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Suzanne Tamim La estrella del pop asesinada como venganza sexual por «el Donald Trump egipcio»

El crimen de la cantante Suzanne Tamim, ganadora en 1996 del «Operación Triunfo» libanés, inspira la película «El Cairo confidencial»

Suzanne Tamim fue asesinada hace diez años por orden de un magnate multimillonario
Suzanne Tamim fue asesinada hace diez años por orden de un magnate multimillonario
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Este fin de semana llegó a los cines españoles «El Cairo confidencial», el último largometraje del cineasta sueco de origen egipcio Tarik Saleh. Un thriller negro protagonizado por un detective corrupto, al que da vida Fares Fares, que trata de desentrañar un brutal asesinato en El Cairo que implica a las altas esferas de Egipto y que todo el mundo parece empeñado en ocultar.

Al más puro estilo «LA Confidential» –de ahí el juego con el título en castellano, evocando aquel filme de los noventa dirigido por Curtis Hanson y protagonizado por Russell Crowe, Guy Pearce y Kevin Spacey–, el filme se centra en la lucha aislada de un agente contra sus superiores y el Gobierno. Su trabajo no será sencillo, menos todavía en un ambiente tan tenso como el que envolvía a la época en la que se inspira la película: los inicios de los disturbios de la Primavera Árabe, a finales de 2010 y principios de 2011.

Sin embargo, el relato de Saleh se acerca más a la realidad de lo que parece. «Escribí el guion de la película en 2010, porque estaba fascinado con la historia real en la que se basa», aseguró el director hace unos días a ABC. Una crónica que no tiene tanto que ver con la Primavera Árabe como con un crimen acontecido un par de años antes: el 28 de julio de 2008.

Aquel día, hace ahora casi diez años, Oriente Medio quedó profundamente consternado por el brutal asesinato de la cantante libanesa Suzanne Tamim, estrella del pop en ciernes y una de las artistas más escuchadas en la región árabe. Ganadora en 1996 del 'talent-show' de su país «Studio El Fan», el equivalente a «Operación Triunfo», la cantante, que solo llegó a cumplir 30 años, era una de las voces más reconocidas en toda la zona de Asia Occidental y su nombre estaba siempre en liza, en especial en los programas y revistas del corazón, donde era una de las grandes protagonistas cada semana.

El rostro de Tamim era de lo más conocido en Oriente Medio. Casada y divorciada en dos ocasiones y con un nuevo noviazgo en marcha, su vida no le dejaba tiempo para el esparcimiento. Aunque aquel lunes 28 de julio su vida cambió para siempre. Sonó el timbre de la exclusiva vivienda en la que vivía, ubicada en la vigesimosegunda planta de un rascacielos de la elegante barriada de Al Jumuriyah, el tranquilo distrito de Dubai Marina en el que vivía, una de las zonas más privilegiadas de los Emiratos Árabes. La intérprete, resacosa y cansada después de haber trasnochado el día anterior, se extrañó. Quién llamaba decía ser un repartidor, aunque ella no recordaba haber pedido nada. Sin embargo, abrió la puerta y al hacerlo, la hoja de un afilado machete le asestó un profundo corte de más de 20 centímetros en el cuello, que prácticamente la decapitó.

Cadáver desfigurado y muchos enemigos

Su cuerpo fue encontrado horas más tarde por la Policía, que había recibido el aviso de un familiar que no lograba ponerse en contacto con la cantante, que en ese momento había iniciado una relación con el luchador iraquú Riyadh Al-Azzawi, que entonces era el campeón del mundo de kick-boxing y que todavía hoy es uno de los peleadores más reconocidos del universo. El cadáver era casi imposible de identificar. Presentaba puñaladas por todo el cuerpo y varias cuchilladas en el rostro, desfigurado casi al completo, y por lo que desveló la autopsia, fue consciente en todo momento de que estaba siendo brutalmente asesinada. Ninguno de sus vecinos escuchó nada, más allá de los ruidos de la fiesta que Tamim había montado en su casa el día anterior.

El suceso dejó absolutamente consternado a Oriente Medio y su autoría, inicialmente, se convirtió en un gran misterio. En especial, por lo que las autoridades y el gobierno de Hosni Mubarak en Egipto parecían querer ocultar. «¿Quién mató a Suzanne Tamim?», se preguntaban todos los medios de comunicación del occidente asiático. La artista llevaba unos meses alejada de la vida pública debido especialmente a sus problemas con la justicia, ocasionados por sus exparejas –su segundo marido, el productor musical Adel Maatour, llegó a acusarla de intentar asesinarle– e incluso por su padre, que en 2006 se había visto envuelto en un escándalo de drogas a gran escala, con el que muchos relacionaron a la cantante. Dos años antes, en 2004, había sido arrestada tras una demanda interpuesta por Maatour y pasó varios días en prisión. Su vida, así las cosas, no estaba exenta ni de polémica ni de enemigos. Su última canción, controversias del destino, se la había dedicado de manera póstuma al fallecido primer ministro libanés Rafik Hariri.

Pese a la gran expectación, apenas un mes después del asesinato dos personas fueron acusadas de matar a Tamim. La primera, el exagente de policía egipcio Mohsen Al-Sukkari, de 39 años, cabeza de turco del verdadero culpable: el multimillonario magnate Hisham Talaat Moustafa, «el Donald Trump egipcio», como le define Saleh. Expresidente del Parlamento de Egipto, Moustafa era un magnánimo empresario, propietario de uno de los grupos empresariales más importantes de Oriente Medio y amigo personal del presidente Mubarak.

Una condena sospechosa

Como determinó la Fiscalía, Moustafa le pagó dos millones de dólares a Al-Sukkari para que asesinase a sangre fría a Tamim. ¿El motivo? Que el magnate había mantenido durante tres años una relación en secreto con la cantante, que ella quiso cortar cuando se mudó a Dubai. Moustafa no aceptó su decisión y acabó con su vida, a través de un intermediario. Moustafa fue despojado de todos sus privilegios políticos y, como Al-Sukkari, fue condenado por unanimidad del jurado a morir en la horca el 21 de mayo de 2009, menos de un año después del crimen. La ejecución debía producirse el 25 de agosto de aquel año... pero justamente el día anterior y de manera totalmente inesperada, se aceptaron las alegaciones interpuestas por su defensa y las penas fueron conmutadas por prisión. A Al-Sukkari le cayeron 28 años de prisión. A Moustafa, solamente quince.

El magnate no entró en prisión hasta 2010. En la cárcel, agredió e insultó a su cuñado durante una visita, después de que éste se metiera en una discusión entre Moustafa y su hermana. Sin embargo, su estancia no fue tan larga como el juzgado le había impuesto en un primer momento. En junio de 2017, menos de siete años después de su ingreso, salió de prisión tras recibir un indulto presidencial. Menos de un año después, su empresa, TMG, sigue reportando grandes beneficios a Egipto. Pese a los múltiples indicios y su condena, ni Moustafa ni Al-Sukkari han reconocido nunca su implicación en el asesinato de Tamim.