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Denzel Washington: «Debes saber el precio que estás dispuesto a pagar para tener éxito»

El actor estrena este viernes «The Equalizer 2», secuela de su última película de acción que rueda de la mano de su amigo Antoine Fuqua, con quién ganó el Oscar por «Training Day»

Denzel Washington en su visita a Madrid este martes - Jaime García
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En el interior de Denzel Washington (Nueva York, 1954) parecen habitar varias personalidades. En apenas unos minutos de entrevista se presenta como el encantador actor que suelta una broma al periodista para romper el hielo, la estrella que responde con monosílabos cuando no le interesa y el activista que presume de su labor social. Todo confluye en uno de los intérpretes más peculiares de su generación. Nominado a ocho Oscar –ganó dos, por «Fences» y «Training Day»–, alterna el cine más complejo con películas de acción donde el mayor reto es no romperse un hueso. Pero siempre busca un rincón, un pliegue donde rebelarse como un artista desbocado e ingobernable. Quizá por eso, en sus mejores papeles de las más de 50 películas que ha rodado da vida a hombres corrientes con un trasfondo de héroe. Eso sí, un héroe «a la americana»: Individualistas, autónomos, que se alzan contra el poder… Del padre coraje de «John Q.» al abogado de «Philadelphia» o al conductor del «Asalto al tren Pelham 123», sin olvidar otros «justicieros» menos loables, como en «Training Day» o «El fuego de la venganza».

Ayer en Madrid presentó «The Equalizer 2», donde se mete en la piel de uno de esos «vengadores» con mejor fondo que formas. La película, que se estrena este viernes, es la primera secuela que filma Washington en sus 39 años de carrera. Su personaje poco ha evolucionado desde el filme de 2012, y sigue tomándose la justicia por su mano en cuanto encuentra una causa «honesta y respetable» con la que comenzar su baile de puñetazos.

«No estoy de acuerdo en hacer lo que él hace», justifica Denzel Washington sobre actuar al margen de la sociedad para hacer «lo correcto». «Lo que tenemos que hacer es respetarnos unos a otros, porque si solo defendemos lo nuestro sería un caos. Debemos respetar las opiniones de los demás y sus ideas. Por eso vamos al cine, hay cosas que desearías hacer y no puedes», asegura con la lógica de quién distingue la ficción de la realidad. Eso sí, en cuanto vuelve a hablar de su personaje toda lógica desaparece: «En el caso de esta película, los malos, las personas a las que persigo, han decidido que están seguros de lo que quieren hacer pese a que está mal». Y, claro, los tiene que «liquidar», dice con esa enorme sonrisa que ya es parte de su identidad en pantalla.

Para los amantes de la saga y del personaje Robert McCall, contar que en esta ocasión el «Equalizer» –que tiene un reloj con el que ralentiza el tiempo en cada pelea– debe vengar la muerte de su excompañera en la CIA. Entre medias, trabaja como taxista para sobreponerse al final dramático de la primera entrega y aprovecha para escuchar a sus clientes, a los que ayuda en misión de incógnito.

Vida a la carrera

Denzel Washington es grande, muy grande. Y no solo como intérprete. Con su 1,85 metros de altura parece ocupar el espacio vital de tres personas. En el set de entrevistas parece un elefante enjaulado, incómodo y moviendo enérgico sus pies vestidos con unas enormes playeras blancas que desentonan con el elegante traje de chaqueta que luce. No es fácil la vida de promoción para una estrella. Llegó a Madrid el lunes, casi de madrugada, junto con el director Antoine Fuqua. Ayer estuvo toda la mañana atendiendo a la prensa rodeado de empleados que cronometraban el tiempo de las entrevistas como si fuera la final de los 100 metros lisos. Por la tarde, tras comer en el restaurante asiático del mismo hotel de donde no se movieron en toda la mañana, se marcharon al aeropuerto para repetir agenda en otra ciudad europea. Cualquiera, porque en realidad, aseguran los que les atienden en Madrid, no son conscientes de en qué ciudad duermen cuando están de gira de promoción. Aunque no todos los actores son así. Hace unos meses, Ryan Gosling y Harrison Ford hicieron la misma ruta que Washington y Fuqua. Fue en la presentación de «Blade Runner 2049», solo que tras hablar con los periodistas fueron al Landó a probar la gastronomía de España y después pasaron la tarde en el Reina Sofía para ver de primera mano el Guernica.

Estaban advertidos los periodistas de que Washington no era el más amable de los actores en su trato con la prensa. Todos recuerdan una reprimenda contra una reportera en mitad de una alfombra roja a cuenta de los «fakes-news» y la desinformación. Un discurso que paradójicamente se hizo viral mientras criticaba la viralidad y que todavía saca una sonrisa a su protagonistas. «Sabes, cada uno puede elegir en qué bando estás, si eres parte de la solución o del problema. Puedes obrar bien o mal. Lo importante es saber el precio que estás dispuesto a pagar para tener éxito. Todos tenemos responsabilidades si trabajamos en la comunicación o en la información, tu y yo lo hacemos. Los jóvenes ahora mismo están saturados de información. Hay demasiada información, es un bombardeo continuo, no hay tiempo para digerir todo lo que nos llega ni discernir lo que importa. Al final del día acabas loco y no sabes ni por qué», analiza como un profesional.

Ejemplo e inspiración

Cuenta Denzel Washington con orgullo que en los últimos años ha tratado de ser una referencia para los más jóvenes. «Intento ser un buen ejemplo siempre, no solo para la comunidad afroamericana. No puedo ser portavoz ni definir cómo deberíamos comportarnos, pero soy consciente de que la gente me ve», advierte sobre su figura pública tras preguntarle por la relación de protector que tienen en el filme con un joven pandillero.

Es precisamente con este personaje donde completa una escena que destaca sobre todas las demás porque Washington por fin, además de soltar puñetazos, da una lección de interpretación. Es, cuenta, un diálogo que improvisó en medio del set. Un momento con ecos del «You talkin’ to me» de De Niro en «Taxi Driver». Aquí también, pistola en mano, se enfrenta a su reflejo, solo que esta vez no está en el espejo sino que es un joven afroamericano del gueto. «Este chico no sabe lo que está haciendo ni dónde se está metiendo. Ni sabe lo que es la muerte ni matar. He visto muchas veces esa expresión en la cara de algunos jovencitos, esa cara de que ya es demasiado tarde. No le asesoraron bien, cometió un error y mató a una persona. Y se encuentran con que van a pasar el resto de su vida entre rejas. Es un discurso de amor de padre», explica a ABCsobre la escena.