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El cine de Dolan y Desplechin devuelve la calma que se llevó Tarantino

Presentadas en el Festival de Cannes «Matthias & Maxime» y «Roubaix, una lumière»

Xavier Dolan en el Festival de Cannes
Xavier Dolan en el Festival de Cannes - AFP
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El ciclón Tarantino pasó por Cannes dejándolo exhausto y el Festival preparó una jornada de calma tras la tormenta con un par de películas con aparente intrascendencia para el devenir de la competición. Aunque sus directores, Arnaud Desplechin y en especial Xavier Dolan, suelen provocar cierta agitación entre el personal festivalero.

El canadiense Xavier Dolan, apenas un treintañero, lleva ya una década con el amago de un gran golpe cinematográfico desde que inauguró su filmografía con la irritante «Yo maté a mi madre», pero hasta ahora todo han sido eso, amagos, y de la que ha presentado aquí, «Matthias & Maxime», se sale con la misma cara de circunstancias que de un régimen macrobiótico. La idea de la película es hablar de la relación de dos amigos desde niños y de su ambiente común, otros amigos y otras relaciones; es una idea quebrada, pues uno de ellos se va un par de años a Australia, y es también una idea afilada cuando participan accidentalmente en el rodaje de un corto universitario y tienen una escena en la que han de besarse.

Y aquí es cuando aparece el afilador, Xavier Dolan (también protagonista), para llenar de sugerencias, sensibilidades, sutilezas y asperezas con el cambio que se opera en ellos tras ese beso fortuito. No está nada claro que todo ese asunto aporte grandes ideas a esa época de cambios trascendentales (cuál, en el fondo, no lo es) en el paso de la juventud a la madurez, y a falta de ideas lo que sí propone es un retrato (uno más) generacional de jóvenes dudosos, a medio hacer, con apenas certezas ni siquiera en las cuestiones más básicas. Vaya usted a saber lo que opina el jurado de una película como ésta, pero uno la coloca en la sección de las de ni fu ni fa.

La del francés Desplechin, que tiene el exótico título de «Roubaix, une lumière (Oh Mercy!)», era un policíaco situado en la localidad de Roubaix, en la región de Alta Francia, y de lo que habla es del departamento de policía del municipio, que tiene una actividad parecida a la de aquel Chicago de los años 20, y el protagonista es el jefe, que interpreta el actor francés de origen norteafricano Roschdy Zem, con un corte de cara y una entereza que no hubieran desentonado en el equipo de Eliott Ness. Hay mucho «venga vamos» y mucho caso suelto que nos describen el operativo policial, pero se acaba centrando en un asesinato, el de una anciana, y en las dos jóvenes sospechosas de cometerlo, una de las cuales es esa actriz de marco de puerta que es Léa Seydoux. El solomillo de la película son los interrogatorios, tan minuciosos, tan de persecución y celada como uno de esos viejos documentales de lobos de la 2. Muy entretenida y útil para apuntalar ese dicho de que la policía no es tonta.