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«Lo que esconde Silver Lake»: el infierno hipster en el que naufraga Andrew Garfield

El actor estrena la película «indie» de la temporada, en la que explora la parte más sórdida del barrio moderno de Los Ángeles

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El cine negro pertenece a Los Ángeles. Aquí fue concebido, explotado y exportado. Un género alimentado por sus mitos: crímenes, mujeres bellas, detectives y misterio. El escritor William Faulkner describió así a la ciudad: «Aquí no se idolatra el dinero, se idolatra la muerte». Y aquí, bajo el brillante sol, se cuecen las pervertidas almas de los actores con dos caras. A todas esas referencias y tantas más (Thomas Pynchon, David Lynch, Alfred Hitchcock, Polanski...) homenajea el director más lúcido de la nueva hornada angelina, David Robert Mitchell, en «Lo que esconde Silver Lake». Una narración donde ficción y realidad convergen en calles donde habitan el glamur y el crimen. Es el tercer largometraje de este joven talento tras «El mito de la adolescencia» y la aplaudida«It follows». «La película es una fantasía que, en realidad, es una pesadilla», presume sobre su filme «de época» del barrio más hipster de todo California.

En este tributo al cine negro se suceden personajes que abundan en el barrio de Silver Lake y, por supuesto, surgen las referencias cinematográficas. «Tengo un amor profundo por el cine y la forma en que se retroalimenta de Los Ángeles. Esta es una urbe que se entiende a través de la historia del cine. Las referencias surgían en mi cabeza según escribía el guión», explica el director.

Juventud perdida

Un microcosmos a la medida de Andrew Garfield, el actor protagonista. Sam, su personaje, camina desde su decrépito complejo de apartamentos hasta las calles más opulentas de la ciudad atravesando el océano de sirenas que bailan en los clubes nocturnos. «Es una odisea alrededor de Los Ángeles. Un viaje por un mundo que definitivamente me rodea. He creado una versión jodida de la vida, pero Sam no soy yo. Yo no me comporto de esa manera, ni tengo una visión tan distorsionada de la realidad», se defiende Mitchell. En esa versión «jodida», Sam es el clásico joven cansado de no hacer nada, y solo la llegada de una nueva y atractiva vecina, Riley Keough, y su posterior desaparición, le despiertan de ese letargo vital que lo carcome. A partir de ahí, comienza un viaje casi lisérgico entre ideas que a veces parecen inconexas y otras simplemente lo son. Todo plagado de referencias a la cultura pop que saltan, literalmente, de la televisión, como si de una novela de Don DeLillo se tratara.

El personaje de Andrew Garfield representa al «millennial» inseguro. «Mi trabajo me permite investigar en la personalidad de mis personajes. Puedo explorar la existencia y lo que significa ser humano, lo que nos define». A sus 36 años, Garfield busca personajes que le reten: ha interpretado a «Spiderman», a un misionero a las órdenes de Scorsese, a un gurú de la tecnología bajo el mando de Fincher... y acaba de conseguir un premio Tony (los galardones de teatro) por su papel en «Angels in América». «Trato de elegir papeles distintos a mí, que me lleven a vivir otras vidas. La información que ha recogido la mente de Sam no tiene mucho significado, aunque para él, cada símbolo, cada imagen de la cultura pop es una pieza clave de la conspiración que debe decodificar. Es un joven desilusionado, obsesionado con lo que ocurre en el exterior, porque se niega a examinarse interiormente», reconoce Garfield.