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First man Los españoles que participaron en la misión Apolo 11 desvelan a ABC la verdad sobre el viaje a la Luna

Carlos González Pintado y José Manuel Grandela, que fueron los primeros en enterarse del éxito del alunizaje, revelan los secretos de la histórica hazaña espacial

Fotografía de archivo tomada el 20 de julio de 1969 que muestra al astronauta estadounidense Neil Armstrong bajando del módulo lunar del Apolo XI en la superficie de la luna - EFE
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Si Neil Armstronghubiese tenido un problema en su histórico viaje a la Luna, no habría sido Houston el primero en enterarse. La NASA, que impulsó la misión Apolo 11 para enviar a un hombre al satélite de la Tierra, le ganó la carrera a los soviéticos, pero no fue quien escuchó antes que nadie la famosa frase del astronauta, «Eagle has landed», ni tampoco la que pronunció el comandante desde suelo lunar: «Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad». Los primeros en asistir al éxito del alunizaje, con 1,7 segundos de decalaje, no estaban en EE.UU. sino en Madrid, en la Estación Apolo en Frenedillas de la Oliva.

José Manuel Grandela y Carlos González Pintado, controladores de naves espaciales ya jubilados, participaron en la legendaria empresa desde España, como intermediarios de las transmisiones entre Houston y el Apolo 11. Por eso saben que Armstrong se tropezó dos veces antes de convertirse en el primer hombre en pisar la Luna, o que su compañero, el piloto Buzz Aldrin, llegó 17 minutos más tarde porque se percató de que la escotilla no tenía manilla de apertura por fuera y, aunque no hay viento en la Luna, prefirió ser precavido y colocar un objeto por si la puerta se cerraba.

Gracias a unos sensores biométricos a los que tenían acceso, ambos fueron testigo de los nervios del astronauta, tal y como evidenciaban sus pulsaciones, a pesar de la tranquilidad con la que enviaba mensajes al centro espacial de Texas. «Cuando escuchas que todo ha salido bien y tiene que volver a casa te sientes... ¿importante? Es difícil de describir», reconoce Pintado. «En ese momento no sentí nada, solo quería que el aparato a mi cargo no fallase», añade el otro ingeniero.

González Pintado, «rodeado de americanos» en la estación de Fresnedillas a finales de 1968
González Pintado, «rodeado de americanos» en la estación de Fresnedillas a finales de 1968 -

En un encuentro en el Centro de Astrobiología de Madrid, contaron también que Armstrong y Aldrin no pudieron bajar inmediatamente a la Luna, sino que aguardaron seis horas hasta que se consideró apropiado el horario para retransmitir la gesta en todo EE.UU.. En lugar de dormir, como les ordenaron, invirtieron el tiempo muerto «sacando fotos del monótono paisaje lunar hasta que tuvieron permiso para salir», asegura Pintado. Y eso que los selfies no se estilaban en 1969.

En «First man», a Damien Chazelle no le tiembla el pulso pese a la hazaña. Pero ni el empeño del director libra al filme de ciertas lagunas, según el ojo experto: «La película, como todas las de Hollywood, tiene sus toques fuera de la realidad, pero es un gran esfuerzo», admite Grandela, que echa en falta algunos detalles «que hubiesen costado muy poco», como «el emblema que Armstrong dejó allí en honor a sus compañeros del Apolo 1, trágicamente fallecidos, o las medallas rusas que las viudas de Vladímir Komarov y Yuri Gagarin -el primero en morir en un vuelo espacial y el primero en viajar al espacio exterior, respectivamente- les habían entregado».

Licencias creativas

Testigo privilegiado de la hazaña espacial, cuenta que, en lugar de aprovechar estas emotivas anécdotas, el cineasta optó por incluir otras que no son ciertas en «First man», como cuando el astronauta arroja la pulsera de su hija fallecida en un cráter. Si bien es verdad que llevó consigo el preciado objeto, Grandela cuenta en una entrevista con ABC que «esa oquedad oscura no existía allí. Había muchos cráteres, pero se sabe que ese no estaba ahí; no había ninguno pegado al módulo lunar, era inviable».

Grandela en Fresnedillas (1969)
Grandela en Fresnedillas (1969)

Pese a reconocer que «los diálogos son calcados, sobre todo las frases históricas», el excontrolador explica que «otra cosa inusitada» que no incluye el filme es lo que hizo Aldrin antes de aterrizar: «Escuchamos cómo le dijo a Armstrong: “He traído vino y pan bendecidos en la Tierra y quiero comulgar en la Luna, ¿hay algún problema?” No lo hubo, y a todos los que estábamos en contacto con ellos nos pidieron dos minutos de silencio para dejar volar nuestra mente hacia la importancia del momento que se estaba viviendo, la grandeza histórica, irrepetible, que habían logrado un grupo de hombres».