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Dakota Johnson necesitó ayuda psicológica tras rodar «Suspiria»: «Fue un aquelarre con brujas de verdad»

La protagonista del remake de Luca Guadagnino confiesa a ABC los sacrifios de un rodaje cargado de complejidades

Escena de baile en Suspiria, un verdadero aquellare posmoderno
Escena de baile en Suspiria, un verdadero aquellare posmoderno
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Las brujas del siglo XXI de Luca Guadagnino desorientan tanto como las de Dario Argento de 1977, aunque de la Blancanieves del primero a la versión pop gore del segundo hay mucho más que cuatro décadas de distancia. Cuenta Guadagnino a ABC que su sueño con este «remake» de Suspiria era experimentar con otra realidad, hermética y desconocida, de estas hechiceras hechizadas en su propia escuela con un código moral que retrata su pasión e imaginación.

Porque «Suspiria» es un sueño. Primero fue el sueño opiáceo del libro de Thomas DeQuincey y, después, en 1977, Darío Argento lo transformó en un clásico del terror, para muchos críticos la mejor del género. Luca Guadanino, admirador de su compatriota, transforma ahora la historia a los parámetros «millennials». Allí donde el demonio de Argento se afianzaba en los detalles profundos, en Guadagnino se consume en titulares sin profundidad. Si una es reconocida por «lo de dentro», la nueva llega cargada de polémica externa por su brutalidad y por las acusaciones de plagio -la familia de la artista Ana Mendieta demandó a los productores por utilizar sin permiso sus trabajos-. «Solo puedo decir que el tiempo demostrará la verdad», explica a ABC el director del filme. El realizador, que el año pasado estuvo nominado al Oscar por «Call me by your name», defiende que este filme es un sueño de 20 años. Un homenaje al arte feminista. «Las brujas son brujas porque alguien ajeno a ellas decide que lo sean. Eran mujeres que no seguían las directrices del sistema patriarcal. Me interesaba mostrar el poder de esas brujas decididas a separarse de la mirada masculina», reveló el cineasta, de 47 años.

En esta revisión del clásico la protagonista vuelve a ser Susie, esta vez interpretada por Dakota Johnson, una bailarina que viaja a Berlín, a la academia de la poderosa Helena Markos (Tilda Swinton) justo el día después de la desaparición de otra estudiante. La espiral delirante se hace incontrolable cargada de escenas imaginativas, algunas sádicas y otras gráficas hasta la náusea. «La cinta retrata conceptos imprescindibles: el poder de las mujeres, el número de ellas que existen dentro de una mujer, la conciencia colectiva… Como mujer, me siento de miles de formas distintas en un solo día. Creo que Luca entiende la complejidad femenina y muestra, desde el ocultismo y la oscuridad, situaciones políticas complicadas», relata Dakota Johnson, que asegura que el rodaje fue tan complejo que tuvo que buscar ayuda psicológica. «Fue muy intenso y sí, cuando volví a casa necesité terapia».

Agobio y tensión

Desde el primer tráiler quedó claro que la estética de la película estaría muy lejos del terror escarlata del original. El color se ha drenado, embarrado y es monocromático. «Rodamos en lo alto de una montaña, lejos del mundo. En un paraje aislado al norte de Italia. Vivir a diario en aquellos pasillos fue algo extraordinario. No hubo límites en nuestro trabajo y eso me obligó a recuperarme después», admite Dakota.

Suspiria se adapta al Berlín de 1977, cuando el muro seguía en pie y el legado de la guerra se podía ver en los edificios de la ciudad y en las caras de sus ciudadanos. Reubicar la historia en ese lugar dividido hace que Guadagnino renuncie a la pureza del misterio de Argento en favor de una historia metafórica sobre la división y la tiranía del pasado. «Cuando estábamos filmando, Trump fue elegido presidente y sentí que estaba en otro planeta. Lo veía desde otro punto del mundo y me preguntaba: ¿qué está pasando en mi casa? Fue aterrador, pero útil. Me sentí secuestrada en un lugar donde pude canalizar sentimientos encontrados que utilicé en mi personaje. Fue como un aquelarre real. Hubo algunas cosas de brujas reales», sentencia Dakota, hija de Melanie Griffith.

«Los desnudos no me asustan»

La trama de la película sigue siendo en gran medida la misma que la original, al menos para empezar. Susie Bannion (Johnson) llega a Berlín Occidental desde la zona rural de Ohio para asistir a la prestigiosa Academia de Danza Markos, bajo la tutela de la estimada coreógrafa Madame Blanc (Tilda Swinton). Toda la charla es sobre una estudiante, Patricia (Chloë Grace Moretz), quien inexplicablemente desapareció antes de la llegada de Susie, aunque la vemos delirando a su psicoterapeuta, el Dr. Josef Klemperer (también Tilda Swinton, acreditada como Lutz Ebersdorf) . «Sinceramente, creo que Luca ha hecho una versión magnifica de esta historia», dice Dakota, admirando el trabajo del realizador.

La protagonista de «50 Sombras de Grey» vuelve a desnudarse en un filme donde los rituales y las victimas se suceden. «Puedo confesarte con seguridad en este momento de mi carrera que los desnudos no me asustan». La danza es parte de un filme de una manera que nunca estuvo en el original, el conducto del poder de las brujas. «El uso de Luca de la danza para contar parte de la historia y conjurar hechizos es un aspecto muy poderoso. Diría que hasta emocionante. Pensé en el clima político en 1977, cuando se estableció la película, fue importante para establecer el tono y la energía que rodea a los protagonistas. Para mí, fue muy duro porque tuve que aprender mucho, ejercitarme. Piensa que el 90 por ciento de las escenas de ballet son reales», confiesa Dakota.

Si bien muchas de sus escenas son imaginativas, algunas sádicas y otras gráficas hasta la nausea, ver y oír, a los personajes de dentro hacia afuera para generar horror parece la ruta fácil como lo atestiguan las decenas de películas que lo hacen en estos días. «Fuera de los muros de la academia la vida es aun más difícil», sentencia la actriz