resultar algo cargante y veleidosa a los que no tengan en la pared de su casa, qué sé yo, al menos un Picasso.

La película en competición, «Rocks», estaba más a ras de suelo…, de suelo de barriada, y se ocupaba de los infortunios de una adolescente en los márgenes de Londres y de su entorno escolar y su precaria vida familiar, junto a una madre que se larga y la deja sola al cuidado de su pequeño hermano. Tiene frescura en el retrato juvenil y multicultural, un ritmillo alegre y “hiphopero” a pesar de los pesares de la chiquilla y lo que le rodea, y una estética complicada pero graciosa en los personajes y los ambientes. Con ella se cerraba el escaparate de las películas a competición, cuyo nivel ha estado lejos de ser estratosférico, con lo que le deja al jurado que preside Neil Jordan el embarazoso encargo de barajar los títulos y jugar su partida con esas cartas.