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Easy Rider (Buscando mi destino)

«Easy Rider», autopista hacia el infierno y las drogas

Dennis Hopper, «un psicópata que siempre lleva un par de pistolas cargadas», hizo que Hollywood perdiera la inocencia. Para «Easy Rider», de cuyo estreno se cumple medio siglo, fichó a Jack Nicholson y Peter Fonda, y en un delirio cargado de locuras, marihuana y LSD, cambió para siempre el sistema

Dennis Hopper en «Easy Rider (Buscando mi destino)»
Dennis Hopper en «Easy Rider (Buscando mi destino)»
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Hubo un tiempo en el que el cine pecó de cobarde, de mirar hacia afuera, de no ver nada. Las comedias románticas, con tópicos sobre la guerra de sexos, inundaban las salas en los sesenta. Todo era fácil en la gran pantalla hasta que, a finales de la década, un pecador hizo que Hollywood se hiciera adulta y perdiera la inocencia. Dennis Hopper, gurú de la contracultura, le dio al sistema una bofetada desde dentro, y convirtió un delirio de drogas y perdición en un clásico que salvó la industria. «Nadie se había visto nunca retratado en una película. En todos los love-in del país, la gente fumaba marihuana y tomaba LSD, ¡pero el gran público seguía viendo las películas de Doris Day y Rock Hudson!», critica en «Moteros tranquilos, toros salvajes». Inconformista de cuna, decidió remediarlo. Y lo consiguió con «Easy Rider (Buscando mi destino)», de cuyo estreno se cumple medio siglo.

Fonda y Hopper
Fonda y Hopper

Solo un loco o un valiente podía atreverse. Otra cosa es que alguien quisiera seguirlo en su paranoia. En un intento a la desesperada por conseguir financiación, Hopper y Peter Fonda presentaron «Easy Rider (Buscando mi destino)» a Raybert, la compañía fundada por Bob Rafelson y Bert Schneider, dos productores con ganas de salsa. Costó lo suyo que alguien invirtiese dinero en el proyecto del gamberro Dennis Hopper, artista tan prolífico como complicado, como avala su largo historial polémico y delictivo. Jack Nicholson metió baza, por si acaso: «No es exactamente un tipo al que convenga darle un poco de pasta y decirle: "No hay ningún problema", ¿me entiendes?».

Los problemas, de hecho, se contaron por cientos, pero merecieron la pena. Eran tantos como la fe ciega de Rafelson, que le dijo a su socio, mientras Fonda y Hopper visitaban el despacho de Nicholson para colocarse: «Este tipo está como una regadera, pero creo ciegamente en él, y creo que hará una película estupenda para nosotros». El filme marcó el límite entre el final de una década y el principio de otra, rompiendo con los tabúes en un delirante viaje. Uno que costó medio millón de dólares y recaudó casi veinte, y que encima llegó a los Oscar.

«Dennis era un maníaco, un psicópata casi. Tenía siempre un par de pistolas cargadas encima de la mesa. A él le gustaba ese tipo de atmósfera»

El rodaje fue una odisea. El tiempo se les echó encima, improvisaron como pudieron con lo que tenían a mano, empezaron peleas que a día de hoy continúan y el proceso se cobró, entre otras cosas, el divorcio de Hopper porque su mujer por aquel entonces, Brooke Hayward, no confiaba en el talento actoral de Peter. Entendieron cuando ya era tarde que rodar una película no era algo sencillo. Comenzaron sin guión, sabiendo únicamente que querían filmar «un viaje ácido», y los nombres de los personajes a los que interpretarían: inspirado en Billy el Niño, Hopper sería Billy y Fonda, Wyatt, en honor a Wyatt Earp, conocido como el Capitán América. El rodaje fue un caos, y los impulsores del proyecto fueron perdiendo la cabeza: «Dennis era un maníaco, un psicópata casi. Tenía siempre un par de pistolas cargadas encima de la mesa. A él le gustaba ese tipo de atmósfera», cuenta uno de los técnicos de sonido del filme.

Hopper y Fonda
Hopper y Fonda

Hopper empezó con el pie izquierdo desde el minuto uno. Como un tirano. Sermonendo al equipo, humillándolos y reconociendo únicamente su labor como la buena. «Aquí hay una sola persona creativa: yo. Los demás sois solo mano de obra contratada, esclavos», llegó a decir el protagonista y director de «Easy Rider (Buscando mi destino)». «Estaba loco, deliraba, probablemente por el efecto de alguna combinación de drogas y alcohol», recuerda Bryant, uno de los tres cámaras. Hasta Peter Fonda criticaba ese autoimpuesto afán de protagonismo que estaría a punto de tirar la película por la borda. ¿Cómo lo calmaban? Recordándole cómo actuaría James Dean, su gurú. «A Jimmy eso no le gustaría, Dennis». Como un niño pequeño. Pero de 34 años.

La realidad supera a la ficción

Uno de los mayores desencuentros se produjo al filmar la escena del «viaje de ácido» en el cementerio. Hopper forzó a Fonda para que hablase de su madre, que se había suicidado, para la escena en la que Wyatt le increpa a una estatua de la Virgen.

Puesto de anfetamina, el director, sin tacto alguno, le instó a Fonda: «Quiero que te subas ahí, tío, quiero que te sientes ahí, esa es la estatua de la libertad italiana, tío, quiero que te subas ahí y te sientes en tus rodillas, quiero que le preguntes a tu madre por qué te abandonó».

Fonda, impactado, le suplicó no hacerlo: «Hoppy, no puedes pedirme eso. Te estás aprovechando. Que formes parte de la familia de Brooke no te da derecho a pedirme que ventile todo eso. El Capitán América no tiene padres, tío. Él nació por generación espontánea. No pienso llevar a la pantalla el complejo materno de Peter Fonda».

Hopper y Nicholson
Hopper y Nicholson

Revivir ese duro revés no fue fácil para el hijo de Henry Fonda, aunque fue Hopper quien se derrumbó, a punto de echarse a llorar. La situación fue un cuadro. Finalmente, Fonda se subió a la estatua y dijo: «Eres una estúpida, madre. Te odio, no sabes cómo te odio», y mientras, Hopper observaba la escena descompuesto, bañado en lágrimas. «Esa fue la primera vez que verbalicé algo relacionado con mi madre. La verdad es que sentí que me derrumbaba. Sollozaba», comentó Fonda.

El actor nunca se recuperó. «A partir de ese día se produjo una grieta en su relación con Dennis, una grieta que nunca se cerró», contaron los presentes.

Jack Nicholson alardeaba de que «fumó hierba todos los días durante quince años, pues así ralentizaba el tempo de su trabajo actoral»

«Easy Rider (Buscando mi destino)» ya se había convertido en mito antes de finalizar el rodaje. Cuando este concluyó, cuentan que un paranoico Hopper exigió tener todo el material filmado y Barry Feinstein, miembro del equipo, le tiró las latas. La pelea terminó en la habitación que compartían las actrices Toni Basil y Karen Black. Con Peter Fonda junto a ellas, entre las sábanas, según Hopper. Black desmentiría rotundamente este episodio: «Yo nunca me metí en la cama con Peter Fonda».

El resultado durante un pase a Rafelson no fue el esperado. Las escenas filmadas eran excesivamente oscuras y mal enfocadas, y Hopper se dejó llevar por una espiral de drogas, alcohol y violencia. «Excesivamente peligroso», recuerda su mujer. A pesar de la detención de Hopper, de los intentos de Peter por despedirlo y demás, Schneider consiguió convencer a Columbia Pictures para que distribuyera la película y Rafelson persuadió a Hopper para que contratara a Jack Nicholson, «que lo tendría al tanto de todo lo que ocurría o, como luego dijo Jack, para que evitar que Dennis y Peter se matasen el uno al otro», escribe Peter Biskind en «Moteros tranquilos, toros salvajes».

Nicholson, otra leyenda más del rodaje

Hopper tenía miedo a las motos («odiaba esos cacharros») y que «Nicholson fumó una enorme cantidad de droga durante la escena en la que acampan alrededor del fuego, cuando los tres discuten la posibilidad de una invasión de habitantes de Venus. Alardeaba de que fumó hierba todos los días durante quince años, pues así ralentizaba el tempo de su trabajo actoral», cuenta Biskind. Seis meses más tardes, Nicholson ya era una estrella de cine.

La película terminó. En los círculos de la contracultura empezó a circular que por fin habían hecho una «buena película de moteros». La enviaron a Cannes y ganó el premio a la mejor ópera prima. Obtuvo dos nominaciones al Oscar, una para Nicholson, encumbrado tras la película, y otra para el guión, que tantos quebaraderos de cabeza había provocado. También Nicholson obtuvo una candidatura en los Globos de Oro. La película fue un éxito. «Recuperamos todo el dinero en la primera semana. En una sola sala», concluyó Hopper, al final de esa locura de viaje.