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Custodia compartida: «Las decisiones de un juez pueden llevar a situaciones terroríficas»

El cineasta Xavier Legrand estrena «Custodia compartida», un filme que ahonda en el terror que provoca la violencia de género

Escena del filme Custodia compartida
Escena del filme Custodia compartida
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«Jusqu’à la garde» es una expresión francesa de origen militar que significa «clavar hasta la empuñadura». En el ámbito civil se usa cuando quieres «hundir hasta el fondo» a otra persona. «Jusqu’à la garde» también es el título original de «Custodia compartida», que se estrena hoy y dota de sentido a las intenciones de una de las partes del (ex) matrimonio protagonista.

Todo comienza en una de esas salas de conciliación donde el juez determina el futuro de los hijos tras un divorcio. En esos despachos se pasó una semana el director Xavier Legrand como si de un mueble se tratara. Inmóvil, impasible. Tomaba notas sobre los dramas que se cerraban o abrían ante sus ojos. Y de ahí apuntó una frase que llevó al guion de manera literal y que resume el arranque del filme: «Aquí estamos para ver quién miente más de los dos». «Para mí, en ese arranque de la historia era primordial mostrar que se toman decisiones basadas en pruebas físicas, pero la violencia en el hogar es difícil probar y la manipulación lo es todavía más...», relata el joven cineasta, de visita en Madrid.

En la segunda parte del filme todo cambia. El espectador descubre la historia a través de los ojos del niño. Y la violencia, antes narrada mediante la lectura de atestados o testimonios, se hace visible. Se respira y se siente. La pequeña víctima ve cómo el marido no soporta la nueva situación y cómo le utiliza para hostigar a la mujer. «Ahí quería hablar de la violencia de género de una forma frontal y brutal, y rasgar la tela de pudor que lo suele tapar», desgrana el cineasta francés. «Es un tema tabú. Los niños son víctimas olvidadas. Se habla de violencia conyugal, de género, en el hogar... pero casi nunca se habla de ellos. La pareja se ha separado y usan al niño para destruirse “hasta el fondo”», cuenta Xavier Legrand.

Polémico tema

Al final del filme, lo que el cineasta plantea es una película de terror -incluso con escenas que parecen sacadas de «Un lugar tranquilo»- y lanza su alegato sobre los problemas que para él tiene este sistema de custodia. Más allá de las polémicas, el francés reincide en la visión del niño y su dolor: «En el cine no se suele mostrar este tema porque no es agradable. Todos fuimos niños y todos vivimos situaciones complicadas en el hogar, por eso la película conmueve, porque toma su punto de vista y nos zarandea».

El caso que narra el filme nace de una compilación de historias que el propio cineasta documentó. «Detecté algo en todas las mujeres que me contaron su historia: no son como uno se imagina, o como las ve en las películas. No son mujeres temblando y llorando. Claro que tienen miedo, mucho, pero no lo muestran. Llevan una máscara y se obligan a ser fuertes para aguantar», explica.

El director del filme habla del «lobby» que para él existe en Francia de los padres a favor de la custodia compartida (en España, la custodia compartida se otorga en el 28,3% de los divorcios y separaciones. Según los abogados de familia y expertos del tema, «La custodia compartida debe pasar de la excepcionalidad a la regla general»). Pese a todo, Xavier Legrand defiende la tesis de su filme: «Las mujeres con las que hablé me contaban escenas de terror, y no podía edulcolaras porque las decisiones de un juez pueden llevar a situaciones terroríficas. Lo interesante en el cine era partir de la banalidad hasta llegar al espanto más absoluto. Empezamos en un despacho de la jueza y acabamos en una bañera en medio de un ataque violento», resume el director francés.