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Cuando los Beatles salvaron el cine británico

El documental «An Accidental Studio» narra el fascinante origen de la productora que fundó George Harrison en 1978

Sean Penn y Madonna escoltados por George Harrison en «Shanghai Surprise», que produjo el exBeatle.
Sean Penn y Madonna escoltados por George Harrison en «Shanghai Surprise», que produjo el exBeatle. - An Accidental Studio
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En 1969, los Beatles subieron a la terraza de Apple Corps para grabar el que sería su último concierto. Un año después, el documental «Let It Be» recogía los preparativos de la banda hasta llegar a la azotea. Esos cuatro jóvenes con nombres de obreros de Liverpool -George, Paul, John y Richard- se volvieron más famosos que Jesús no solo gracias al poder de la música, también al de la imagen. Desde 1964 hasta 1970, Los Beatles protagonizaron «Qué noche la de aquel día», «Help!», «Magical Mystery Tour» y «Yellow Submarine». El cine y la televisión fueron el espejo en el que los jóvenes del mundo se miraron para ser como los Fab Four.

«En Liverpool íbamos a ver películas de Elvis y de otros. Todo el mundo hacía cola para ver sus películas, y yo también. Todos gritaban cuando Elvis aparecía en pantalla, así que pensé: esto del cine está bien, me gusta», contaba John Lennon en una entrevista en 1970. Así que decidieron formar parte de un negocio que siempre les acompañó. Todo empezó en noviembre de 1963, apenas un año después de que «Love Me Do» se colara en las listas de los singles más vendidos. Fue directamente la productora United Artist la que contactó con el representante de los de Liverpool, Brian Epstein, ofreciendo a los Beatles repetir la fórmula de Elvis: protagonizar un filme en el que la historia se entremezclara con sus canciones. Era un negocio redondo: la productora rodaba una película baratísima que vendería entradas en todo el planeta, la discográfica pondría las canciones de sus muchachos en el mejor escaparate, y el representante se quedaba con un 7 por ciento de los ingresos. Los que menos se llevaban eran los propios Beatles, por entonces veinteañeros que bastante tenían con escapar de las enloquecidas fans.

Un placer grupal

Aquella primera vez en el cine sembró una semilla que germinó en los cuatro amigos. Pero como su música y su propia amistad, cada uno tomó un camino diferente. John Lennon filmó varios experimentos vanguardistas de mano de Yoko Ono; Paul McCartney escribió, produjo y llegó a protagonizar sus propias películas, como «Recuerdos a Broad Street»; incluso Ringo trató de hacer carrera como actor, aunque sin éxito. Pero su paso por el cine es intrascendente comparado con su carrera musical. Salvo en el caso de George Harrison, quién salvó la industria cinematográfica británica. Y no es una exageración. En 1978, ocho años después del final de los Beatles, fundó HandMade Films, la productora que volvió a llevar a los cines al público inglés durante los primeros años de los ochenta. Por aquel entonces, la media de entradas compradas por persona al año estaba en 0,4, cuando había sido de once. «En los años 80, la cosa estaba muy negra», explica un analista en «An Accidental Studio», el documental que narra cómo la mano de Harrison cambió la manera de operar de la industria en su país.

En ese tiempo hicieron docenas de películas, casi todas comedias, que tienen un factor común: el exBeatle jamás se leyó un guion, se la jugaba según la confianza que le transmitía el proyecto. Comedias, algún thriller y tan solo un tropiezo, el de «Shanghai Surprise», la cinta con Sean Penn y Madona que terminó por arruinar el sueño de una gran productora bajo el sello de George Harrison. Un sueño que solo duró diez años.