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«Cold War», un «La la land» a la europea

Pawel Pawlikowski, que ganó el Oscar con «Ida», regresa con una historia de amor inabarcable

Escena de Cold War - Vídeo: Vea el tráiler de 'Cold War'
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La honda sensibilidad con la que Pawel Pawlikowski aborda todo en «Cold War» -el amor, las raíces, la identidad, el destino, la música, la cultura, el comunismo, la incompatibilidad, la lealtad... La vida entera- se resume en una frase tan precisa como los 88 minutos que dura el filme: «Yo no me hubiera ido sin ti», le dice una parte de la pareja a la otra, y ese amor maldito pero real que ambos protagonizan con la guerra fría de fondo se traslada al presente, cualquiera, y resuena a un futuro que todos alguna vez imaginaron.

El argumento es tan sencillo como la historia de dos personas enamoradas. El resto, las teclas que toca y cómo las toca el director polaco, se resume en las cinco estrellas que Oti Rodríguez Marchante da a una película por primera vez en años. Así que quizá sea más sencillo acercarse a «Cold War» a través de la figura de Pawel Pawlikowski, un creador que rueda en blanco y negro (ya lo hizo en «Ida», con la que ganó el Oscar a mejor película extranjera) pero que deslumbra en las distancias cortas, con un discurso brillante que le hizo destacar entre todos los que pasaron por el festival de San Sebastián.

«Hay algo de esta historia que observé en mis padres. Cuando estás muy cansado para seguir peleando, no hay nadie en todo el mundo que te pueda entender mejor que él o ella», reconoce sobre una película que termina con una sencilla dedicatoria a sus progenitores. «Es ese tipo de amor que encuentras al final del camino, especialmente si has estado en el extranjero y rodeado por extraños todo el tiempo. Puede que tengas amantes, nuevos amigos... Pero al final queda esa única persona, la que te conoce y te quiere en todos los sentidos. Y entonces te aceptas y abandonas este mundo», recalca un director que, pese a la complejidad de su cine de autor europeo, mantiene una sencillez bastante curiosa. Amigo personal de Alfonso Cuarón, está casado con la supermodelo Małgorzata Bela y disfruta como un aficionado fiel los partidos del Atlético de Madrid.

«Ninguna sociedad ayuda al amor. No digo que el amor de esta pareja se frustre por el comunismo o por el exilio, también es el problema de ellos. Están rotos. La gente que demanda lo absoluto del amor siempre siempre acabarán frustrados y otras veces se sentirán ridículos», reflexiona el cineasta sobre esta historia de amor infinita.

El título de guerra fría remite a un contexto de conflicto larvado y encierro permanente. Pero los protagonistas no viven detrás de un muro, no al menos físico. De hecho, la salida de la URSS la hacen simple: él cruza del este al oeste de Berlín caminando antes de que los comunistas levantaran el telón de acero y ella con todos los papeles en regla. Lo difícil, a diferencia de otras películas, es el retorno a sus raíces en una tierra usurpada por los soviéticos. Otra imagen de Pawlikowski entre el amor y la circunstancia que lo rodea.

Las capas de Pawlikowski

En esa dualidad entre lo superficial y lo profundo se maneja el cineasta. Así es su cine, cargado de capas donde cada uno llega hasta donde quiere o puede. «Meto todas las ideas que me gustan dentro de la historia, donde lo más importante es el viaje emocional de los personajes, y después trato de darle un orden pero no hablo de nada. No me gustan las películas que explican las cosas, en el cine explicar no funciona. Es decir, pongo todo dentro y luego lo oculto bajo un estilo muy simple y depende del público lo que saca de la historia. Algunos llegan a todas las capas, otros se quedan solo con la historia de amor, los que están obsesionados con la política solo ven eso; el público polaco se fija en el terror estalinista, otros ven a Dios, otros amarán la música... Para mí, una buena películas es como un espejo donde te ves a ti mismo y te descubres», defiende el creador.