ES NOTICIA EN ABC

Dolores Redondo: «Algún lector integrista de “El guardián invisible” se decepcionará con la película»

La última Premio Planeta analiza para ABC la adaptación de su novela realizada por el director Fernando González Molina

Dolores Redondo, recogiendo el Premio Planeta, en octubre
Dolores Redondo, recogiendo el Premio Planeta, en octubre - AFP
Actualizado
Enviar noticia por correo electrónico

El único acompañante que tuvo Dolores Redondo la primera vez que vio «El guardián invisible», dirigida por Fernando González Molina, fue el proyeccionista de una de las «enormes» salas del cine Texas de Barcelona. «Así es como quería verla, yo sola, sin la más mínima distracción, para ver qué sensaciones me transmitía», cuenta a ABC la última Premio Planeta con «Todo esto te daré» y autora de la trilogía del Baztán, ese fenómeno literario que ya ha superado con creces el millón de ejemplares vendidos en más de treinta países. Y recuerda que, nada más acabar la película, no pudo reprimir el impulso de ponerse a aplaudir, aunque no hubiera nadie escuchándola. «Me gustó mucho y quise rendir una especie de homenaje a todas las personas que han hecho posible esta adaptación. La parte creativa del mundo literario se limita solo al autor y yo me acordé de las más de 200 personas que vi trabajando con entusiasmo en el rodaje, el primero al que iba en mi vida», asegura la novelista navarra.

[ABC, en el rodaje: cine negro en las entrañas de Elizondo]

El esperado thriller llega por fin a los cines este viernes, con Marta Etura en el papel de la inspectora Amaia Salazar, la protagonista, y un más que previsible éxito de taquilla arrastrado por la legión de seguidores de la saga literaria que se espera que acudan a los cines españoles.

Cartel de la película de «El guardián invisible»
Cartel de la película de «El guardián invisible»- ABC

—¿Qué sensaciones concretas le transmitió la película cuando la vio en Barcelona?

—Como autora de la novela, tuve la sensación de que era muy fiel a lo que yo escribí, excepto por los cambios necesarios para dotar a la película de acción. En muchas escenas consiguió transmitirme las mismas sensaciones de miedo, sorpresa y conmoción que yo había experimentado al escribirlas. Fue gratificante volver a asustarme con lo que yo había creado hace tiempo, pues en imágenes también resultaba bestial, muy directo y conmovedor.

—La vio la semana pasada por segunda vez en un estreno muy especial en Pamplona para alrededor de 1.500 personas. ¿Descubrió algo nuevo?

—No hubo más sorpresas, pero fue una pasada porque pude observar en los espectadores las mismas reacciones y suspiros que yo había experimentado la primera vez. Fue muy satisfactorio sentir que la película les llegaba igual que la novela.

—En alguna ocasión ha dicho que el lenguaje de su novela es muy cinematográfico. Cuando la escribía, ¿tenía en mente alguna película?

—No mientras la escribía, pero recuerdo que Fernando, en una de las primeras veces que nos vimos, me pidió que le dijera tres películas que recogieran elementos que yo utilizaría para esta adaptación. Escogí «Seven», «Obaba» y una una de mis películas favoritas, «El cuervo». Podía haberle nombrado también algunas de «Batman», con esa ciudad de Gotham tan oscura en la que llovía constantemente.

—¿No tuvo la sensación, por cierto, de que en el filme llovía demasiado?

—La acción transcurre en una semana del valle del Baztán, donde seis días lloviendo a mansalva es de lo más cotidiano.

—Peter Nadermann le compró los derechos de «El guardián invisible» incluso antes de que se publicara. Si la oferta le hubiera llegado ahora, con más de un millón de ejemplares vendidos, ¿su respuesta habría cambiado?

—Ahora se los habría vendido un poquito más caros, pero como te puedes imaginar, en ese momento no había publicado ni una novela y era una autora desconocida. Al interesarse un productor tan famoso como Peter Nadermann, con «Milenium» a sus espaldas, prácticamente se los regalé encantada para que hiciera la película. Otra cosa que me habría garantizado es una participación más activa en el asesoramiento de la película, ya que Fernando podría haberme excluido tranquilamente. He tenido la inmensa suerte de que él fuera fan de la novela y de que me haya tenido cerca dejándome participar.

—¿También le ha vendido los derechos de «Todo esto te daré» a Peter Nadermann?

—Se llevará al cine, pero de momento este dato me lo voy a reservar, porque aún estamos decidiendo cosas.

—¿Convertirse en una autora cinematográfica no es algo que le disguste?

—Me encanta. La literatura y el cine son dos artes cuyo feliz encuentro ha dado películas magníficas. A mí me encantan las adaptaciones de novelas realizadas por directores que están comprometidos con la historia. Esto puede fallar cuando se trata de un encargo y no hay pasión, pero Fernando descubrió el libro él solo en un aeropuerto, se enamoró de él y llamó a todo el mundo para dirigirlo. Eso es impagable.

Tráiler de «El guardián invisible»- ABC

—¿Qué condiciones tendrían que darse para que no cediera los derechos de una de sus novelas?

—Que viese un interés puramente comercial, con un sentido más mercenario. Pero esto no va a ocurrir porque siempre intentaré que el libro se respete y que las personas que se involucren en la adaptación estén comprometidas al máximo. De todas formas, soy consciente de que la industria del cine está para ganar dinero y que «Legado en los huesos» y «Ofrenda a la Tormenta» se adaptarán siempre que «El guardián invisible» funcione en taquilla. El arte también tiene que producir beneficios, porque en el rodaje había más de 200 personas cuyas familias tienen que tener un plato de garbanzos.

—A una escritora de thrillers como usted, ¿le gustan las películas que se están rodando dentro de este género de moda en España?

—Me gustan, pero yo tengo más influencia del cine americano, inglés o nórdico. El tipo de planteamiento de mis historias no tienen tanto que ver con ese cine negro más sórdido, de bajos fondos, que se hace en España.

—Contaba Fernando que su máxima preocupación era que el personaje de Amaia Salazar fuera fiel al que usted había creado. ¿Por qué?

—Como en casi todas las novelas policiacas, Amaia también es una detective a la que le han encargado un caso. Sin embargo, en «El guardián invisible» el lector pronto descubre que el caso está relacionado con su propia familia y con una serie de dolorosos recuerdos que tendrá que desentrañar al mismo tiempo que investiga los asesinatos. Por eso era importante que la protagonista fuera fiel a alguien que regresa a su Elizondo natal marcado por cosas tan terribles como las que le ocurrieron a la protagonista en su infancia.

—¿En qué escena reconoció más a la Amaia Salazar del libro?

—En una que, curiosamente, no está en el libro tal y como la muestra Fernando en la película: cuando Amaia tiene que retirarse de la investigación y, al salir de la comisaría, ve a un perro flotando en el agua y se rompe a llorar desesperada. Dura un instante, pero muestra toda la humanidad de la protagonista.

—¿Cree que Fernando ha logrado el equilibrio entre la parte policial y la parte personal de Amaia?

—Sí, me siento satisfecha, salvando las distancias. Pero yo siempre voy a recomendar al espectador que se vaya a la novela, porque recibirá una información más profunda y más historias paralelas que complementan a la principal, las cuales no cupieron en la película.

—En ese sentido, una de esas partes más complicadas sería incluir toda esa introspección que Amaia Salazar realiza en la novela.

—Sí, esa es la gran diferencia de la imagen con la lectura, pues esta última te permite meterte dentro de la cabeza del personaje, mientras que en la película ha de ser Marta Etura la que con su interpretación lo manifieste. Creo que lo consigue.

—¿Qué licencias se ha tomado Fernando González Molina en la película que le hayan sorprendido?

—Algunas son dolorosas para mí, como quitarle peso a ciertos personajes secundarios, cuyas vivencias aportan profundidad a la historia principal. Por ejemplo, a los policías de Baztán y a los padres y amigos de las víctimas con todos sus relatos. También la mitología, que se ha acotado al Basajaun, dejando fuera a la diosa Mari, que cuida de las cosechas y de la fertilidad. Me ha dado mucha pena, pero claro, todo eso iba a costar muchísimo explicarlo en el filme.

Portada del libro de «El guardián invisible»
Portada del libro de «El guardián invisible»- ABC

—Supongo que no le importa que se cambien cosas mientras se transmita lo mismo.

—Exacto. Eso es algo que intenté que Fernando entendiera desde el principio. Tenía miedo de que, al hacerle alguna sugerencia, surgiera esa tontería de que los autores nunca quieren que se cambie nada de su novela y de que es mejor que no estén cerca del rodaje. Yo al director le decía: «Te voy a hacer una sugerencia, pero cambia lo que quieras». Solo quería que todo cuadrara en la historia aunque hubiese cambios, por respeto a los lectores y los espectadores.

—¿Qué experiencia cree que es más completa para introducirse en la historia de «El guardián invisible»?

—Creo que la novela tiene un universo infinitamente más extenso que el de la película, pero es muy difícil para mí contestar a eso, porque soy Dolores Redondo y esa historia creció dentro de mí durante años, a base, incluso, de compromisos personales con mi propia familia, con mi tierra o con la víctima del caso real que inspiró la historia de la novela.

—¿Cree que algún lector se decepcionará con la película?

—Sí, por supuesto, porque siempre hay un tipo de lector más integrista que solo quiera la novela tal y como se escribió. Se quejará de que Amaia en el libro es rubia y en la película morena, entre otros cambios, porque en su cabeza ha proyectado el libro de una manera tan poderosa que es imposible que acepte otra interpretación. Pero esos también son mis amados lectores y les respeto muchísimo. Que no se preocupen, que Amaia volverá.

—¿Va a estar más implicada en la segunda y tercera película de la trilogía?

—Me temo que sí, porque me lo ha pedido Fernando y no le voy a decir que no. En la primera me he sentido muy bien y estoy encantada de ofrecerle todo lo que necesite. Como si me dice que tome más distancia… lo que él quiera.