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Crítica de «Superlópez»: Superhéroe marca España

Ni el menor rastro de Marvel en esta historia de superhéroe con bigote pensada y hecha con el único objetivo de divertir al espectador

Dani Rovira en «Superlópez»
Dani Rovira en «Superlópez»
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Ni el menor rastro de Marvel en esta historia de superhéroe con bigote pensada y hecha con el único objetivo de divertir al espectador. Aunque nadie se divertirá tanto (es una sospecha) como los guionistas, Borja Cobeaga y Diego San José, al rescribir el célebre personaje de tebeo creado por Jan, ni como el director, Javier Ruiz Caldera, al filmar con colores vivos y espíritu retro la personalidad de ese Juan López, algo así como la Cara B de un Supermán de periferia cuyo único lado oscuro es que no consigue rellenar el traje ni con su afición al cruasán mañanero.

La película es un constante guiño socarrón al superhéroe por excelencia: llegó de bebé bigotudo desde el planeta Chitón, lo recoge –cerca de Lérida- el matrimonio López, infancia complicada con esos superpoderes y ese bigote, gris oficinista y con una novia que se llama Luisa Lanas… No es que todo esto tenga un tono paródico, es que es una completa rechufla, y que además tiene como protagonista a Dani Rovira, que es la viva encarnación de la rechufla. Es un parecido trabajo de cutrespañolización y caricatura que el que hicieron Javier Aguiirre y Tony Leblanc en “El astronauta”. El modelo es un cruce surrealista entre el sainete, el esperpento y la chirigota sobre un asunto serio (Superman) que ha perdido por completo cualquier atisbo de sensatez. Quizá se le podría haber encontrado algo más de sustancia a la “aventura”, pues su enfrentamiento a las fuerzas del mal (y las propias fuerzas del mal: ¡Maribel Verdú, chitonera malvada!) tiene más vuelo de gallinácea que de superhéroe, pero uno deduce que no está ahí para sorprenderse con los poderes extraplanetarios de Superlópez, sino con su relación con “el curro”, el superjefe, con sus “padres”, tan graciosos Pedro Casablanc y Gracia Olayo, con su novia Alexandra Jiménez y con la sociedad que le rodea, o sea, nosotros, tan contentos con el superlopismo.