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Érase una vez en Hollywood Linda Kasabian, la «traidora» de la Familia Manson que fue clave para que la secta acabara entre rejas

La joven fue una de las implicadas en los asesinatos de Sharon Tate y su círculo, así como en los del matrimonio LaBianca, aunque no tomó parte activa de ninguno de ellos y su testimonio fue crucial para encerrar a Charles Manson y su séquito

«Érase una vez en Hollywood»: El cuento de Tarantino sobre la historia más triste del cine

Linda Kasabian, en uno de los juicios contra la Familia Manson - CBS
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A través de su «Érase una vez en Hollywood», Quentin Tarantino ha conseguido que el mundo entero se hiciera una idea de cómo era la industria audiovisual en la Meca del cine a finales de los sesenta. La década del «Sexo, drogas y rock and roll», el movimiento «hippie» y su «paz y amor». Hasta que todo cambió para siempre y Hollywood se dinamitó en la noche del 8 de agosto de 1969, cuando el asesino Charles Manson y varios miembros de su grupo de adeptos, la Familia Manson, perpetraron uno de los mayores crímenes que se recuerdan en la historia del cine.

Aquella velada, cuatro seguidores del «hippie» por excelencia, Tex Watson, Susan Atkins, Patricia Krenwinkel y Linda Kasabian, se colaron en la residencia de la joven actriz Sharon Tate, nominada al Globo de Oro por su trabajo en el largometraje «El valle de las muñecas». Tate, mujer del reconocido cineasta Roman Polanski, estaba embarazada de ocho meses y medio y habitaba en el número 10050 de Cielo Drive, una de las calles más exclusivas del exclusivo distrito de Beverly Hills. A sangre fría, la Familia Manson segó esa noche las vidas de Tate y su bebé, así como la del joven Steven Earl Parent, amigo del conserje de la finca; y de las tres personas del entorno de la actriz que también pernoctaban aquel día en su residencia: Jay Sebring, el peluquero y estilista de moda en Hollywood; el actor y guionista polaco Wojciech Frykowski, confidente de Polanski (que se salvó de la masacre al estar volviendo del rodaje de una película en Londres); y la joven empresaria Abigail Folger, novia de Frykowsky y heredera de la multinacional de café Folgers.

Un asesinato múltiple que dejó Hollywood consternado y que en realidad, nunca debió haber sucedido, pues Manson con quien quería acabar era con el productor musical Terry Melcher, antiguo morador de la vivienda de Cielo Drive, hijo de la célebre actriz Doris Day y que se había negado a ayudar a «Charlie» con su carrera musical. El ídolo «hippie» anhelaba venganza, aunque cuando quiso consumarla se dio cuenta de que Melcher ya no vivía ahí y de que la residencia había pasado a ser propiedad de la familia Polanski-Tate. Pero no le importó y ordenó a su séquito que acabasen con los actuales habitantes de la casa. Porque para Manson, que vivía junto a sus seguidores en el infausto Rancho Spahn, Tate y compañía no eran merecedores de los privilegios que tenían. «¡Ha llegado el “Helter Skelter”!», gritó, lleno de odio, a los integrantes de «su» Familia. Un término, «Helter Skelter», que incorporó a su vocabulario de una canción de Los Beatles y que para Manson, simplificaba el «apocalipsis». La destrucción. El fin del mundo.

Manson, el «Jesucristo» del Rancho Spahn

Por ello, aleccionó a sus adeptos para que destrozasen, con vileza y de un plumazo, las vidas de Tate y su círculo. El plan era sencillo. Susan Atkins, Tex Watson y Patricia Krenwinkel entrarían en la casa para aniquilar a los allí presentes, mientras que Linda Kasabian, la única conductora con licencia de la Familia Manson, debía quedarse en la puerta vigilando. Para Kasabian (interpretada en «Érase una vez en Hollywood» por Maya Hawke, la hija de Uma Thurman, bajo el pseudónimo de «Flower Child»), la masacre que Manson deseaba perpetrar era necesaria, pues así lo había anunciado «Charlie», al que ella veneraba y admiraba por, entre cócteles de drogas de todo tipo y viscerales orgías, haberle dado todo el amor que su familia (y en concreto, su padrastro, que abusó de ella en varias ocasiones, lo que le llevó a fugarse de casa con 16 años) nunca le había sabido otorgar.

Kasabian, ahora con 20 años de edad, veía en Manson a «Jesucristo», a un Dios, como ella mismo confesó tiempo después ante las autoridades policiales. Para ella, que había llegado hacía un mes al Rancho Spahn –un lugar abandonado en el que solían grabarse películas, series y programas del Oeste y que había sido tomado como vivienda por Manson y sus «hippies»– sin más compañía que su hija pequeña y otro bebé al que esperaba, «Charlie» y los suyos se habían convertido en su única vida, en su refugio, en su Familia. Por eso aceptó (tampoco le quedó otra) sumarse a la expedición que debía acabar con las vidas de Tate y compañía. Porque era la misión que su líder, con el que se acostaba de manera habitual –como tantas otras mujeres de la Familia Manson–, le había encomendado.

Maya Hawke interpreta a Linda Kasabian en la película de Tarantino
Maya Hawke interpreta a Linda Kasabian en la película de Tarantino

Pero en la residencia de Cielo Drive, Kasabian abrió los ojos. Empezó a hacerlo en el instante en el que vio a Tex Watson apuñalar y descargar su pistola sobre el joven Steven Parent, que tuvo la mala suerte de estar en el lugar equivocado y en el momento menos preciso. Después, sus amigos entraron en la casa y asesinaron a todos los allí presentes con una crueldad extrema. Tate, a punto de dar a luz, fue acuchillada en dieciseis ocasiones. «Cinco puñaladas, por si solas, hubieran bastado para matarla, pero la propinaron muchas más», afirmó después el informe forense.

Punto de inflexión

Los gritos de terror de los asesinados hicieron que la joven se cuestionase su fascinación acérrima hacia Manson, aunque lo que verdaderamente le hizo renegar de su líder fue la brutalidad con la que fueron asesinados la actriz y su bebé. De hecho, Kasabian llegó a arrancar el coche para escapar de la barbarie y alejarse para siempre de «Charlie» y sus fanáticos, pero entonces se dio cuenta de que su hija pequeña estaba en el Rancho Spahn. Aquel no era el día de abandonarles para siempre, aunque sí que había supuesto un punto de inflexión.

Linda Kasabian estaba dispuesta a abandonar a los asesinos de Sharon Tate en Cielo Drive y a alejarse de la Familia Manson, pero entonces se dio cuenta de que su hija pequeña estaba en el Rancho Spahn

Apenas veinticuatro horas más tarde, y con Hollywood de luto ante el terrible crimen, Manson ordenó a su séquito un nuevo asesinato. En esta ocasión, debían acabar con las vidas del inspector de Hacienda Leno LaBianca y con la de su mujer, Rosemary, que habitaban en el exclusivo barrio de Los Feliz, en California. Aunque ahora, Manson les acompañaría, junto con otros dos integrantes de su Familia: Steve Grogan y Leslie Van Houten. El motivo estaba claro, pues «Charlie» quería mostrar a los suyos «cómo había que hacerlo», ya que consideraba que los asesinatos del día anterior habían cometido de manera «caótica». El matrimonio fue asesinado con suma vileza, aunque Manson, ayudado por Watson, únicamente ató de pies y manos al matrimonio. De lo demás, se encargaron Krenwinkel, Van Houten y el propio Watson.

Las «hippies» de la Familia Manson, en «Érase una vez en Hollywood»
Las «hippies» de la Familia Manson, en «Érase una vez en Hollywood» - IMDb

Entretanto, y en esa misma velada, Manson propuso a Kasabian formar parte del asesinato de otro actor: el libanés Saladin Nader. Aunque aquella noche, la fortuna se alió con el intérprete de la manera más inesperada, pues el actor se había acostado con la joven poco tiempo atrás y ese factor le terminó por salvar la vida. Kasabian, así las cosas, sabía dónde vivía Nader, por lo que llevó a la Familia Manson a otra vivienda. La idea de «Charlie» era que, en cuanto el actor abriese la puerta, Grogan y Atkins se abalanzasen sobre él y acabasen con su vida. Pero eso nunca sucedió, porque Kasabian, intencionadamente, llamó al apartamento equivocado y después, se disculpó, salvando así la vida de Nader. Al regresar al Rancho Spahn, Kasabian cogió a su hija y se largó para siempre del círculo de Manson, para regresar a la casa de su madre en New Hampshire.

Charles Manson propuso a Kasabian formar parte del asesinato del actor Saladin Nader, con el que la joven se había acostado poco antes. Para salvarle la vida, la muchacha guió a los seguidores del criminal a otra vivienda, de manera intencionada

Dos meses después de aquello, en octubre, llegó el principio del fin para los «hippies» del Rancho Spahn. En realidad, la culpa la tuvo un desliz de Atkins, que fue detenida por el robo de varios vehículos y, en el calabozo, alardeó de los crímenes perpetrados de la Familia Manson. Varias de sus compañeras de prisión dieron el chivatazo y las autoridades policiales llevaron a cabo una redada intensiva en el Rancho. Manson, Watson, Van Houten, Krenwinkel y compañía fueron detenidos y arrancó el juicio contra todos ellos por los asesinatos de las residencias de Tate y LaBianca.

El papel de Kasabian en el juicio

Crímenes en los que también estuvo implicada Kasabian, cuyo testimonio, sin embargo, fue clave para que el líder de la secta y los suyos terminasen entre rejas. A pesar de las amenazas de Manson (que se pasaba el dedo pulgar por la yugular cada vez que le miraba en los juzgados), la joven, el as en la manga de la acusación, ofreció todo tipo de detalles sobre los asesinatos y mostró en todo momento su arrepentimiento y repulsión. «Quería que se detuvieran. Estaban matando a esas personas. Intenté pararles, pero no me hacían caso», confesó ante los tribunales, al respecto de las muertes de Tate y sus amigos. Allí, también desveló lo acontecido en la vivienda de Saladin Nader y las intenciones de Manson de acabar con la vida del actor libanés.

«Conejito» (Margaret Qualley), una de las «hippies» de «Érase una vez en Hollywood», junto a Cliff Booth (Brad Pitt)
«Conejito» (Margaret Qualley), una de las «hippies» de «Érase una vez en Hollywood», junto a Cliff Booth (Brad Pitt) - IMDb

El testimonio de la joven, considerada una «traidora» por los miembros de la Familia Manson, fue crucial para la detención de «Charlie» y el resto de miembros de su secta. «¡Nos estás matando!», llegó a gritar Susan Atkins a Kasabian, en un momento del juicio. «No te equivoques. Te has matado tú sola», contestó la muchacha, principal testigo de la acusación. Todos los autores materiales de los asesinatos fueron condenados a cadena perpetua.

Manson murió en prisión en noviembre de 2017, mientras que Atkins pereció en 2009, también encarcelada. Entre rejas siguen todavía Tex Watson, Leslie Van Houten y Patricia Krenwinkel, que llevan casi cinco décadas en prisión y no hay visos de que vayan a salir de ella. La última, de hecho, muestra su repulsa hacia Manson y los suyos cada vez que tiene ocasión. «Me despierto cada mañana sabiendo que soy una destructora de lo más preciado, que es la vida. Y lo merezco: levantarme cada día sabiendo lo que hice», confesó en una entrevista, hace 25 años. «Era una cobarde. Lo que hicimos fue terrorífico y abomibable. Me arrepiento cada día. Manson era un mentiroso y nos había lavado el cerebro», explicó hace algunos años, en el documental «Life after Manson».

En cuanto a Kasabian, fue la única miembro de la Familia Manson implicada en los asesinatos que fue indultada tras los mismos. Totalmente arrepentida, trató de alejarse por completo de la opinión pública y los medios de comunicación en su intento de volver al anonimato tras el juicio, de lo más mediático. Poco después, sufrió un grave accidente de tráfico del que se recuperó, aunque le quedaron pequeñas secuelas. El pasado mes de junio cumplió 70 años y ahora vive en un pequeño apartamento en Tacoma, distrito de Washington, como publicó «Daily Mail» en 2017.

[¡Alerta, a partir de aquí hay «spoilers» acerca del final de «Érase una vez en Hollywood»!]

En la película, Tarantino lanza a Kasabian un guiño más que evidente. Al contrario de lo que sucedió en la vida real, en «Érase una vez en Hollywood» sí que reúne el valor para abandonar a sus compañeros cuando éstos van a asesinar a Rick Dalton y Cliff Booth, los personajes de Leonardo DiCaprio y Brad Pitt y que no existieron en la vida real. Aunque en el largometraje, que más que un filme es un cuento y un sueño del cineasta de Knoxville, son los integrantes de la Familia Manson los que acaban mordiendo el polvo. Aunque Linda Kasabian se salva. Igual que Sharon Tate.

Linda Kasabian, fotografiada hace un par de años por «Daily Mail»
Linda Kasabian, fotografiada hace un par de años por «Daily Mail» - DAILY MAIL