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«El Estado contra Mandela y los otros»

Los testimonios inéditos de la lucha contra el apartheid

Nicolas Champeaux y Gilles Porte han construido un documental a partir de los audios inéditos del juicio contra Nelson Mandela y otros siete activistas antiapartheid

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«El Estado contra Mandela y los otros» parte de una premisa osada: rodar un documental sobre un juicio del que no existen imágenes. Al periodista Nicolas Champeaux, corresponsal en Sudáfrica durante años para Radio France International, le pasaron las 256 horas de audio del conocido como Proceso de Rivonia, celebrado en 1963, en el que se juzgó a Nelson Mandela y a otros siete activistas contra el apartheid. Las grabaciones, hasta ahora inéditas, son un testimonio elocuente de la injusticia y la desigualdad que imperaron en Sudáfrica durante varias décadas. Champeaux, cautivado por el potencial narrativo de los audios, se puso en contacto con el cineasta Gilles Porte para llevar a la pantalla el juicio en el que un futuro Nobel de la Paz fue condenado a cadena perpetua.

Mandela y sus siete compañeros del Congreso Nacional Africano (CNA), el partido que aún a día de hoy gobierna en Sudáfrica, ya conocían bien antes del juicio las comisarías y las cárceles sudafricanas. Su actividad política en defensa de la igualdad de todas las razas era un desafío para los pilares del régimen del apartheid, donde la minoría blanca acaparaba todos los privilegios y relegaba a los negros a la servidumbre política y económica. El Partido Nacional, supremacista blanco y abiertamente pronazi, gobernaba desde 1948 reprimiendo con dureza las protestas pacíficas contra el apartheid. Tras la matanza de Sharpeville, cuando la policía disparó contra una manifestación antiapartheid y murieron 69 personas, un sector del CNA decidió abandonar la vía pacífica y empezó a practicar acciones de sabotaje colocando explosivos en torres eléctricas y en vías de tren.

Los que optaron por estos métodos, Mandela entre ellos, pasaron a vivir en la clandestinidad escondidos en una granja en Rivonia, una villa a las afueras de Johannesburgo. Allí fueron detenidos en julio de 1963 para sentarse en el banquillo pocos meses después con la certeza casi absoluta de que serían condenados a muerte. En «El Estado contra Mandela y los otros» se recogen los testimonios de varias personas, algunas ya muy envejecidas, implicadas en el juicio: los abogados de la defensa, el hijo del fiscal, la por entonces esposa de Nelson Mandela y cuatro de los acusados (el judío blanco Denis Goldberg, el indio Ahmed Kathrada y el negro Andrew Mlangeni).

El documental intercala las declaraciones de los protagonistas con vídeos de archivo que permiten hacerse una idea del clima que se vivía en Sudáfrica por aquellos años. Especialmente revelador en este sentido es un anuncio de promoción turística de Durban, en el que se reflejan con claridad los papeles que tenían asignados blancos y negros: mientras los primeros disfrutan de sus vacaciones, los segundos les sirven bebidas y les entretienen bailando danzas tribales.

Para solventar la ausencia de imágenes del proceso, Champeaux y Porte recurren a la animación para representar ciertos momentos del interrogatorio. Se trata de unos dibujos a carboncillo blanco sobre un fondo negro con los que trazan las siluetas de los personajes en un entorno oscuro que le confiere aún más dramatismo al juicio. Los dibujantes juegan con los tamaños y los gestos de los personajes para resaltar la atmósfera opresiva de la sala: el juez aparece como una figura inmensa frente a los acusados, representados como unas diminutas cabezas que el magistrado puede cubrir solo con las mangas de su túnica.

Y efectivamente, los militantes antiapartheid se sentían en aquel juicio como seres insignificantes cuya condena a muerte ya estaba decidida de antemano. Mandela y los demás creían que nada de lo que declarasen iba a librarles de la pena capital, por lo que decidieron convertir el juicio en un altavoz para sus reivindicaciones políticas. Todos los acusados relataron ante el jurado las experiencias de discriminación que habían vivido, se declararon no culpables y responsabilizaron al gobierno sudafricano de todos los males del país. Ahmed Kathrada, el acusado de origen indio, recordó en su declaración en qué momento había decidido unirse al movimiento antiapartheid: «La primera vez que fui a Europa, lo que más me sorprendió al llegar al aeropuerto de Londres fue ver a unos blancos limpiando el suelo».

«El Estado contra Mandela y los otros» tiene momentos entrañables e incluso tiernos, algo a lo que sin duda contribuye la acertada selección musical. La película termina siendo un monumento al coraje moral de unas personas que, pese a las altas probabilidades que tenían de terminar en la cárcel o en la horca, optaron por plantar cara a la injusticia sin que les importasen las consecuencias. Y al final, de milagro, salvaron la vida.