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Dunkerque Christopher Nolan: «Mi abuelo murió en Dunkerque, crecí con su historia»

El cineasta británico recupera una de las historias menos conocidas de la Segunda Guerra Mundial en su debut en el cine bélico

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Al ritmo de las manecillas del reloj, el cineasta Christopher Nolan (Londres, 1970) firma su primera película bélica y la convierte en una obra maestra. La estructura triangular del tiempo, desde tierra, mar y aire, va pelando las identidades de los personajes protagonistas. La suya es una película de autor envasada en una narración para las masas, una genialidad filmada en película de 70 mm que la convierte en una experiencia visceral. Nolan ha desarrollado, a lo largo de su cine, un lenguaje fílmico que examina las representaciones del tiempo mientras reflexiona sobre la psicología humana. Su singular y subjetivo estilo muestra cada hilo narrativo desde diferentes puntos de vista. De fondo, prácticamente sin diálogo, como si se tratase de una película muda, la salvación de trescientos mil soldados aliados de las playas de Dunkerque. Churchill alentó al espíritu británico para convertir la derrota en una victoria, Nolan brinda su homenaje a ese espíritu. En el aeropuerto privado de Santa Mónica hablamos con un director que vuelve a revolucionar las reglas del juego cinematográfico.

—¿Cómo de personal fue este proyecto? ¿Sintió que tenía que hacerlo?

—Con cada película que hago tengo que sentirme personalmente conectado. Tal vez, en cierto sentido, me sentía un poco más atado a este filme porque es una historia con la que crecí. Mi abuelo murió navegando esas aguas, en esa batalla, crecí oyendo su historia y creo que para los británicos es muy personal. Realmente, lo que siento, es una gran responsabilidad. Pero también es un episodio bélico que necesitaba contarse y no se había hecho. Como cineasta fue una gran oportunidad.

Escena de la película Dunkerque
Escena de la película Dunkerque

—¿Cómo conceptualiza el paso del tiempo en la narración del filme?

—El tiempo es una herramienta muy interesante a utilizar por cualquier cineasta. Cualquier película tiene una relación interesante con el tiempo por cómo afecta a la audiencia. Lo que he querido hacer con esta historia es contrastar la elasticidad de las escalas del tiempo. Tienes en avión una hora para encontrarte en Dunkerque, y necesitaba hacer sentir esa hora, estrecharla de manera épica para mostrar quién es ese hombre. Por otro lado, están los chicos de la playa, que se esfuerzan por sobrevivir durante una semana, enfrentándose a momentos de absoluto terror, a la frustración y al aburrimiento. Quería distinguir cada hilo narrativo con su propio sentido del tiempo y tratar de intercambiarlos.

—¿Cree, como decía Churchill, que se sigue manteniendo el espíritu de Dunkerque en Inglaterra?

—El espíritu de Dunkerque es internacional, no pertenece solo a los británicos. La historia identifica un sentido particular de respuesta comunitaria ante unas circunstancias que uno encuentra una y otra vez en varias culturas alrededor del mundo. Ese es el aspecto optimista y esperanzador de la naturaleza humana, por eso podemos confiar en nosotros cuando nos encontramos en circunstancias dramáticas. Dunkerque es un ejemplo de la mejor respuesta que el ser humano tiene ante el terror.

—Ha dicho que de niño fantaseaba con ser piloto de aviación. ¿Se identifica con el personaje de Tom Hardy?

—Una de las grandes alegrías de un director es recrear las ambiciones y fantasías de la infancia. Un buen cineasta debe intentar recrear esa experiencia, pero, con la edad, nos vamos entumeciendo, nos cerramos a ese mundo de fantasía. A veces me veo recreando momentos de mi infancia cuando estoy construyendo el Batmobil o una escena de guerra. Hay algo muy elemental, primario, casi infantil, en el arte de hacer cine.

—Habló con Spielberg y Ron Howard para pedirles consejo sobre cómo manejar las cámaras Imax que ha utilizado para rodar. ¿Qué le dijeron?

—Steven me dijo que iba a ser una pesadilla, que estuviera preparado. Ron Howard me advirtió de que no grabara en el mar de noche porque no hay manera de iluminar esas escenas. Un consejo que me ahorró mucho tiempo y dinero. Grabábamos en aguas abiertas hasta el atardecer y las escenas de noche las rodábamos en un estudio, en un tanque preparado para ello.

Secuencia de Dunquerke, la última película de Christopher Nolan
Secuencia de Dunquerke, la última película de Christopher Nolan

—David Lynch y usted son capaces de narrar en pantalla la subjetividad con una riqueza difícil de conseguir en otro medio. ¿Es consciente de ese aspecto cuando crea la historia

—Intento no ser demasiado consciente de ello, prefiero no pensar en el estilo de fotografía. En este caso quería ser subjetivo a la hora de contar la historia, pero quería que el público tuviera un sentido cohesivo de la película y de los eventos en Dunkerque. Una de las razones por las que me gusta trabajar con Hoyte van Hoytema [director de fotografía] es porque tiene un estilo naturalista que deja hablar a la realidad que hay frente a la cámara. Yo me dejo guiar por el punto de vista del personaje que en ese momento aparece en pantalla.

—Esa es una forma de relacionarse con la audiencia...

—Sí, pero sin darles muchas especificaciones de cómo lo estoy haciendo. En tres dimensiones, no en dos.

—El personaje de Tom Hardy, cómo la música, siempre están en el aire..

—He crecido creyendo en los pilotos que combatieron en la Segunda Guerra Mundial. Ellos son mis héroes. Era importante para mí mantener esa presencia durante toda la película hasta abrazar la idea de desprender el suelo, como si fuera un pájaro en su propio mundo. Él pertenece al mundo de arriba. Hablé mucho con Tom sobre eso, sobre la idea de experimentar y aislarle con un punto de vista muy diferente desde el cielo. Él vive en otra realidad viendo lo que ocurre en la playa. He intentado enfatizar el personaje desde el aire.

—¿Son sus películas «anti-Netflix»?

—Mis películas no tienen en cuenta a Netflix ni en la más mínima expresión.

Fotograma de la película sobre la II Guerra Mundial, Dunkerque
Fotograma de la película sobre la II Guerra Mundial, Dunkerque

—¿Pensó en algún momento que al contratar a Harry Styles, y su fama, podría descarrilar el sentimiento de grupo creado por los otros actores?

—Yo no tenía familiaridad con el trabajo de Harry, ni con One Direction [grupo musical en el que participa Styles]. La verdad es que la película es una realidad diferente a la suya como músico, y su equipaje no afectó al rodaje. Mi trabajo es crear una comunidad donde todos se sientan iguales. No es muy distinto a lo que hice con David Bowie en «El truco final (El prestigio)», otro icono de la cultura pop. Me pareció que estaba muy bien para el personaje y su trabajo tiene una frescura remarcable.

Vea la entrevista con ABC